Presidente de Palex España

Werner Knuth

 De las patatas al robot que opera.

 "La sanidad bien hecha no da votos, la deficiente los quita"

 Palex apuesta por la innovación en sanidad como principal vía de crecimiento.

Jueves, 31 de Agosto de 2006
 Resulta curioso investigar de dónde proceden los nombres de algunas de las empresas punteras de nuestro país. En ellas no sólo podemos intuir su historia sino también el largo camino que han tenido que recorrer hasta encontrar su hueco en el mercado. La que hoy nos ocupa, Palex, uno de los nombres de referencia en el sector hospitalario, es el acróstico de "Patata, Lechuga y Exportación" porque originariamente se dedicaba a este mercado. Hoy, Palex tiene como prioridad entender y satisfacer las necesidades de los profesionales de la salud, tanto gestores como facultativos. Hablamos con su presidente, Werner Knuth.
"La sanidad bien hecha no da votos, mientras que la deficiente los quita. Y la gente espera una buena sanidad. La administración debería concienciar del gran privilegio que representa estar atendido gratis".


"Hoy en día nadie se atreve a vender productos de mala calidad. Todos los productos tienen que ser buenos. Y lo que es bueno, es caro".


"La población sabe más de medicina. Internet ha llegado a todos los ámbitos de la vida cotidiana y un paciente, al visitarse, ya cree saber qué es lo que padece, y lo peor: qué es lo que quiere."


"Se consume mucho medicamento del necesario, y no se pagan tasas, lo que sería un elemento disuasivo para ciertos abusos. Por otro lado, las inversiones en aparatos médicos están mal dotadas. Pero la sanidad resulta esencial: después de la vivienda y la comida, lo más importante para todos es la salud."


 
 De llamarse "Patata, Lechuga y Exportación" a "Palex", dista un gran trecho. 
 
Sin duda. Las empresas pasan por muchas fases y la nuestra no ha sido ninguna excepción. Los inicios de Palex se remontan a 1928, cuando mi padre vino a España para aprender el idioma, porque su empresa en Hamburgo comerciaba con Sudamérica. Aquí conoció a mi madre, y pasados unos años, y en un determinado momento, empezó a proporcionar un tipo de hilo de sutura quirúrgico a un tal señor Braun, que lo necesitaba en Alemania. 
 
 
¿Tan lejos necesitaba este hilo quirúrgico? 
 
Al principio, el tal Braun no fabricaba este hilo, lo compraba en otra ciudad, pero el suministro quedó interrumpido con el Telón de Acero. Contactó con mi padre, y con el tiempo, decidió crear una fábrica que se llamó "Material Clínico", en Rubí, para producir esta clase de hilo. Se puso en marcha en 1955 con 4 personas. El hilo se exportaba al extranjero. Con el tiempo, y por una serie de vicisitudes, esta empresa pasó a llamarse "Patata, lechuga y exportación". La conversión final de la compañía se da en 1962. Se convierte en Palex, empresa sanitaria. 
 
 
¿Usted estudió farmacia pensando ya en la empresa?
 
Sí, estudié farmacia para conocer bien el mercado, y así sería el director farmacéutico de la empresa. Mi hermano se ocuparía de la parte de gestión, él estudió ciencias económicas en Alemania. 
 
 
Y empezaron a crecer…
 
A principios de los 60 ya se importaban otros hilos utilizados en cirugía y, como fuimos creciendo, empezamos a distribuir material a hospitales. Terminé la carrera en 1965 y me incorporé a la empresa dirigiendo una de las líneas de producto. Desde entonces han habido muchos cambios hasta convertirnos en lo que somos ahora: un grupo organizado en cuatro grandes áreas empresariales: ventas nacionales, ventas internacionales, logística y servicio técnico. Cada área, según su naturaleza, se estructura en divisiones y líneas de productos o en actividades especializadas. 
 
 
¿Cómo es la relación entre las empresas farmacéuticas y los hospitales?  
 
Debemos diferenciar claramente si la sanidad es pública o privada porque el comportamiento entre los dos ámbitos es muy distinto. En nuestro país, el 80% es pública, está muy bien dotada y se rige por unos presupuestos que, aunque son siempre limitados, dan como resultado un buen sistema sanitario. 
 
