Propietario de Xocolates Rovira

Enric Rovira

 Enric Rovira, el chocolate entendido como una obra de arquitectura

 “No queremos una empresa que funcione sólo dos meses al año”

 "Nosotros hemos creado un estilo con diferentes parámetros estéticos. Y nos ha funcionado"

Lunes, 03 de Mayo de 2004
 Enric Rovira ha creado una de las empresas más reputadas de la chocolatería contemporánea. Desde hace más de diez años, sus productos han estado siempre en la primera división de la arquitectura artística del chocolate, con obras que se venden en todo el mundo y que gozan de un gran nivel de aceptación entre los paladares más exigentes. Quizá su atractivo se encuentre en la conjugación de la belleza estética al servicio de unos chocolates de gran calidad, a menudo aderezados con exuberantes ingredientes de todo el mundo. Hoy tenemos el placer de mantener una conversación con él para que nos comente algunos de sus secretos.
 <div align='center'><span class='destacado'>"Hay muchas empresas que tienen una visión muy convencional y clásica del chocolate. Nosotros hemos creado un estilo con diferentes parámetros estéticos. Y nos ha funcionado."</span></div><br>
 
<div align='center'><span class='destacado'>"No estamos interesados en montar una macro empresa para producir en los tres meses precedentes a la Navidad".</span></div><br>
 
<div align='center'><span class='destacado'>"Nuestro producto debe ser consumido en un plazo muy corto. Nunca ponemos conservantes y al querer dotarlo de máxima calidad acortamos aún más su caducidad"</span></div><br>
 
<div align='center'><span class='destacado'>"Estamos en Estados Unidos, Canadá, Méjico, Noruega, Suecia, Dinamarca, Inglaterra, Austria... pero Francia se resiste. Son líderes en su terreno y tienen una estética muy clásica que es demasiado chocante con nuestros parámetros".</span></div><br>
 

Su película de cabecera debe ser “Chocolat”...
 


Me gusta mucho “Chocolat”, aunque siempre he dicho que nunca montaría la tienda de chocolates que sale en la película porque sigue los tópicos clásicos y yo soy partidario de acabar con ellos. Hay muchas empresas que van hacia ese camino como concepto. Nosotros no, hemos creado otro estilo con diferentes parámetros estéticos y nos ha funcionado.
 


Es autodidacta, y por tanto, alguien con una gran capacidad de observación...
 


Mi padre me inculcó el amor al arte y eso ha agudizado mi capacidad de percepción de las cosas. Creo que el arte es el motor del futuro. Es la fuente de donde salen las grandes tendencias y me influye mucho en mi trabajo. También observo lo que me rodea e intentó conocer las nuevas tecnologías. Todo ello me sirve de inspiración en lo que hago con el chocolate. 
 


¿A partir de qué idea o sentimiento surge la creación de un producto?
 


Hay puntos de partida diferentes. A veces nace de un ingrediente, otras surge de un concepto y muy a menudo depende de una forma. Por ejemplo, creo que me influyó mucho la película “2001, una odisea en el espacio” de Stanley Kubrick. Primero porque este tipo de cine tan fotográfico me encanta y supongo que me inspiró para empezar a dibujar y crear un producto conceptual: una caja negra a escala de la proporción del monolito que aparece en la película, y que simboliza la evolución de la humanidad. Dentro del monolito había tres cajas más, que representaban el presente, el pasado y el futuro. Con ello pretendía simbolizar estos tres estados de la evolución mediante tres productos. El pasado era tocino con chocolate...
 


Tocino con chocolate?
 


Si, no es ninguna barbaridad esta mezcla. Es tradicional en los pueblos comer pan con aceite y chocolate. Si sustituimos el aceite por el tocino el sabor es similar. Esto viene a ser el símbolo del pasado, porque representa la forma primitiva de conservar los alimentos con sal. 
Bien, para el futuro creé jengibre con chocolate, porque este alimento da sensación de frescor, pertenece a otras culturas y es un alimento muy contemporáneo. Y el presente es aire, aire y chocolate. 
 


¿Hay un equipo creativo en la empresa?
 


Soy el responsable creativo, pero hay un equipo detrás que hace la aplicación. Soy el que elabora las recetas, y crea los conceptos, pero siempre hay una colaboración entre el equipo. 
Pero no todos los productos que se comercializan son producidos exclusivamente por mi. Por ejemplo, tenemos una colección  específica de chocolates diseñada por otras personas para la empresa. Son creaciones de reposteros reputados a los que hemos pedido su colaboración. En estos productos queremos que esté todo a cargo del artista, el embalaje, el modelo, el sabor, el nombre... En este sentido, en el 2003 también hicimos un proyecto en contra de la guerra. Creamos una caja de bombones que la abrías y salía una semiesfera con muchas manos de colores, que eran los bombones. Cada uno de estos pretendía simbolizar la diversidad cultural. Hay chocolates elaborados con ingredientes de diferentes lugares del mundo. En este producto, que se llama Imagine, también incluimos un CD con una versión del popular tema de John Lennon a cargo del músico Carles Cases.  
 


