Profesor de IESE y Consultor

Santiago Álvarez de Mon

Directivos de carne y hueso

"No somos Superman"

Santiago Álvarez de Mon explica con claridad meridiana que el directivo no debe presentarse con una imagen falsa, postiza, fingiendo ser Superman o Superwoman.

Jueves, 21 de Junio de 2007
La verdad es que hablar con Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE, te hace replantearte numerosas circunstancias de la vida, seas o no directivo o futuro directivo de una gran empresa. Su palabra, envuelta en paradojas descriptivas y citas de los clásicos, es una profunda reflexión sobre la vida, las personas y los negocios. El autor de No soy Superman hace una semblanza del futuro directivo, de los talentosos que gestionarán el talento para que la economía vaya mejor. Para que su vida, nuestras vidas, sean más plenas.
"En las clases que imparto, en el IESE, tengo la oportunidad de conocer a cerca de 3.500 personas cada año, futuros directivos con sus sueños, sus fortalezas y debilidades, con dudas, miedos, angustias e ilusiones."
 

"Mis debilidades identifican mi fortaleza, el silencio es la otra cara de la palabra. Cuanto más maduro y profesional es ese directivo, la seguridad le permite gestionar sus dudas y manejar sus incertidumbres…"
 

"Las empresas tienen que trabajar en pro de la conciliación, en favorecer las condiciones idóneas para el desarrollo del talento, pero es principalmente una cuestión de responsabilidad personal."
 

"Evitemos que horarios estúpidos, hagan incompatible el oficio de ser mujer profesional y madre."
 
 

Siempre hemos tenido la idea del "superdirectivo" como alguien que ha triunfado en la vida, sin plantearnos si realmente ha triunfado, o no, en LA VIDA…
En la vida siempre hay retos y problemas a los que enfrentarse. La inquietud sobre estas circunstancias aplicadas al directivo ha sido lo que me ha impulsado a escribir el libro. Un directivo se enfrenta a desafíos de todo tipo. La globalización, aprender inglés, la estrategia, diseñar las estructuras organizativas de las compañías, crear equipos, gestionar dichos equipos, atraer el talento, retenerlo y además equilibrar su vida privada y su vida profesional. Son tales las demandas y presiones que la sociedad le exige que, a veces, existe la tentación de presentarte en dicha sociedad como Superman o Superwoman…y eso es preocupante, pues es una imagen falsa, postiza. En las clases que imparto, en el IESE, tengo la oportunidad de conocer a cerca de 3.500 personas cada año, futuros directivos con sus sueños, sus fortalezas y debilidades, con dudas, miedos, angustias e ilusiones. Son Men & Women. Gente que tiene respuestas y que, a su vez, les generan nuevas preguntas. De ellos he querido hablar en "No soy Superman".

No soy Superman…
El Subtítulo del libro habla de las luces y sombras de una organización. Pero no en un sentido paradójico. Como decía Karl Jung "si identificas tu sombra, le miras de frente, se hace la luz". Mis debilidades identifican mi fortaleza, el silencio es la otra cara de la palabra, la compañía es la feliz consecuencia de saber estar solo….son men & women. Cuanto más maduro y profesional es ese directivo, la seguridad le permite gestionar sus dudas y manejar sus incertidumbres…

En el IESE forman directivos, ¿cuáles son las motivaciones que se encuentra para que alguien quiera aspirar a ser un futuro directivo?
A lo largo de los años uno se encuentra con alumnos bastante curiosos, mentalmente jóvenes de 30, 40 ó 50 años. Que son grandes por que han sabido encontrar su nimiedad y reconocerla. Identifican un mundo lleno de desafíos; la diversidad y la integración cultural, la actualidad geopolítica…y sienten que las demandas son de tal magnitud que deben formase en el oficio. Y no se trata simplemente de decir, yo soy ingeniero, economista y licenciado en derecho, que pulo mi inglés y ya está. Debemos recibir una formación que nos va a acompañar hasta el último minuto de nuestra vida. Y en este sentido, se respeta mucho al directivo.

