Presidente de la Fundació Ramon Trias Fargas

Vicenç Villatoro

Opinión y difusión

“Se sobrevalora el poder de los medios de comunicación”

Vicenç Villatoro asegura que, ahora, la manera de difundir cultura es diferente que antes, ya que los medios que habían existido siempre, como la lectura, no es que hayan desaparecido, sinó que se han transformado.

Jueves, 17 de Enero de 2008
La reflexión y el análisis de la política raramente proceden de los políticos. Acostumbra a surgir de fundaciones como la <b>Ramon Trías Fargas</b>, que toma el nombre de un destacado político catalán (1922-1989) que ocupó distintos cargos en la Generalitat. El objetivo de esta fundación es la de divulgar pensamiento en las dos líneas que CDC define dentro del partido: el nacionalismo por un parte y el conglomerado de posiciones centristas por otro. Sin olvidar otros temas candentes. Hoy hablamos con su presidente, Vicenç Villatoro.  


<div align='center' class='destacado'>“El lugar donde menos expresa una opinión un periódico es en su editorial. Donde se expresa más el modelo de un medio de comunicación es en la parrilla de programación”  </div><br><br><div align='center' class='destacado'>“Defiendo los medios públicos siempre que tengan una constitución que diga que existen para hacer un servicio. Para mi lo importante es la misión: que sea muy clara y socialmente muy entendida”</div><br><br><div align='center' class='destacado'>“Hasta hace relativamente pocos años, cualquier consumo cultural pasaba por la lectura porque no había nada más. En el siglo XIX la lectura cumplía unas funciones que en este presente siglo XXI se canalizan por otros medios”</div><br><br>
<b>En los últimos años, se nota un cierto protagonismo de fundaciones dependientes de partidos que parecen tener mucha opinión.</b>
 
Eso proviene del lenguaje político que tiene un inconveniente: el hecho de de que la palabra política siempre va vinculada con la acción. Cuando un político expresa una opinión, siempre se la vincula a una promesa o una perspectiva de acción. Una Fundación, aunque tenga una ideología, no comporta una perspectiva de acción. Puede hacer una reflexión sin que presuponga ningún tipo de reacción.


<b>Eso debe conllevar más libertad y tranquilidad al no estar obligados a nada más…</b>

Sí, esto hace que estas entidades sean más de pensamientos abiertos, lo que comporta que este pensamiento que se genera tenga un punto de gratuidad y de no límite. A ver, el hecho de que la sociedad a través de las entidades y las fundaciones debata, creo que es natural, lo raro sería que no pasara. Y por un lado hace que el pensamiento sobre temas públicos se vehicule por la libertad, para que no haya censura.  


<b>Pero las fundaciones recolectan amigos de la misma línea de pensamiento.</b>

Y también generan pensamiento sobre estas reflexiones. Mire, le voy a poner un ejemplo: el pluralismo religioso dentro de una sociedad democrática. Hace sólo 10 años que la gente no pensaba en ello porque sencillamente, no existía, pero ahora que existe sí que pensamos en cómo organizarlo. Lo que hacemos pues, es escuchar por individual a ver qué es lo que cada uno propone. Esto es tener amigos y, también, hacerlos pensar para encontrar unos puntos que podrán servir para futuras bases de pensamiento.


<b>Y aparte de estos temas de debate, ¿cuál cree que es el papel de las fundaciones políticas?</b>

Creo que el planteamiento de las fundaciones debe encauzarse al papel que debemos hacer para que la política se haga de otro modo. Hay muchos factores: las leyes electorales, los sistemas de comunicación… Una fundación como esta quizá hace unos años se hubiera preocupado de qué política hacemos, pero ahora se debe preocupar de cómo hacemos política.


<b>¿Siguen teniendo tanto poder los medios de comunicación?</b>
 
Sinceramente, creo que nunca han tenido tanta. Creo que se ha sobrevalorado la capacidad de los medios de imponer agenda política, cultural o deportiva. De acuerdo: los medios ordenan, pero no aquello que quieren a no ser que queden deslegitimados por la propia sociedad.


<b>Es esta, pues, la que manda.</b>

Vamos a ver, no se pueden hacer cosas que vayan contra el sentido común. La sociedad construye un pensamiento, una manera de ver: la vende a los medios y los medios se la devuelven. Pero esta sociedad es cambiante, pero no magmática: tiene unos valores y unos contravalores; y por lo tanto, los medios no inyectan una visión particular del mundo. Es la sociedad la que los crea. 


<b>¿Y la dicotomía público-privado en los medios, cómo la ve?</b>

Los medios públicos sólo tienen sentido si hay algo para preservar. En Cataluña puede ser la lengua, por ejemplo. Y si lo es la lengua, también puede ser la información. Sin embargo, el sector público sólo tiene sentido que intervenga en los medios de comunicación si el mercado no ha garantizado este bien público. En este sentido, que haya televisiones públicas en según qué lugares donde no existe un bien a preservar como la lengua, no lo acabo de entender del todo.


<b>¿Y cuándo entran los privados?</b>
 
Pues entonces esto entra en crisis. Entra en crisis cuando este medio privado se levanta y dice que el bien que preserva el público también lo puede preservar él. Aquí, la pintura política es lo de menos, porque el lugar donde menos expresa una opinión un periódico es en su editorial. Donde se expresa más el modelo de un medio de comunicación es en la parrilla de programación, y en este sentido las cadenas privadas de aquí son muy públicas, todas hacen informativos competitivos, y hacen cosas que se parecen mucho a las públicas.


<b>¿Prefiere entonces lo privado o lo público?</b>

Yo defiendo a las públicas, pero defiendo que tengan una especie de constitución que diga que existen para hacer esto. Para mi lo importante es la misión de un medio público: que sea muy claro y socialmente muy entendido.


<b>Sin embargo, parece que todo se diluye por la guerra de las audiencias.</b>
 
Por ello creo que en un programa de televisión, sea el que sea, se debe saber por qué y para quién se hace. Creo que los programas sobre libros en la televisión han tenido un código genético equivocado: se hacen para que haya más gente que lea, pero creo que el planteamiento es erróneo. No es que no deban hacerse: deben realizarse para que la gente sepa qué leer. Pero ahora es más fácil hacer un programa de libros que hace años.


<b>¿De veras? ¿Por qué?</b>
Pues porque antes existían menos cadenas de televisión. Ahora hay mucha oferta y cada cadena tiene unos límites. Así que estos <i>targets</i> que antes se quedaban por debajo del límite, ahora son posibles. No olvidemos que ahora el negocio es el canal temático, porque la segmentación de la oferta permite ir a <i>targets</i> más pequeños, pero más fieles.


<b>¿Y qué me dice de la entrada de la TDT?</b>

La programación cambiará, por supuesto. Antes se trataba de tener a toda la familia delante del televisor viendo lo mismo y tener una oferta que aspirase a sumar públicos. Ahora no, ahora la oferta aspira a decantar públicos, y por ello creo que esto da más oportunidades a las programaciones minoritarias. Pero también quiere decir que todos lo programas que se hagan serán más baratos.


<b>¿Y cómo incentivar más el consumo de cultura?</b>
 
Hasta hace relativamente pocos años, cualquier consumo cultural pasaba por la lectura porque no había nada más. En el siglo XIX la lectura cumplía unas funciones que en este presente siglo XXI se canalizan por otros medios. Es decir, hay consumos que la lectura ha traspasado al cine, a la televisión, a la imagen, a la música. La lectura es importante, pero creo que es sólo el subconjunto del consumo cultural. Lo que pasa es que las cosas no han desaparecido, sino que se han transformado.