Socio responsable del departamento laboral de JGBR Horwarth

Max Arias

Más que un abogado

“La crisis no tiene que ser una excusa para echar a la gente a la calle”

Max Arias asegura que en tiempos de incertidumbre, el abogado laborista acostumbra a ser más que un abogado, ya que el cliente pide consejos, pero es imposible que el abogado pueda suplantar sus decisiones.

Martes, 13 de Enero de 2009
JGBR Horwath Abogados y Asesores Tributarios inició su actividad a principios de los años veinte en Barcelona, y a lo largo de sus más de ocho décadas de trayectoria, el despacho ha adaptado su modelo de organización a las actuales necesidades del entorno empresarial. Actualmente, está integrado en la  asociación de servicios profesionales Horwath International, que cuenta con más de 490 oficinas en más de 100 países de los cinco continentes.
“En los tiempos buenos los despachos de asesoramiento laboralista somos un mal necesario. Pero en los malos, somos del todo imprescindibles”

“Con los sectores inmobiliario y automovilístico tan tocados, la cosa pinta dramática. Y los que tenemos que defender los intereses de las empresas estamos asistiendo a una desagradable lotería de reajustes de empleos”

“A mis clientes, y dentro de mi ignorancia en la actividad económico, siempre les digo que esta crisis es transitoria. Está claro que no estaremos toda la vida así”

¿Cómo se encuentra su área en estos tiempos de crisis?
Mire, pasa algo curioso. En estos tiempos de incertidumbre el abogado laborista acostumbra a ser más que un abogado. El cliente a menudo te pide consejos pero es imposible que el abogado pueda suplantar sus decisiones, porque el asesor hace eso, asesorar, y las decisiones las debe tomar el empresario. En los tiempos buenos somos un mal necesario, las cenicientas de la profesión, pero en tiempos de crisis, los departamentos de derecho laboral somos imprescindibles en los despachos profesionales.

Parece que desde los 20 tenía clara su vocación.
Era un bicho raro, lo admito. No fue influencia de Perry Mason, se lo aseguro (risas), entre otras cosas porque me crié en Suiza, y allí sólo recuerdo al Super Agente 86, aunque no era abogado... Lo cierto es que siempre he recibido una formación muy helvética y creo firmemente en los valores de la justicia y igualdad. Comencé como titular de mi propio despacho y progresivamente me fui especializando en el área laboral, un terreno que parece reducido, pero que si se escarba un poco, es de una profundidad tremenda. En el día a día aplicamos más de 2.000 normas. Una locura.

¿Cómo se presenta este 2009 desde el punto de vista laboral? Supongo que movido…
Con los sectores inmobiliario y automovilístico tan tocados, la cosa pinta dramática. Y los que tenemos que defender los intereses de las empresas en las relaciones laborales estamos asistiendo a una desagradable lotería de reajustes de empleo.

El gobierno y el poder político a veces acaban decantando la balanza en casos de regulación. ¿Cómo se vive esa situación?
En estos casos siempre se genera un gran clima de confusión. Gracias a nuestra estructura de separación de poderes y el derecho al recurso, una decisión de la autoridad laboral se puede impugnar en vía judicial. Pero al final nos basamos en lo que establece la jurisprudencia, que se forma lentamente... Y nos encontramos que hay situaciones que se están dando ahora que, hasta dentro de 2 años, no llegarán al Tribunal Supremo. Y no todo vale en la crisis, no tiene que  ser una excusa para ejecutar EREs.

¿Qué tipología de clientes tienen?
Nuestra cartera es heterogénea, y comprende desde pymes hasta corporaciones transnacionales, pero los socios de JGBR Horwath defendemos con especial cariño y ahínco y estamos muy orgullosos de nuestros clientes históricos, empresas catalanas de larga tradición, compañías familiares que han sabido adaptarse a los tiempos, internacionalizándose y estableciendo líneas de negocios con China, India u otros países. Empresas que, en definitiva, gozan de buena salud.

¿Y cómo son las relaciones de sus clientes con el empresariado chino?
Son complicadas. Los empresarios de aquí pueden plantear líneas de colaboración con toda la vocación de permanencia en el tiempo y voluntad continuista y de futuro, pero los empresarios chinos trabajan con las coordenadas puestas en poner fechas de caducidad a las colaboraciones.

