Decano Universidad Commerciale Luigi Bocconi

Giovanni Iudica

Hacia la recuperación

"La globalización no sólo debe ser económica, también debe ser jurídica"

Giovanni Iudica piensa que es posible recuperar un derecho común europeo que por causas del nacionalismo se ha roto. Por este motivo, el año que viene tiene la intención de presentar un texto donde ve posible este pensamiento.

Jueves, 26 de Julio de 2007
Cuando hablamos de globalización la aplicamos básicamente a términos económicos, pero olvidamos otras parcelas que pueden llegar a condicionarla, como la jurídica. Giovanni Iudica es uno de los tres primeros premiados por ESADE Alumni con motivo del llamado "Derecho de los Negocios", que le ha reconocido por su trayectoria profesional y académica. Iudica es el creador de Themis, una red de trabajo formada por cuatro grandes universidades europeas (Bocconi, en Milán; ESADE, en Barcelona; Freie, en Berlín; y París 12 en la ciudad de las luces), que se han unido para crear un nuevo tipo derecho de negocio en respuesta a una creciente demanda por parte de profesionales con conocimiento internacional.  
"Hoy no es posible un derecho universal único porque hay una diversidad demasiado grande de tradiciones, de costumbres, de pensamiento. Es difícil imaginarse reglas comunes"

"Lo que hoy entendemos como globalización en términos jurídicos no existe. Es decir, no hay un derecho público de la organización, ni ningún órgano que gobierne la economía mundial"

"Un mercado común no trata sólo de economía, sino también de otras reglas que resultan necesarias para la estabilidad de unas naciones y la corrección de los desequilibrios que se puedan producir. Si no, no tiene sentido, está incompleto"
Su larga trayectoria profesional ha sido reconocida. ¿Cómo se siente?
Pues la verdad es que muy honrado. Debo decir que ha sido algo sorprendente, porque no me lo esperaba. Uno va tejiendo a la largo de toda su vida un sinfín de relaciones y contactos y he de decir que los míos con ESADE y otras universidades me han supuesto muchas satisfacciones, pero la verdad, no esperaba este reconocimiento y menos siendo esta la primera vez que se otorgaba. Así que estoy muy satisfecho, sí, y espero saber tarde o temprano por qué me lo han concedido a mí y no a otra persona. 

Pero, ¿cuál piensa que es el motivo?
Creo que es un reconocimiento, no tanto a mi persona, sino a una idea que tuvimos ya hace un tiempo: la de crear una red de trabajo llamada Themis, el nombre griego de la justicia, y que su punto de partida pueda ser útil tanto a estudiantes como a profesores.

¿Y en qué consiste?
Veamos, el derecho, tanto el romano, el que está presente en buena parte de Occidente, como el llamado común, aquel que se aplica en una amplia generalidad de casos, ha sido el derecho que se ha aplicado durante siglos en todos los países europeos. Pero a partir de principios del siglo XIX, cuando nace el nacionalismo, este derecho se rompe, se fracciona en diversos derechos, como el italiano, el español o el alemán. Nosotros tratamos de reencontrarnos con este origen unitario que hemos perdido en estos dos últimos siglos y ser conscientes de que el derecho romano ya era, de por si y en cierto sentido, internacional. 

¿Y ahora qué? 
A partir de este principio teórico lo pretendemos llevar a la práctica. ¿Cómo? Pues a través de este proyecto Themis. La idea consistió en crear un grupo de universidades que seleccionasen a sus mejores estudiantes, aquellos que, entre sus cualidades académicas, figurase evidentemente un dominio total del inglés. Todos ellos deberían realizar una estancia de seis meses en el extranjero en otra universidad con la que hay un convenio y realizar un seminario con los docentes para que durante 24 horas profesor y alumno conviviesen y estableciesen un argumento de interés común.

