Profesor de la Universidad de Columbia y economista

Xavier Sala i Martín

 Ideas coloristas para la gris economía.

 "Europa será un parque de atracciones en el 2050"

 Sala i Martín ve como paralizadores del crecimiento económico español la "desidia emprendedora" y el "acartonado modelo de formación universitaria". 

Miércoles, 07 de Junio de 2006
 Le pregunto a Xavier Sala i Martín, al término de la conversación que sigue, quién es su mujer preferida. Él me contesta que su hija. ¿Cómo se llama?, inquiero. XVII, responde. Ante mi gesto de extrañeza me argumenta que su hija se llama así: XVII (17), porque en Estados Unidos no es legal registrar números como nombres propios y lo tuvo que hacer con números romanos. No sabemos si su hija seguirá los pasos de su padre, acérrimo impulsor del neo-liberalismo económico; tampoco sabemos cómo la llamarán en la consulta del médico… Lo que sí sabemos a pies juntillas, es que Sala i Martín no es popular por casualidad. Lleva años dinamitando tópicos y reglas, y provocando arcadas a Victorio & Lucchino. Ustedes deciden amarle u odiarle.
"La política europea sigue un rumbo contrario al del resto del mundo: no invierte en mejorar el capital humano, ni en el sistema educativo, ni en fomentar las nuevas ideas"


"España será un parque de atracciones en el 2050. Corremos el peligro de que en el futuro sólo podamos vivir de nuestra historia, del turismo"


"Estudiar las claves del éxito de los demás es una forma de innovar. Es lícita la aplicación de la imitación creativa: hacer lo que hace otro pero con tu firma distintiva"


"Muchos creen saber las políticas de futuro, cuando en realidad son imposibles de desvelar"


 
 Usted dice que Europa necesita una revolución mental ¿Qué le pasa a Europa?
 
Europa está dormida, padece una gran falta de iniciativa. La política europea sigue un rumbo contrario al del resto del mundo: no invierte en mejorar el capital humano, ni en el sistema educativo, ni en fomentar las nuevas ideas.
 
 
¿España duerme como un tronco?
 
Sí, y padece una burocratización que frena el crecimiento de forma bárbara. Estamos en plena revolución de la telefonía móvil de tercera generación, pero la compañías necesitan 520 días para instalar una antena en España. Tanta burocracia paraliza el crecimiento. Existe también un exceso de confianza, queremos que todo nos lo solucionen los demás, y en particular el estado. Eso es perjudicial, porque esta actitud mata el espíritu emprendedor. La gente no toma riesgos ni asume responsabilidades.
 
 
La Universidad debe ser partícipe de esta revolución mental…
 
Los jóvenes han de abrir los ojos. En Estados Unidos los empresarios son héroes. Aquí la figura del empresario es la de un hombre gris que se esconde y es visto como un ladrón. El 90% de los estudiantes americanos quieren ser empresarios, y sienten admiración por Bill Gates. Mientras, los jóvenes europeos sueñan con ser funcionarios. Les falta sentido del riesgo, cambiar el chip. 
 
 
Se dice que China será la primera potencia del mundo en 2050, pero ¿España que será?
 
España será un parque de atracciones en el 2050. Corremos el peligro de que en el futuro sólo podamos vivir de nuestra historia, del turismo. Vendrán los americanos, que serán los investigadores; y los asiáticos, que serán los productores; a ver la Sagrada Familia y nosotros seremos los que estaremos en la puerta despachando los tiques. Hemos de cambiar la mentalidad.
 
 
¿Cómo puede innovar quien no tiene recursos astronómicos para hacerlo?
 
No innova más quién más recursos tiene. El objetivo de innovar pasa por hacer las cosas de diferente manera. La innovación no tiene porqué ser tecnológica. Y esto lo deben entender los políticos, los cuáles sólo encuentran sexy promover parques tecnológicos. Estudiar las claves del éxito de los demás es una forma de innovar. Es lícita la aplicación de la imitación creativa: hacer lo que hace otro pero con tu firma distintiva.
 
 
Si la globalización es buena ¿quién es el malo?
 
¡Nadie! Uno de los problemas que tenemos los europeos es la visión equivocada, marxista, de creer que si yo gano, es porque tú pierdes. Ha de abolirse la idea de que hay un pastel en el que cuanto más grande es mi trozo, más pequeño es el tuyo. Se pueden hacer más pasteles y todos podemos progresar a la vez. 
 
 
¿Qué pueden aprender las empresas del FC Barcelona y de la gestión que usted está capitaneando?
 
El Barça es un ejemplo a seguir, no sólo por las empresas, sino también por la sociedad. Una de las frases que popularizó Gaspart, antiguo presidente del FC Barcelona, es que el fútbol es un negocio que depende de si la pelota entra o no. Esa es una lección nefasta.
 
 
¿Por qué?
 
La junta de este Barça está demostrando que si las cosas se hacen bien, la pelota entra más a menudo. Es posible que algún día falles un penalti o incluso pierdas la final de la Champions; pero siempre habrá más probabilidades de que la pelota entre si detrás de todo ello hay una gestión sana y eficaz. No vale escudarse en el azar.
 
 
¿Qué moverá millones en un futuro próximo?
 
No lo sé. Esto es uno de los problemas de las empresas. Muchos creen saber las políticas de futuro, cuando en realidad son imposibles de desvelar. En el siglo XIX, los políticos de las ciudades se partían el cráneo buscando una solución para erradicar la contaminación que producían las heces de los caballos que tiraban de los carros. Diseñaban la expansión de sus ciudades en función de los excrementos. Ninguno supo ver que pronto el coche a motor sustituiría a los caballos.
 
 
Entonces ¿es imposible predecir las tendencias?
 
Los burócratas creen que sí, pero la verdad es que nadie lo sabe. ¿Quién podía prever hace diez años que todos tendríamos teléfono móvil? Las empresas de telefonía también pensaban que se forrarían con los envíos de fotos, y lo cierto es que casi nadie envía fotos. En cambio, nadie vaticinó que la gente enviaría mensajes de texto. Sería de una arrogancia infinita si te dijese que el sector de futuro será tal o cual.
 
 
¿A quién considera un héroe?
 
Al Coyote. 
 
 
¿El dibujo animado?
 
Sí, sí… es un gran creador. Se inventa mil cosas para atrapar al Correcaminos, lo que pasa que el cabrón del guionista le tiene manía y siempre se las arregla para que sus inventos no funcionen. Pero él no desiste y capítulo tras capítulo, estruja su ingenio para dar caza al Correcaminos.
 
 
Si un niño le dice que quiere ser como usted cuando sea mayor ¿qué le diría?
 
Que se prepare a gastar una buena pasta en americanas.