 
Pero…
 
Pero admitamos que se consume mucho medicamento del necesario, y no se pagan tasas, lo que sería un elemento disuasivo para ciertos abusos. Y por otro lado, las inversiones en aparatos médicos están mal dotadas. Pero la sanidad resulta esencial: cuando tenemos la vivienda y la comida, lo más importante para todos es nuestra salud. Sin embargo, la sanidad bien hecha no da votos, mientras que la deficiente los quita. Y la gente espera una buena sanidad. La administración debería concienciar del gran privilegio que representa estar atendido de manera gratuita. El dinero no cae del cielo y todo tiene un coste. 
 
 
Dependiendo de los productos, este coste podrá ser menor o mayor.
 
En nuestro campo, los aparatos que comercializamos son cada vez más sofisticados. Hace treinta años, podíamos tener en nuestra empresa un producto bueno y otro que no lo fuera tanto. Y que esta diferencia entre uno y el otro fuera considerable. Pero hoy en día nadie se atreve a vender productos de mala calidad. Todos los productos tienen que ser buenos. Y lo que es bueno, es caro. 
 
 
Pero la sanidad pública se rige por concursos para calibrar precisamente estas necesidades.  
 
Sí, pero fíjese: nosotros podemos fabricar productos que pueden ser muy caros a la hora de comprar, pero que pueden acortar sustancialmente la estancia en el hospital de un paciente. Y si, por ejemplo, en vez de estar cinco días hospitalizado, sólo se está dos, estos tres días que no consumirá podrá generar trabajo y por tanto, ser más productivo. Así que, aquello que parece caro, en realidad resulta mucho más barato. Sin embargo, esto resulta muy difícil de justificar y raramente puede incluirse en estos concursos públicos. Pero nosotros, como mínimo, tenemos la obligación de ponerlo a consideración de sanidad. 
 
 
¿Los tiempos también han cambiado en la sanidad? 
 
Sí, claro, ahora la población sabe más de medicina. Internet ha llegado a todos los ámbitos de la vida cotidiana y un paciente, al ir a la consulta, ya cree saber qué es lo que padece, y lo peor: qué es lo que quiere. Así que el médico está más desprotegido que antes y ahora se cubre las espaldas en caso de reclamación. Por esto se hacen muchas más pruebas y se encarece mucho todo. 
 
 
¿Cómo funciona Palex? 
 
Como ya sabe, nosotros no fabricamos: ponemos en marcha muchas actividades que durante dos o tres años no producen beneficio, empezando con nuestra propia gente. Tenemos licenciados que deben aprender y hacer la puesta en marcha de muchas cosas. La cifra de ventas actualmente está sobre unos 70 millones de euros y en el grupo trabajan unas 240 personas. Nuestra sede está en Barcelona y nuestros jefes trabajan on line, desde casa. 
 
 
¿Qué planes de expansión tienen previstos?
 
Tenemos un plan para llegar a los 100 millones en el año 2010. Tenemos siete divisiones y queremos crecer en todas ellas. En algunas tenemos mucha experiencia, y en otras aún somos principiantes. Pero tenemos competencia en todo: cardiocirugía, cardiología, diagnóstica, nefrología, traumatología… Tenemos una línea de producto de un sólo uso (guantes y mascarillas), una división de logística y mobiliario clínico de almacenes de hospitales, en el que destaca un armario inteligente al que sólo se tiene acceso mediante código y que sólo puede coger el producto que se ha asignado. Así, no se gasta más de lo necesario. 
 
 
¿Qué es lo último en sanidad? 
 
Algo de veras espectacular es el robot que opera. La única empresa del mundo que lo fabrica tiene uno en Barcelona, otro en Bilbao, y dos en Madrid. La idea surgió en los viajes interespaciales al constatar la imposibilidad de llevar un médico al espacio. 
 
 
¿En qué consiste?
 
El médico opera a través de un robot. Él puede estar en el mismo quirófano o a miles de kilómetros de la operación. Mediante una consola dirige a la máquina. Él ve la imagen a través de una pantalla. Las cámaras son tridimensionales, y cuenta con la ventaja de que el robot no transmite el temblor nervioso del doctor. Su fiabilidad es extraordinaria.