¿Y cómo es el directivo de nuestros días?
En nuestro país, no se podría entender el crecimiento económico sin admirar, analizar y entender el trabajo de muchos directivos y directivas que se han dejado la piel en ese trabajo. Pero la ética del trabajo cambia. Parte del verbo vivir pasa por trabajar. Pero si, a parte de las motivaciones laborales encuentras estímulos intelectuales y espacios para desarrollar estos talentos, es posible que el trabajo se convierta en ocio. A veces cuando se diluye la frontera entre ocio y negocio, cuando conseguimos que nuestro trabajo nos estimule y apasione, es cuando encontramos el equilibrio. Hay que identificar que somos seres multidimensionales, que nos gusta el ocio, el deporte, escribir, trabajar, viajar, y en el equilibrio de todo ello podemos encontrar la paz. En el Siglo XXI se prestará mucha más atención a la calidad del tiempo que a la cantidad. Hoy en día, evaluar la calidad del trabajo por la presencia física en él, es absurdo. Hay que evaluar por la contribución al proyecto común, a la cuenta de resultados.

Entramos en el eterno y enorme reto de la conciliación de la vida familiar y profesional
Cierto que hoy en día hay factores exógenos con el tema de la conciliación, empresas que la facilitan. Horarios flexibles, guarderías infantiles, indicadores de evaluación de la gestión en función de tu contribución al proyecto. Sin embargo, el tema de la conciliación es una cuestión de responsabilidad personal. Ya basta de buscar chivos expiatorios y gestionar excusas. Cierto que las empresas tienen que trabajar en pro de la conciliación, en favorecer las condiciones idóneas para el desarrollo del talento, pero es principalmente una cuestión de responsabilidad personal.

¿Se puede llegar a tener amor por la empresa…?
Un poco exagerado el concepto de amar a la empresa. Hay que trabajar con compromiso, lealtad e ilusión. Los cambios en una empresa son propios del dinamismo de una vida fecunda. Hay casos de permanencia en una compañía por muchos años, hay otros trenes que te piden bajar de estación. Pero la mejor manera de garantizar y construir el futuro es exprimir el presente. Existe el concepto de pasar un par de años en una empresa "para hacer currículo" y luego marcharse. De esta forma estás haciendo que la vida se adecue a tu plan. El tiempo que se está en una compañía debe ser de entrega, pero uno tiene que creer en si mismo de forma constante e invertir en uno mismo. Ya que la incertidumbre es el hábitat natural por el que discurre la vida del directivo, la única forma para estar cómodo en tu incertidumbre es la de invertir en ti mismo, en tu educación. "Dejémonos la piel en el día de hoy, pues será el hoy el que ilumine el mañana".

En una organización empresarial, ¿qué resulta más difícil: ser directivo o subordinado?
A los directivos les invito a reflexionar en tres dimensiones. En primer lugar, el oficio de directivo se asocia al de la gestión de subordinados, equipos de colaboradores. Esto pasa por asegurarse de que todo vaya en la misma dirección, colocar a cada uno en su sitio, asegurar la sinergia entre este equipo. En segundo lugar está la gestión del jefe. La gente se olvida de que parte del oficio del directivo es gestionar al jefe. Y se trata de una asignatura que pocos aprueban. No es una cuestión de docilidad sino de lealtad la que debe marcar dicha gestión. Esta actitud le hace a uno libre e independiente. De ahí la importancia de tener un pie fuera. Si uno es consciente que "hay vida fuera", si crees en ti, estás al mismo tiempo enriqueciendo la vida interna de la empresa. Si por el contrario, uno considera que la alternativa a ser libre e independiente es el paro o el desempleo, se cae en el riesgo de la sumisión. Y para poder dirigir a colaboradores y subordinados y al jefe, desde la lealtad, tienes que saber dirigirte a ti mismo. Como decía Ortega es "el imperio de ti mismo". Si quieres dirigir a los demás, impera sobre ti mismo. Hay gente que no puede coordinar el esfuerzo de los demás porque dentro de sí mismo no hay más que ruido interior. No es capaz de autogobernarse.