Como experiencia de aprendizaje suena muy interesante.
Más que interesante es extraordinaria, por la mezcla que resulta de estudiantes y profesores, tanto extranjeros como nacionales, y el hecho de que comparten unos conocimientos juntos, eliminando todas aquellas barreras que las convenciones, las costumbres o el idioma han impuesto. Así que todo esto se traduce en una buena relación profesional. Después de haber superado este seminario se recibe un diploma, que digamos que no tiene valor legal, pero sí es un referente profesional excelente.

Y una de estas universidades que favorecen el intercambio es ESADE.
Sí, este año ha sido ESADE la que ha organizado el seminario. Con él, los estudiantes han percibido un panorama técnico muy elevado y el aprovechamiento de materias y tiempo ha sido muy destacado. Cada año se hace en un país diferente y los argumentos que se tratan también van cambiando.

¿Y con este método usted piensa que se podrá llegar a cierta globalización en el mundo del derecho?
Estamos hablando de un proyecto que acaba de despegar, los resultados del cual deberán verse a largo plazo. Pero de entrada debemos admitir que lo que hoy entendemos como globalización en términos jurídicos no existe. Es decir, no hay un derecho público de la organización, ni ningún órgano que gobierne la economía mundial. Nosotros pretendemos pues, simplificar, empezar un proyecto cuyos frutos tardarán en materializarse. Y estos seminarios no son un manual escrito de cómo deberá ser este derecho, sino un modelo que se puede practicar en otros países.

¿Pero piensa que se podrá conseguir con el tiempo un único derecho mundial?
Creo que para todo el mundo esto sería un ideal, el hecho de que una misma causa pudiese defenderse del mismo modo en cualquier punto del planeta. Pero hoy no es posible porque hay una diversidad demasiado grande de tradiciones, de costumbres, de pensamiento. Es difícil imaginarse reglas comunes. Lo que tenemos que pensar primero es en nuestra Europa, que durante dos mil años tuvo un derecho común. Así que no se trata de ninguna invención ni de ninguna quimera, sino que simplemente se trata de recuperar un pasado que se ha roto a causa del nacionalismo.

¿De verdad cree que el nacionalismo es el causante de esta fragmentación del derecho?
Creo que el nacionalismo ha revalorizado las provincias de un determinado estado, pero también ha provincializado esta misma nación. Como le decía, se debe empezar por Europa haciendo un código civil, encontrando las reglas que un día fueron las vigentes. Pero eso sí, imprimiendo unos valores, unas características que sean las propias del siglo XXI.

¿Qué beneficios cree que aportaría este código universal?
Creo que de entrada, superaríamos algo que no deja de ser una contradicción. Estamos en un mercado común, pero paradójicamente no tenemos reglas comunes. Entonces, la pregunta que inmediatamente surge es: ¿con qué reglas se rigen los mercados? Un mercado común no trata sólo de economía, sino también de otras reglas que resultan necesarias para la estabilidad de unas naciones y la corrección de los desequilibrios que se puedan producir. Si no, no tiene sentido, está incompleto. Bien, pues nosotros pretendemos que este código común no sólo esté presente en la economía sino que ocupe otras esferas. Y de hecho, estamos elaborando un código común que se presentará el próximo año.

¿Y qué pasará entonces?
Pues francamente, no tenemos ni idea, pero lo importante es que el trabajo estará hecho y luego serán los políticos quienes tendrán que decidir qué hacer con él.

Usted que es italiano y que por tanto puede juzgar nuestro derecho desde cierta óptica objetiva, ¿qué le parece el derecho español?
No hago ninguna revelación si afirmo que es muy próximo al italiano o al francés. Por mucha tradición que pueda tener, es imposible que el derecho no pueda tener algunas carencias y más en este mundo tan cambiante en el que nos ha tocado vivir. Sin embargo, el derecho, sea español o no, no pretende imponer lo que uno puede o no puede hacer, sino establecer unos parámetros que regulen determinadas conductas. Pero todo queda relativizado por múltiples factores variables que conforman una sociedad.

¿Y usted que está rodeado de estudiantes cómo ve a los jóvenes de hoy?
Muy buenos, la verdad. Creo que se esfuerzan y son apasionados en el derecho. Tienen ambición y ganas de ser el futuro. Y lo son.