Director de Andersen S.A.

Lau Kjeld Andersen

 La importancia de la nutrición animal en la cadena alimentaria

 "España debe potenciar su mentalidad exportadora. Está capacitada para hacerlo"

 Todos estamos a favor de la seguridad para el consumidor, aunque a veces es exagerado lo que se nos pide a los fabricantes

Martes, 23 de Noviembre de 2004
 Fundada en 1974, Andersen S.A. pone a disposición del sector agropecuario español soluciones innovadoras y seguras para la salud y nutrición animal. Su gama de productos se divide en ingredientes y aditivos, destinados a la alimentación animal; y productos destinados a la sanidad. En los últimos tiempos ANDERSEN ha establecido una joint venture con la compañía japonesa ASAHI VET y además es accionista de la empresa portuguesa TECADI LDA, la cual distribuye su producción en Portugal. Investigación y Desarrollo son las máximas que defiende ANDERSEN, en un mercado que se encuentra en un momento de transición. Lau Kjeld Andersen nos ofrece su visión. 
 
"Las multinacionales tienen la capacidad y el dinero para conseguir los permisos de comercialización de sus productos nutricionales. Para el resto la única salida es realizar alianzas, aunar esfuerzos"

"La defensa de la alimentación natural es un extremo bastante tonto. Si se volviese a enviar los animales al campo morirían todos y los precios se multiplicarían por quince"

"Potencias como China e India vienen aquí con productos de baja calidad pero con precios muy inferiores a los nuestros"

"Brasil está invadiendo el mercado con sus pollos, muy baratos y que hacen mucho daño a los productores europeos"
 
 

¿Qué análisis hace de la situación actual del sector agroalimentario en España?
 


Europa es cada vez más estricta en la normativa que regula el uso de productos químicos y farmacéuticos en los alimentos y en los animales, respectivamente. Realmente, nos lo están poniendo muy difícil. En España, la situación no es ni mejor ni peor. El país ha tenido que correr mucho para llegar al nivel de calidad y exigencia europeos. 
 


El problema actual en España se encuentra en el proceso de registro de los productos innovadores. A grandes rasgos, la alimentación animal se rige por la normativa comunitaria y la medicina animal, por la de cada estado miembro. Es en este campo donde tenemos problemas, porque hace falta un conocimiento de fondo, una capacidad de interpretación de las normas comunitarias y aquí, en España, hay gente joven, sin experiencia, sin idiomas. Las perjudicadas son las empresas. 
 
 


¿Hasta qué punto estrangula a la industria este exceso de reglamentación?
 


En especialidades veterinarias estamos absolutamente pillados, asfixiados por el sistema. En otros países también hay una normativa dura, pero sabes a qué atenerte. Aquí no, muchas veces no hay respuestas. Las multinacionales tienen la capacidad, el conocimiento y el dinero para conseguir los permisos de comercialización de sus productos nutricionales. Para el resto, en cambio, la única salida es realizar alianzas entre compañías de un tamaño similar, aunar esfuerzos. 
 


Dentro de esta tendencia a reglamentarlo todo, a partir del 1 de enero del 2006 estará prohibido usar antibióticos en el pienso… 
 


Creo que todos estamos a favor de la seguridad para el consumidor, aunque muchos coincidimos en que a veces es exagerado lo que se nos pide a los fabricantes. Ahora nos dicen que sólo se permitirán los antibióticos terapéuticos, por lo que hemos de trabajar para mejorar la calidad del pienso. Una buena alimentación soluciona muchos problemas, y descuidar la alimentación provoca un aumento de los gastos en otros aspectos. 
 


¿Cree que las empresas españolas del sector agroalimentario están preparadas para competir?
 


España ha tenido superávit en la producción en los últimos años. Cuando obtiene este excedente, la única solución es vender fuera, pero si antes no te has preocupado en tener el canal de venta abierto y una cierta estructura, entonces sólo puedes bajar los precios. En Dinamarca, en cambio, se exporta el 80% de la producción nacional, frente al 10% de la española. España podría ser un gran país exportador, pero le falta esa cultura y tiene una mentalidad un poco cerrada. No se puede exportar sólo cuando te sobra. 
 


¿De verdad está convencido de que sólo se trata de un cambio de mentalidad?
 


Bueno, no sólo. Seguro que hay unanimidad en que aquí hay que trabajar más en términos de calidad. Como decía, Holanda y Dinamarca exportan el 80%. En el primer caso, las empresas holandesas han bajado mucho los precios y han descuidado un poco la parte alta del mercado. En Dinamarca se ha cuidado más la calidad, lo que le ha llevado a ser uno de los mayores exportadores a Japón, un mercado muy exigente. Ahí obtienen buenos márgenes. España debe definir cuál es su apuesta y aprovechar las grandes oportunidades que ya se están presentando. 
 


El problema es que este proceso se desarrolla en un momento en el que se acrecientan las importaciones a Europa de productos procedentes de Asia y Latinoamérica…
 


Sí, en Asia hay potencias como China e India que deben ponerse en marcha para poder crecer, y esto nos fastidia porque vienen aquí con productos de baja calidad a precios muy inferiores a los nuestros. Al mismo tiempo, crecen las restricciones que tenemos en Europa a las importaciones de fuera de la Unión Europea, pero no hay control. Brasil, por ejemplo, está invadiendo el mercado con sus pollos, muy baratos y que hacen mucho daño a los productores europeos. 
 


¿Se debe recurrir a las ayudas públicas para salvar la producción europea?
 


Tiene que haber un equilibrio. El tema de la intervención pública es como un péndulo que cuesta mantener en el centro. La clave está en el consumidor y en su seguridad. 
 
 
 


Ahora, uno de los temas más candentes es el referido a los purines. ¿Qué posturas deben adoptar los gobiernos con esta cuestión?
 


Es muy complicado. Los que estamos en el sector no sabemos qué hacer. Si no nos ayuda el Estado, seguro que hay problemas. En el Norte de Europa, hay restricciones importantes, como la de que tienes que ser dueño de la mitad de la tierra para poder abonar. Otra solución que cobra fuerza es la de levantar plantas de producción de biogas a partir de los purines. 
 


¿Qué opina del auge del ecologismo y de posturas como la defensa de la alimentación natural?
 


Creo que la defensa de la alimentación natural es un extremo bastante tonto. Además, para llegar a esto que defienden, habría que volver a enviar a los animales al campo, donde morirían todos. Es un desorden total, y los precios se multiplicarían por quince. A los ecologistas radicales quiero hacerles una reflexión: Hoy podemos comer porque el pollo vale lo mismo que hace 40 años. Antes, comer se llevaba buena parte del presupuesto familiar y hoy es apenas el 10%. 
Más que de ecología, hay que hablar de salud y moderación, seguridad en el uso de los insecticidas, en la medicación de los animales, en su alimentación. Y sí, estoy a favor de que se cuiden las condiciones de vida de los animales. 
 


¿Cómo le va a Andersen, la compañía que Ud. dirige desde hace tantos años?
 


Andersen goza de una posición muy fuerte en nuestro sector, con un liderazgo claro en las categorías de los productos que comercializamos. Traemos muchos productos a España, aunque querríamos hacerlo a un ritmo superior. Cuesta mucho entrar en España, y si no vendes a los grandes, los pequeños no te compran. Ningún ganadero quiere ser el primero en probar un producto nuevo si no hay una universidad o una institución de prestigio independiente que lo avale. Es muy duro.