Director Adjunto de la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació

Jordi Mas

Innovación científica

“No dejemos que la investigación se quede en un cajón, ¡apliquémosla!”

Jordi Mas cree que una sociedad que ignore la ciencia no podrá ser nunca democrática y asegura que muchas de las decisiones que tomamos son, en el fondo, tecnológicas.

Martes, 16 de Diciembre de 2008
Ciencia y Empresa no deberían ser palabras casi contradictorias en nuestro país. La innovación es aquello que marca el futuro, aunque su gestación sea larga y su desarrollo lento. Y hay entidades que se esfuerzan para que sea así. La Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació es una institución privada sin ánimo de lucro que tiene entre su finalidades la de promover un mayor reconocimiento de la importancia de la ciencia.
“Hay la percepción de que la gente no sabe para qué se aplica la ciencia. Hay descubrimientos muy importantes que nos atañen a todos, y eso deberíamos priorizarlo en los medios. No damos valor al mero hecho de comunicar, y es esencial”

“No sabemos articular lo suficientemente bien todo lo que la ciencia hace, y la explotación, lo que debería ser el paso final para encontrar un buen ensamblaje entre la ciencia y la empresa es lo que falla”

“Las empresas deberían entender que la investigación y la innovación son el futuro de todos. Entiendo que las empresas vayan a por los resultados, es lógico, pero la investigación requiere tiempo y paciencia. Y al final, compensa”
Parece que empezamos a tomarnos en serio el tema de la ciencia.  
Y ya era hora. Creo que una sociedad que ignore la ciencia no podrá ser nunca democrática, porque no podrá tener criterios propios sobre determinados criterios que nos afectan cada día. Muchas de las decisiones que tomamos son, en el fondo, tecnológicas y no se puede opinar si no hay un conocimiento básico. Así que la innovación científica es muy importante para hacer llegar al ciudadano información de primera mano en un mundo cada vez más dinámico y tecnológicamente más activo. 

Bien, eso es algo que no atañe a toda la población. 
En cierta manera sí, porque se habla de socializar la ciencia. Pero de un modo en el que los científicos deben conservar su independencia, es decir, hace falta una élite que genere nuevos conocimientos de aquello que nos es desconocido. Pero a su vez, también hace falta que todo ello llegue a todos. Y el canal que se acostumbra a utilizar son los recursos públicos, así que hay que utilizar unos conocimientos científicos que simplifiquen el mensaje pero no lo vulgaricen.

Para llegar a la población…
Claro. Pero además en estos últimos años se ha introducido un concepto muy interesante: el hecho de que ahora ya no es sólo el científico que expone unos hechos y la población que simplemente los acepta. Ahora se ha pasado a un concepto bidireccional, en el que el científico aporta su idea pero el público también opina y expone sus criterios.

¿Y dónde se puede encontrar eso?
Pues mire, en Holanda, por ejemplo. Allí nació un concepto que se llama Science Shop. El hecho de utilizar la universidad y los científicos a favor de la sociedad es muy importante porque será la única manera de que las personas entiendan el uso real de lo científico. Y esto se debería de ir profundizando.

Y así llegaríamos al debate social. 
Efectivamente. Ahora deberíamos llegar a una etapa que podríamos llamar la “socialización de la ciencia”, un espacio en el que todo el mundo pudiera colaborar. Pero ¡ay! Tenemos un problema de comunicación. No siempre un buen científico es un buen comunicador, así que para llegar a la gente se requiere algo más.

Saber transmitir las ideas.

Sí, hay la percepción de que la gente no sabe para qué se aplica la ciencia. No sé, se están haciendo por ejemplo, muchos avances en las enfermedades mentales, y eso es algo que nos atañe a todos, que deberíamos priorizar en los medios. No damos valor al mero hecho de comunicar, y es esencial, porque hay canales muy potentes para hacerlo. Pero no sabemos gestionarlo demasiado bien.

Bien, pues de lo que se trata es que haya comunicadores en ciencia, ¿es así?
Así es. Y ya encontramos a grupos de investigación que incorporan a una persona que se dedica a la comunicación. Y a partir de aquí, se organizan charlas en las escuelas, se escriben artículos en los periódicos, y se difunde lo que se hace. Y es importante, muy importante que haya alguien que haga de nexo entre el laboratorio y la sociedad.

Quizá de esta falta de comunicación a la que alude también hay la percepción de que no se investiga lo suficiente en este país. 
Es falso, creo que se hace gran investigación. Y el nivel de aquí es tan alto como cualquier otro país desarrollado. Pero sí que hay algo muy claro: la contribución de artículos científicos en el mundo. Estamos situados en el sexto o séptimo puesto de calidad de publicación científica.

Entonces ...
Lo que falla es la aplicación. No sabemos articular lo suficientemente bien todo lo que se hace, y la explotación, lo que debería ser el paso final para encontrar un buen ensamblaje entre la ciencia y la empresa es lo que debemos perfeccionar.

¿Y qué cree que se debería hacer?
Creo que hace falta cambiar el chip de lo que es un investigador. Pero también se debe apostar por una innovación puntera, y ésta debe ser explotada, económica y socialmente. No dejemos que la investigación se quede en un cajón, ¡apliquémosla!  

¿Hay algún otro problema que debamos resolver?
Sí, que el desarrollo también esté bien visto. Antes y más frecuentemente de lo que pensamos, había departamentos en los que los profesores que trabajaban para empresas estaban mal vistos. El mundo académico ha sido muy endogámico y esta dinámica que tenemos que mejorar incluye la explotación de la investigación de calidad.

Vayamos ahora a las empresas. ¿Hay algo que debamos mejorar en ellas?

Creo que debería haber más implicación de la empresa en general. Las empresas deberían entender que la investigación y la innovación son el futuro de todos. Entiendo que las empresas vayan a por los resultados, es lógico, pero la investigación requiere tiempo y paciencia. Y si las empresas cierran sus departamentos de I+D cometen un grave error, ya que están cerrando sus puertas a un futuro a largo plazo. Y no es el mejor modo de afrontar la crisis, por supuesto.

Hablemos de la ciencia que no sea la de los microscopios y las batas.  
También hay mucho que decir. A veces, por ejemplo, comento el caso de Ferran Adriá, que tiene detrás un laboratorio brutal y es un ejemplo muy claro de como un ámbito como es la cocina tiene la dimensión que debe tener un nivel de investigación. De hecho, es uno de los modelos de un nivel de negocio que es casi espectáculo y que está fundamentado en una base sólida. Eso sí: lo que no puede ser es que haya una persona que domine el marketing y la comunicación, pero que se quede sólo con eso. Detrás debe haber una base. 

La crisis también habrá llegado a los presupuestos. 
Aún se están elaborando, pero sí, obviamente hay una congelación importante. Nosotros no gestionamos dinero directamente, sino que la Generalitat de Cataluña es la que lo hace. Dependemos, pues de un presupuesto público y debemos encontrar proyectos sostenibles, pero lo bueno es que no somos una empresa, así que podemos tomar riesgos que quizá en el ámbito privado no podrían permitirse. 

Convénzame de que este es un país que necesita la ciencia para avanzar. 
Creo que entonces deberíamos preguntarnos qué país es el que queremos. Somos muy creativos en ámbitos como en la cultura, por ejemplo. Y en el fondo, un creativo es también un científico, porque el espíritu viene a ser el mismo. La sociedad industrial hace tiempo que está agotada. Ahora, lo importante, pues, es ser creativos.