Director General de Olympus España

José Ignacio Abia

 Una filial ejemplar.

 "No somos la empresa adecuada para quien busca un trabajo tranquilo"

 La delegación española es una de las más importantes para la multinacional Olympus. 

Jueves, 20 de Julio de 2006
 Aunque la imagen que tenemos de Olympus es la de ser una empresa líder en fabricación de máquinas fotográficas, empezó en el mundo de la medicina. Fundada hace casi noventa años, Olympus lanzó el primer microscopio, fabricado en Japón, en 1919, y lo llamaron Asahi. Casi veinte años después, en 1936, Olympus entraba en el mercado de las cámaras fotográficas, y en 1950, inventaba la gastrocámara, el primer endoscopio del mundo. La división europea se creó en 1963, con la Olympus Optical Company. Fue en 1985 cuando empezó a desarrollar analizadores automáticos y en el año 2005, Olympus crea en España el Centro Europeo de Competencia para la Integración de Sistemas, desde donde desarrolla los quirófanos más modernos de Europa. José Ignacio Abia, ingeniero de formación y hombre de marketing por vocación, es el director general de Olympus España.  
"Los resultados empresariales perfectos siempre se deben al trabajo bien hecho. Nosotros hemos trabajado bien. La prueba está en que en los últimos cinco años, hemos triplicado la facturación".


"No somos la empresa adecuada para quien busca un trabajo tranquilo, necesitamos gente comprometida y que disfrute trabajando".


"Somos líderes en España desde hace dos años, con un 20% de cuota de mercado. Lo hemos conseguido gracias a nuestro empeño en estar presentes en todos los puntos de distribución posibles, y contar con una buena exposición de productos".


"En medicina, Olympus posee un 70% de cuota de mercado, pero resulta difícil mantener el porcentaje, porque se trata de un mercado muy dinámico en el que la inversión en I+D es fundamental".


 
 ¿Por qué cambio la ingeniería por el marketing?
 
Soy de los que piensa que toda formación acaba sirviendo para algo. Un ingeniero puede trabajar en el mundo de la empresa porque, en el fondo, son mundos muy parecidos. Mundos en los que priman la capacidad de organización y el método. También pienso que el destino es caprichoso, las decisiones más importantes, a veces, dependen de algo tan simple como una llamada telefónica o conocer a alguien en el momento oportuno. Tu primer trabajo condicionará tu futuro, tanto profesional como personal. En Olympus España nos ha pasado algo parecido. 
 
 
¿A qué atribuye el éxito de la filial española? 
 
Los resultados empresariales perfectos siempre se deben al trabajo bien hecho. Nosotros hemos trabajado bien. La prueba está en que en los últimos cuatro años hemos triplicado la facturación: de facturar 50 millones en 2002 hemos pasado a facturar 160, cifra con la que cerraremos este ejercicio.
 
 
Su labor en España es meramente comercial.
 
Lo es, porque la compañía se dirige desde Japón. Pero aún así, en el mundo comercial se necesita mucha constancia, porque si no, puedes llegar a ser invisible en un mercado tremendamente competitivo. Uno de nuestros éxitos ha sido éste, pero también el haber formado un gran equipo.
 
 
¿Qué cualidades debe tener un buen equipo? 
 
¡Ganas! Ganas de trabajar y de involucrarse en un proyecto. No somos la empresa adecuada para quien busca un trabajo tranquilo, necesitamos gente comprometida y que disfrute trabajando. Las personas trabajamos de media, un tercio de nuestra vida. Si no disfrutamos de nuestro trabajo tenemos todos los números para ser infelices. En Olympus intentamos generar un sentimiento de comunidad, compartir ilusiones.
 
 
¿Qué importancia tiene el mercado español para la compañía? 
 
Pues tiene mucha importancia, la verdad. Existen dos grandes áreas de negocio: la de las cámaras fotográficas, cuyo target es muy amplio; y la médico-científica, que es mucho más reducida. En las dos parcelas gozamos de una cuota superior a la de otros mercados europeos, e incluso mundiales. Pero al margen de las puras cifras -aportamos el 15% del negocio europeo-, somos, por expresión de nuestro presidente, el Sr. Kikukawa, un ejemplo a seguir por las filiales, por cómo enfocamos y gestionamos el negocio.
 
 
¿Qué papel juega Olympus en el revolucionario mercado de las cámaras digitales? 
 
El producto se produce en Japón, pero participamos en su desarrollo transmitiendo los gustos y necesidades del consumidor español. En este sentido, creemos que hemos sido capaces de cubrir todas las gamas y todos los deseos del consumidor, especialmente en el diseño de las máquinas, que están gustando mucho. Somos líderes en España desde hace dos años, con un 20% de cuota de mercado. Lo hemos conseguido gracias a nuestro empeño en estar presentes en todos los puntos de distribución posibles, y contar con una buena exposición de productos.
 
 
Háblenos del otro mercado, el médico. ¿Qué importancia tiene?
 
Representa casi el 40% de nuestra empresa, pero es muy distinto al fotográfico. Es mucho más reducido, y el número de jugadores también es menor. En medicina, Olympus posee un 70% de cuota de mercado, pero resulta difícil mantener ese porcentaje, porque se trata de un mercado muy dinámico en el que la inversión en I+D es fundamental. La compañía invierte en investigación y desarrollo el 12% resultante de las ventas anuales. Hay muy pocas corporaciones que puedan hacer esto.
 
 
 Volvamos a las cámaras. ¿Por qué estos productos quedan obsoletos con tanta rapidez?  
 
Esa idea no es acertada, los productos no caducan. Yo tengo cámaras que tienen 3 y 4 años, que se pueden utilizar perfectamente y no me han dado problemas. Lo que pasa es que los fabricantes debemos ofrecer cosas nuevas cada día. Adormecer la tecnología es un error, por eso cada 6 meses añadimos nuevas prestaciones y lanzamos nuevos productos. Las expectativas de los usuarios cambian. Cada vez exigen más, así que sólo respondemos a la continua demanda. 
 
 
¿Qué nos sorprenderá en el futuro? 
 
No lo sé, las revoluciones tecnológicas hoy en día son tan espectaculares… Hace diez años apenas existían teléfonos móviles, y vivíamos perfectamente bien. Ahora nos parece inconcebible que alguien no tenga uno. Con el tiempo las personas asimilan la tecnología, y las predicciones a largo plazo siempre fallan. Recuerdo lo que decían los "comités de sabios" cuando nació internet: que desaparecían los libros y las tiendas, que todo se compraría por la red… 
 
 
Casi aciertan.
 
No creo que podamos vaticinar nada más allá de cinco años. Es osado hablar de la próxima revolución si es que tiene que haberla. Las pequeñas revoluciones llegan continuamente, las verdaderas tardan mucho más en llegar. La digital ha sido la última. Tendrán que cambiar mucho las cosas para que la tecnología dé otro vuelco.