Director y Editor de Anagrama

Jorge Herralde

 El mercado de la literatura en una sociedad dominada por la imagen

 “Si uno cree en la calidad de su producto, debe arriesgarse”

 Anagrama continúa combinando calidad y comercialidad en un mercado difícil

Lunes, 08 de Noviembre de 2004
 Anagrama nació en 1967, en los albores de una revolución cultural de una España que comenzaba a experimentar las primeras manifestaciones artísticas al margen del franquismo. A lo largo de más de 35 años, Anagrama ha efectuado una importante labor de edición de clásicos contemporáneos como Vladimir Nabokov, Tom Sharpe, Roald Dahl o Truman Capote, pero sin olvidar ser cuna y trampolín de autores contemporáneos como Roberto Bolaño, Paul Auster o Belén Gopegui. La independencia y constancia de Anagrama le han servido para ganarse un privilegiado lugar en las estanterías más eruditas, sin necesidad de fusiones y absorciones con grandes grupos editoriales. Hoy hablamos con Jorge Herralde, su director y editor. 
 
“No hay una ley general para publicar un libro. Hay muchos escritores que tienen la merecida suerte de publicar su ópera prima sin haberse recorrido multitud de editoriales”

“He tenido muchas ofertas por parte de editoriales nacionales e internacionales. Si no hubiera sido así, sería un poco dramático el hecho de no haberse sentido objeto de deseo”
 
 

Usted estudió Ingeniería...
 


Sí, pero me considero un ferviente humanista.
 


Ya que nunca se ha dedicado profesionalmente a esa rama tecnológica, imagino que al menos esa impronta le sirvió para tener una mentalidad bien esquematizada y ordenada...
 


Me gusta pensar eso, si no tendría la sensación de haber perdido buena parte de mis años de juventud estudiando una carrera que jamás la he puesto en práctica profesionalmente. 
 


El nacimiento de Anagrama se produjo en un ambiente cultural muy propicio...
 


El nacimiento de Anagrama fue previo a esta revolución. La editorial nació en 1969 pero llevaba funcionando virtualmente desde 1967. Anteriormente ya había empezado a tener un par de proyectos editoriales que tuve que ir dirigiendo al margen de la censura del régimen franquista. Pero sí, hay que reconocer que la editorial nació en un clima cultural y social muy agitado: El mayo del 68, las manifestaciones contra la Guerra del Vietnam, la contracultura americana, La Gauche Divine… 
 


¿Se vio bien su intrusión en el mundo editorial sin tener un referente u antecesor?
 


Por aquel entonces existían editoriales tradicionales como Plaza & Janés o Planeta. Anagrama junto a otras editoriales como Tusquets, de la mano de Beatriz de Moura, eran una respuesta a éstas. De alguna manera eran movimientos contra toda jerarquía, éramos jóvenes y teníamos muchas ganas de hacer cosas innovadoras. Nuestra propuesta, harto descabellada en un principio, fue moldeándose y cogiendo progresivamente una estructura empresarial más sólida.
 


En estos 35 años muchas editoriales se han quedado en el camino, otras han sido absorbidas por otros grupos y las restantes, como Anagrama han subsistido por su cuenta. ¿Le han faltado las ofertas?
 


He tenido muchas por parte de editoriales nacionales e internacionales. Si no hubiera sido así, sería un poco dramático el hecho de no haberse sentido objeto de deseo. Lo que pasa, es que puedo editar de la manera que me gusta sin estar en un gran grupo. Ser un gran grupo editorial no es un problema para llegar a ciertos sectores, porque nuestra distribución es muy buena en España y América Latina.
 


Veo que tiene sobre la mesa un artículo escrito por usted en el que titula “Publicar es divertido”...
 


Sí, se ha publicado hoy en El Periódico, a parte de mi labor profesional en frente de Anagrama me dedicó a escribir artículos y dar conferencias.
 


¿Todavía encuentra excitante su profesión? El verse envuelto de manuscritos, originales y libros y más libros...
 


Claro que sí. En este artículo cuento una anécdota en la que estando en Frankfurt, en la fiesta de un editor amigo mío, éste me comentaba lo importante que es hacer un trabajo riguroso e interesante, y a la vez, ofrecer un catálogo amplio y de calidad. Le di la razón y además añadí a su sentencia que "publicar es divertido". Es una actividad tan variada y estimulante... Además yo ostento la doble militancia, ya que soy editor y propietario de la empresa. 
 


¿Su doble faceta no le presiona en exceso?
 


