Director de R&D de Imasde Agropecuaria

Pedro Medel

 La fragmentación del sector agroalimentario dificulta la capacidad de investigación

 "El gran reto de la industria agroalimentaria es la implantación de la normativa europea de trazabilidad en 2005"

 "No debemos perder las oportunidades del mercado exterior"

Martes, 23 de Noviembre de 2004
 Imasde Agropecuaria S.L. nació en 1999 como segregación del Departamento de Producción Animal de la Universidad Politécnica de Madrid y está constituida por ingenieros agrónomos y veterinarios expertos en producción animal, calidad y seguridad de los alimentos. En muchas ocasiones sirve de nexo entre los intereses de la industria y la capacidad de investigación de las universidades, dando forma a los proyectos I+D+i necesarios para alcanzar los objetivos empresariales que incrementan la competitividad de la industria. Su ámbito de actuación se centra en el sector agroalimentario. 
 
"Cada proyecto agroalimentario supone una inversión en investigación de unos 10 millones de euros"

"Nuestra aportación es detectar las necesidades de las empresas y encauzar su investigación con los medios precisos"

"El reto del sector es cómo afrontar la llegada de productos de fuera a precios muy inferiores a los de aquí y la respuesta es la calidad"

"En la industria agroalimentaria se dedican bastantes recursos a la formación del personal, sobre todo en las grandes empresas"

"El gran problema es que en muchas de las instalaciones agroalimentarias hay flujos continuos y se mezclan partidas distintas"
 
 

En la sociedad actual, la de las nuevas tecnologías, se asocia la investigación a la industria o al mundo de las telecomunicaciones. Pero, ¿cuál es el nivel de la investigación en el sector agroalimentario español?


El sector es bastante innovador, aunque puede ser que no transmitamos esa imagen. En España estamos a un nivel medio de investigación, sin nada que envidiar a muchos países europeos. 
Las principales áreas de investigación son el desarrollo de nuevos productos, el incremento de la calidad, la mejora de la seguridad, las nuevas presentaciones para determinadas aplicaciones, las nuevas técnicas de preparación y el impacto de la producción en la calidad de los productos finales. Pese a todo, aún queda mucho por hacer.
 


En definitiva, que España no está en la primera división de la investigación europea…


Efectivamente, España no es puntera en la investigación agroalimentaria, mientras que Holanda, Francia y Dinamarca sí lo son. Nosotros estamos en un grupo intermedio en cuanto a la potencia innovadora. Para entrar en ese primer grupo sería necesario que el sector entrara en el ámbito europeo de investigación: el Sexto Programa Marco de la Unión  Europea.
Hasta ahora, la administración no nos ha animado a apuntarnos al programa y ya se sabe que ir solos es imposible ya que cada proyecto agroalimentario supone una inversión en investigación de unos 10 millones de euros.
 


¿Cuál puede ser la aportación de Imasde Agropecuaria al impulso de la investigación?


Imasde nació como una segregación del departamento de producción animal de la Universidad Politécnica de Madrid hace cinco años. En este tiempo nos hemos expandido a Cataluña y Galicia y hemos trabajado ya en unos 20 proyectos financiados por el Programa Profit del Ministerio de Industria, el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial), INIA(Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria), CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y otros organismos. Nuestra aportación es detectar las necesidades de las empresas y encauzar su investigación con los medios precisos.
 


¿Contempla la posibilidad de desembarcar en el exterior?


No a corto plazo. Tenemos muy buena relación con la empresa holandesa CFL, que cuenta con una filosofía similar a la nuestra. Ellos tienen grandes laboratorios y nosotros disponemos de granjas asociadas en Cataluña y Murcia que se prestan a colaborar con nosotros. Entre CFL e Imasde se ha creado un caldo de cultivo interesante que nos ha llevado a colaborar en proyectos conjuntos y a descartar, al menos de momento, la expansión internacional de nuestra empresa.
 


¿Qué porcentaje de empresas agroalimentarias dedica recursos a la investigación?


Hay muchísimas empresas, yo diría que más de la mitad, que no realizan ninguna actividad de investigación y desarrollo (I+D). Entre las que investigan existen muchas diferencias, ya que dedican entre el 1% y el 5% de sus ingresos a estas tareas. El sector agroalimentario se encuentra muy fragmentado y hay miles de pequeñas y medianas empresas que no tienen capacidad de investigar.
Hecha esta aclaración, también conviene resaltar que contamos con empresas españolas muy competitivas y punteras, como Vall Companys en el porcino, El Pozo y Campofrío, grandes productores de piensos, etc.
 


¿Hasta qué punto es importante la investigación frente a la competencia de las importaciones procedentes de países en vías de desarrollo?


Es fundamental. En estos momentos se está armonizando la legislación europea, sobre todo en una materia clave como es la seguridad. Tras la experiencia de las crisis de las vacas locas o la dioxina, era necesario poner un cierto orden en la normativa, aunque la consecuencia negativa sea el aumento de los costes y el ensanchamiento del diferencial de precios con otros países. El reto del sector es cómo afrontar la llegada de productos de fuera a precios muy inferiores a los de aquí y la respuesta es la calidad. Hemos de mantener la esperanza en que el consumidor europeo valorará los métodos de producción de aquí, los estándares de seguridad y nos otorgará su confianza.
 


Se autoimpone, pues, la necesidad de ser optimista, ¿no?


No tenemos más remedio que ser optimistas, sabiendo que no nos podemos dormir. Para eso, debemos mejorar la competitividad, optimizar los sistemas de producción, incrementar la calidad de los productos y no perder las oportunidades del mercado exterior.
Ésta será, según creo, una de las claves: la salida al exterior. España es un gran productor de porcino, con cerca de tres millones de toneladas de carne anuales.
Hace cinco años, el país era autosuficiente y ahora exporta ya el 13% de su producción. Esto quiere decir que, para seguir creciendo, el sector deberá aumentar el consumo interno o las exportaciones. El reto comporta también un riesgo y es que si algún día sobreviene algún problema sanitario grave, las pérdidas serán mucho mayores.
 


Ud. habla de conquistar mercados, pero a veces se dejan de lado aspectos más primarios, como el de la formación, sin la cual no hay avances posibles…


Estoy de acuerdo, pero conviene no exagerar. La formación base del sector es la apropiada. Es cierto que entre los agricultores y ganaderos no es muy alta, pero en la industria agroalimentaria se dedican bastantes recursos a la formación del personal, sobre todo en las grandes empresas. Quizás falta apostar más por la formación en las pequeñas empresas, como los secaderos de jamones, los pequeños mataderos y organizaciones empresariales similares.
 


Entonces, ¿cuál es el mayor desafío que tiene planteado la industria hoy en día?


Sin duda alguna, el de implementar la nueva normativa. El Reglamento 178/2002 de la Unión Europea obliga a implantar a partir de enero del 2005 la trazabilidad o rastreabilidad de los productos, desde la materia prima o su estado embrionario hasta la presentación final en el punto de consumo. En algunos subsectores, como el vacuno, están completamente al día, mientras que otros van más retrasados.
El gran problema es que en muchas de las instalaciones agroalimentarias hay flujos continuos y se mezclan partidas distintas. No va a resultar sencillo cumplir con la legislación. En Imasde ayudamos a desarrollar e implantar sistemas de trazabilidad.