Propietaria Grupo Tragaluz

Rosa Esteva

La gestión en la restauración

"Por grande que sea la empresa debe conservar su propia identidad"

La comida del Grupo Tragaluz podrá ser rápida o entretenida en virtud del tiempo que uno disponga, pero siempre con el factor del entorno cuidado y el trato cercano. Como se hacía antaño, en que el cliente era reconocido y mimado. Y es que los tiempos cambian. Pero la esencia queda. Por suerte.

Jueves, 05 de Julio de 2007
En estos últimos años hemos asistido a una verdadera eclosión de afición por la restauración. Siempre la ha habido (seguimos siendo un país en el que valoramos mucho la comida) pero la diversificación a la que hemos llegado ha permitido conocer muchos tipos de restaurantes y también muchos tipos de gestión. El Grupo Tragaluz quizá sea de los más relevantes en Barcelona, como explican sus propietarios mayoritarios, Rosa Esteva y su hijo, Tomàs Tarruella.
"Tenemos claro que si una empresa desea conservar su personalidad, un estilo que pueda identificar un local o un negocio, debe ser gestionada por aquellos que la han creado, que la han hecho crecer"

"El sello lo imprimen las personas".

"El éxito en el aspecto de un local viene dado por una mezcla de cierta sofisticación, calidez en el ambiente, pero también que el cliente se pueda sentir cómodo, a gusto".
Desde aquel primer local, el Mordisco, a un lugar casi de culto, el hotel Omm…Si se lo cuentan hace unos cuantos años, seguro que no se lo cree…
Probablemente. Mordisco fue algo que surgió muy de dentro mío, era llevar lo más típico de la cocina de aquí, nuestras tapas, a gente que tenía poco tiempo para comer. En una época en que además no estaba tan de moda como ahora. Pero era algo personal, y quería disfrutar del producto, del ambiente y hacerlo disfrutar también a todos aquellos que viniesen.

El crecimiento del grupo ha sido espectacular. ¿No ha habido instantes de duda?
Sí, claro que los ha habido. El punto de inflexión se produjo en 1992, en el momento postolímpico, cuando la fiebre por los Juegos acabó y empezó una crisis que afectó muchos sectores económicos. Fue entonces cuando estuvimos a punto de arrojar la toalla, pero tomamos una decisión que en su momento fue arriesgada. Pero por suerte, el tiempo nos ha dado la razón, aunque vimos que otros proyectos tanto o más sólidos que el nuestro fracasaban.

Ya se intuye que el espíritu del grupo es eminentemente de empresa familiar, ¿no?
Pues sí, ahora mismo con mi hijo, Tomás, tomamos las decisiones conjuntas, aunque algunas de ellas surgen después de un duro debate, porque no siempre tenemos la misma visión. Yo, por ejemplo, me defino como una persona de impulsos: con frecuencia soy la que  descubro lugares y rincones que intuyo que pueden tener muchas posibilidades. Luego, se trata de trabajar duro para conseguir lo mejor. Sin embargo, mi hijo y yo somos muy parecidos, así que a la decisión final se llega siempre por consenso.

De todas formas, no todos sus hijos siguen en el grupo.
No, en su momento hubo un reajuste accionarial. Dos decidieron ir por libre, y ahora mismo, sólo mi hijo Tomàs y yo seguimos en él.

El grupo dispone de todo tipo de ofertas, desde lugares para catering, a comida japonesa, pero lo de construir un hotel, es ir mucho más allá.
Bueno, el OMM es ese tipo de hotel que manteniendo un nivel elevado, intenta resultar cercano al ciudadano barcelonés. Pero al OMMviene mucha gente a tomar unas copas, a disfrutar del ambiente del Paseo de Gracia, a vivir lo mejor Barcelona.

Ahora tocará crecer fuera de la ciudad Condal…
Bueno, aparte del local que tenemos en Calella de Palafurgell, la verdad es que tenemos varios proyectos, algunos de ellos muy avanzados. Uno está en Madrid, y quizás con el tiempo salgan otros en el resto de España. Sin embargo, tenemos claro que, a pesar de las veces que hemos recibido ofertas, no queremos caer en el concepto de franquicia: todo lo que sea del grupo debe tener un sello personal.

Pero Rosa, usted no puede multiplicarse y estar en todos sus locales…
Me gusta pasearme por cada uno de ellos, saludar a los amigos y a los clientes. Aunque si he de ser sincera, ahora es en el hotel donde me encuentro más a gusto.

Con tantos locales, la nómina de empleados debe ser considerable.
De hecho, en el grupo trabajan mas de 700 personas, de las cuales podríamos decir que una veintena pertenecen al núcleo duro, es decir, los responsables del día a día, de cada uno de nuestros locales, de las distintas marcas.

¿Cómo cree que se ha conseguido ese sello tan personal que tienen sus restaurantes? Me refiero a la decoración, los detalles…
Una de mis hijas es diseñadora, y juntas hemos trabajado para que en cada uno de los lugares se pueda crear la atmósfera que yo tenía en mente cuando decidí asumir el negocio. Creo que intentamos una mezcla de cierta sofisticación, calidez en el ambiente, pero también comodidad.

Hay por cierto, tras el grupo Tragaluz, un espíritu solidario importante que pocos conocen…
Sí, a través de la Fundación que creamos hace cuatro años, en el 2003, participamos en distintos proyectos con la intención de que niños de todo el mundo que viven en situaciones precarias puedan tener recursos para conseguir que sean autosuficientes. Mi hijo conoció en Ghana un orfanato y desde entonces, enviamos dinero que obtenemos de los donativos que hace la gente. Estamos participando en el desarrollo de un centro médico del Nepal y una presa en Kenia, pero hay otros proyectos en espera en el continente africano.