¿Cómo se gestiona el error y la equivocación desde el plano directivo?
En un mundo global, poroso e independiente, el error está agazapado y te puedes equivocar, pero no hay que olvidarse de que el error es fuente de aprendizaje, compañero inseparable en la vida del directivo. Si convertimos el error en fracaso, este acaba matando el aprendizaje. En cierto modo es como los niños, cuando se equivocan no tienen sentido del fracaso.

¿Y cómo se siente un directivo cuando tiene que cerrar una fábrica y poner en la calle a centenares de personas?
Las crisis que derivan en estas situaciones habría primero que ubicarlas en el tiempo. Analizar qué ha pasado y quién es el responsable de que se haya llegado a dicha situación. A veces nos encontramos con falta de carácter para adoptar y tomar medidas impopulares. Hay que tener carácter para cerrar empresas.
Al igual que los hombres. Para aprender a vivir hay que aprender a morir. Es la otra cara de la moneda. A partir de cierta edad tienes que doctorarte en el oficio de morir. Al fin y al cabo, morimos un poco todos los días. Pero cuanto más miras esta asignatura, endiabladamente difícil, curiosamente cada vez más disfrutas el arte de vivir. Si esto lo aplicas, como a los hombres, a las empresas, los planteamientos son diferentes. ¿Por qué no somos capaces de cerrar una empresa de tal sector si comparativamente somos menos competitivos y en cambio distraemos toda la energía hacia otras actividades?. Hay que pensar como estadistas. Los políticos piensan en las próximas elecciones, los estadistas piensan en las próximas generaciones. En el mundo empresarial es exactamente igual, Hay que realizar una sólida gestión del presente, para saber prever los tsunamis que pueden venir. Y hay que evitar que los directivos pequen por omisión.

¿No se podría dar a algunos políticos algunas nociones sobre coaching o liderazgo empresarial?
El problema actual de los políticos es que son profesionales. Antes, el concepto de político se entendía como el servicio de unos buenos profesionales a su país de forma temporal. Estabas un tiempo, trabajabas para y por tu país y luego te ibas. Sin embargo, a mí no me convence el perfil de una persona que no puede salir de la política. Lo importante es poder salir. Si no puedes, te conviertes en un profesional de la política. Y al final, las elecciones, para un profesional de la política, suponen jugarse su sueldo, su promoción profesional. No obstante, no debemos olvidar que somos nosotros, los ciudadanos, quienes les elegimos. La calidad de los políticos va en función del latido de la sociedad civil. Si el ciudadano ejerce de ciudadano, hay una presión sobre el político. Si el ciudadano dimite y se convierte en súbdito, le entrega un cheque en blanco al político.

Una circunstancia de nuestros días es la equiparación de las cuotas de la alta dirección entre hombres y mujeres.
No estoy de acuerdo con dicha imposición. Mi apuesta es por el talento. La mujer tiene un talento enorme y la sociedad sale y ha salido beneficiada desde la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Perderíamos todos si no facilitamos que la mujer participe en los niveles críticos de decisión, en fomentar que esté en puestos de influencia, pero también perdemos si no dejamos que pueda ejercer de madre. Esto es un tema extensivo a ambos sexos. No se trata de ponerte por decreto, por una cuota del 50%. Esto incluso podría generar sospechas de haber sido asignada por decreto. Y muchas mujeres de talento están siendo discriminadas precisamente por eso, por ser sospechosas de estar ahí por decreto y no por el talento por el que realmente desempeñan dicha labor. Dejemos que el talento nos ponga a cada uno en nuestro sitio. Evitemos discriminaciones sexistas. Evitemos que horarios estúpidos, hagan incompatible el oficio de ser mujer profesional y madre. Lo que hay que laminar o borrar son las diferencias….es fácil imponer porcentajes y cuotas en lugar de pensar.