A veces tengo presión, porque como le comentaba, escribo y doy conferencias y esto implica trabajo extra, pero no me quejo, ya que me lo paso muy bien. Adoro mi trabajo. Además, si hay algo que me gusta, es sentir el riesgo de editar libros. 
 


¿Existe riesgo en esa práctica?
 


Por supuesto. Cada libro es un prototipo ya que cada autor da su propia sorpresa. Los best-sellers no funcionan siempre de la misma manera en cada país. Por ejemplo, aquí en España y en Latino América, Paul Auster está muy bien considerado. Sin embargo, en Italia, no cuaja. 
 


¿Los medios de comunicación inciden directamente en el consumo y promoción de la cultura?
 


La convicción general es que las críticas y suplementos literarios son importantes a la hora de promocionar los libros cien por cien literarios. Aún así, todo el abanico mediático como las entrevistas y los reportajes, ayudan mucho en la promoción de los escritores. Lo malo es que a veces topas con medios de comunicación que favorecen a ciertas editoriales. Babelia, el suplemento literario de El País, es el medio que tiene más impacto a la hora de consagrar a un escritor. No obstante es propiedad de la editorial Alfaguara y a veces se nota mucho. 
 


Tras sus años de experiencia ¿percibe la diferencia entre una buena obra literaria que no tendrá repercusión, y un libro mediático que obtendrá buenas ventas?
 


Mi principal criterio en Anagrama es mantener siempre la calidad literaria. El catálogo habla sobre una editorial. Las editoriales pueden hacer grandes promociones y estrategias de marketing pero lo que de verdad importa es el catálogo. Hay ocasiones en que en Anagrama publicamos obras de autores minoritarios, conscientes de que no van a ser un éxito de ventas, pero a menudo nos encontramos con casos de autores con los que luego funcionan a nivel de ventas. El caso de más impacto es el de Ryszard Kapuscinski.
 


¿Qué proceso ha de seguir un escritor para publicar en Anagrama? ¿Importa el background?
 


No hay una ley general. Hay muchos escritores que tienen la merecida suerte de publicar su ópera prima sin haberse recorrido multitud de editoriales. Y existen casos, como el de Enrique Vila-Matas, que publicó sus cuatro primeros libros sin apenas obtener un mínimo reconocimiento.
 


¿Qué opina de los personajes mediáticos que se embarcan en aventuras literarias? Siempre surge el dilema de que si sus productos son literatura de calidad o no...
 


Los libros escritos por personajes mediáticos no pretenden ser literatura al uso. Todo el mundo tiene derecho a escribir, y más si lo que hace es decente y gusta. No obstante hay efectos colaterales producidos por estos autores. Por ejemplo, en El Día del Libro ocupan mucho espacio en las estanterías y las editoriales canalizan bastante dinero de promoción hacia ellos solos. Aún así, yo creo que la gente que quiera comprar un autor mediático no significa que deje de comprar la reedición de La Divina Comedia de Dante.
 


En televisión se hacen programas sobre literatura, pero quedan recluidos a horas intempestivas. ¿El hábito de lectura queda entre líneas?
 


Hacer buenos programas de literatura no es fácil, pero todavía es más difícil si no hay voluntad de hacerlos. Los programas sobre libros, siempre han sido una asignatura pendiente en la televisión, a excepción de lo que hacía Bernard Pivot en la televisión francesa. Pivot era un gran lector y comunicador y amaba lo que hacía. La pena es que cada vez  fueron relegando su programa a franjas horarias inaccesibles para el gran público.
 


¿Cómo se plantea el futuro en la edición de libros? ¿Surgirán alternativas al papel?
 


Con este tema soy muy escéptico. Se habló mucho de la extinción del soporte papel allá por 1998. Creo que el soporte digital es un buen complemento al papel, pero el libro nunca morirá porque es un invento fantástico. No necesitas enchufarlo, te lo puedes llevar a cualquier parte, su tacto es exquisito... El libro es un gran invento.
 


¿Después de años y años leyendo libros, todavía hay algo que sorprenda a Jorge Herralde?
 


Uno de los casos más espectaculares con los que me he topado, es la última y grandísima novela de Roberto Bolaño 2666. Cuando la terminé pensé que estaba ante uno de los mejores libros que había leído en mi vida. Además está teniendo unas críticas excelentes. En Estados Unidos, que es un mercado difícil, tenemos a dos editoriales compitiendo por obtener los derechos de edición de su obra, que tiene 1.100 páginas, es completamente literaria y está por traducir al inglés. Con esto demuestra que es una gran novela y para mí es un placer tenerla en el catálogo de Anagrama.