¿Cedéis en vuestro crecimiento de venta y expansión o contenéis vuestro crecimiento por un tema de principios?
 


Verás, tenemos un problema técnico. Nuestro producto es de una caducidad a corto plazo. Al querer dotarlo de máxima calidad acortamos más su caducidad y por ello estamos desbordados. Por ello, hemos de contar con nuestro stock, el del distribuidor cuando lo comercializa fuera de Cataluña, el tiempo que lo tiene el comerciante en su tienda, y el lapso que lo tiene el consumidor hasta el momento en que se lo come. Estos tres meses son inviolables porque no ponemos nunca productos conservantes en nuestros chocolates. Cuando llegan las fiestas navideñas nuestros productos se venden un 60% más que en todo el año. Así pues, la capacidad de la empresa no da para tener una estructura brutal como para producir en dos meses la demanda existente. No obstante, tenemos muchas ventas, subimos cada año nuestra facturación. Hemos tenido unos crecimientos durante los últimos 4 años del 50 y 60% anuales. Llega un momento en que tenemos ganas de estabilizarnos un poco, porque ésta es una empresa que tiene un límite natural que es el producto. No estamos interesados en montar una macro empresa para producir en los tres meses precedentes a la Navidad.
 


Hablemos algo más de la facturación de su empresa
 


En el 2002 hicimos un crecimiento de un 60% y en el 2003, alrededor de un 25%. Hemos llegado a un tope y la industria tiene un límite. Estamos en el momento de hacer el gran salto o controlarnos. Si hacemos el salto quizá nos la pegamos. Por eso queremos estabilizarnos un poco y seguir con estos números. 
 


¿No le han pedido franquicias en otros lugares?
 


Nuestro mercado natural son las tiendas que nos compran el producto para su posterior venta. Aún así, decidimos montar nuestra propia tienda, porque nos hacía falta un punto de referencia en Barcelona donde hubiese toda la gama y ésta estuviese expuesta. Pero el objetivo a cumplir es tener presencia en las mejores tiendas de Barcelona y del mundo. Con respecto a la pregunta en concreto, sí, tenemos un proyecto de franquicias desarrollado y estamos a la espera de su lanzamiento.
 


¿Aceptaría, pues, una oferta potente de alguna multinacional?
 


Ya nos han hecho alguna, pero esta empresa es como mi criatura y quiero hacerla crecer yo.
 


¿En qué países se venden los chocolates de Enric Rovira?
 


Ahora estamos vendiendo en Canadá, Estados Unidos, Méjico... Aquí en Europa cubrimos mercados como el de Noruega, Suecia y Dinamarca. En Austria nos ha sorprendido el gran volumen de ventas que estamos obteniendo, y en Italia también hemos empezado muy fuerte. En Londres nuestros chocolates llevan años comercializándose con gran éxito. Asimismo hemos hecho algo puntual en Japón y en China, pero allí hay un mercado muy grande y existe mucha competitividad. Lo principal es que intentamos estar en las mejores tiendas porque no fabricamos un producto masivo.
 


Imagino que el mercado más difícil en Europa es el francés ya que tienen mucha tradición chocolatera...
 


Los franceses en pastelería lo hacen muy bien. Y podemos declarar que desde siempre, los líderes del chocolate han sido ellos. Pero tienen una estética muy clásica. Cuando entramos en su mercado rompimos mucho con sus parámetros estéticos. Como anécdota puedo contarte que en la feria del chocolate de París, los franceses pasaban de largo de nuestro stand. Primero porque para ellos España es África. Y luego, porque la estética no les entra. Es otro lenguaje para ellos. En cambio los americanos y japoneses encajan más con nuestras formas y conceptos de chocolate.
 


En ocho años ha hecho muchas cosas. ¿No tiene miedo de que algún día se acaben las ideas?
 


No me preocupa, tengo una carpetita llena a rebosar... Hay conceptos, sabores y formas de comer chocolate aún por explorar. A veces limitas tu proyección y creación de nuevos chocolates por infraestructura, inversión o por otros factores. Ideas siempre surgen muchas pero se han de ir materializando poco a poco. 
 
 
 


Viene de una familia con tradición pastelera... ¿Habrá un futuro heredero de tu empresa?
 


No descarto la idea de convertir la empresa en un negocio familiar. Pero a mí me gusta hacer muchas cosas en la vida,  ser creativo y vivir el presente. Si mi padre hubiera sido carpintero quizá estaría haciendo muebles... Ya se verá en un futuro.