Volvamos a la crisis. ¿Cree que nuestra seguridad social podrá aguantar el número actual de parados en España?

Estamos asistiendo a una escena de destrucción masiva de empleos y vivimos en un estado que, sin ser una providencia, tiene mecanismos prácticos defensores de estas prestaciones. Pero los números chocan e inquietan. Han sido 400.000 los empleos destruidos en España durante el 2008, y no sabemos si el equipo económico del señor Solbes (Vicepresidente Segundo del Gobierno y Ministro de Economía y Hacienda) o su sucesor contemplarán esta realidad. Y esto, a final de año esto se traduce en consumo de muchos recursos de los fondos de reservas de la seguridad social. Los números se me escapan, pero es una incógnita si esto resistirá. Dentro de mi ignorancia en materia económica, y como quiera que a menudo el abogado tiene que actuar casi como psicoterapeuta, digo a los clientes que hay que ser optimistas, que esta crisis es transitoria. Está claro que no estaremos así toda la vida. 

Se están llegando a cifras de crecimiento del paro proporcionales a las cifras de crecimiento de la población. Mucha mano de obra calificada está yendo al paro y el sector servicios sigue en pie con mano de obra barata y profesionales extranjeros.
Un tema que ha pasado de puntillas para la opinión pública es el quiebro que ha querido hacer el Gobierno Español con las acciones que, eufemísticamente, han llamado “Planes de retorno voluntario”. Se ha establecido una norma consistente en incentivar, pagando la capitalización del paro, el retorno de trabajadores extracomunitarios a su país. Es un tema que ha pasado bastante desapercibido, pero que refleja la preocupación del legislativo por esta cuestión.  ¿Realmente resistirá el sistema laboral a la crisis? ¿Soportarán los fondos de la seguridad social todas estas situaciones? Es una incógnita. Porque el fondo de la Seguridad Social gozaba de muy buena salud hasta ahora, muy especialmente gracias a la cotizaciones a la seguridad social que ha supuesto la mano de obra inmigrante.


Una de las vías más socorridas actualmente es el creciente uso de la capitalización del paro para montar un nuevo negocio. 
Atención a esto. Es una de las otras posibles esperanzas en las que tenemos experiencias negativas. A principios de los noventa, las prestaciones para el paro eran insostenibles -como por ejemplo el plan de empleo rural-, y se producían casos flagrantes de personas que accedían a la prestación social durante un mes habiendo trabajado uno o dos días. Algo totalmente insostenible, en un sistema que propiciaba el fraude y que hubo que corregir. Corremos el riesgo de que si el Ejecutivo vuelve a abril mucho la mano en este asunto, ese riesgo vuelva a darse.

Frustrada intención de aumentar la jornada laboral a 65 horas ¿Cómo vivió este escenario?
Bien, es una pregunta que como liberal que soy me veo obligado a responder, aunque no me corresponda, influenciado por mi orientación política. La famosa ley de las 65 horas, esta propuesta directiva, que se ha revelado como un bluff y que el Parlamento Europeo ha tumbado, es un efecto boomerang de algo que no se tendría que haber producido nunca, el famoso discurso que hubo en Francia durante los 90 a favor de la jornada laboral de 35 horas.

Vino de Francia.
Sí, y no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que está haciendo Nicolás Sarkozy (Presidente de Francia), pero creo que su discurso es totalmente realista, propio de una sociedad de mérito. El lo dijo en francés hace poco, un comentario, que podríamos traducir más o menos como “Quien quiera peces que se moje el culo”. Creo que hemos de primar, con salarios mínimos garantizados, el hecho de conciliar trabajo y vida personal de los trabajadores, pero no tiene porque ser así de forma obligatoria para todas las personas. También hay quien, si quiere, tiene la opción vital de hacer un mayor esfuerzo en su actividad profesional. La mínima bondad que escondía la propuesta directiva, era que ciertas personas, sin ser forzadas, pudieran hacerlo durante 65 horas cada semana.

Esto aborda el espinoso tema de las horas extras.
La ley estipula que el empresario no debe obligar al trabajador a hacer horas extras. Pero no ocurre a la inversa. Lo que ocurre es que países de áreas económicas emergentes como Europa del Este, están dispuestas a trabajar, no 65 horas, sino hasta 80. Y esta ley perseguía regularizar las condiciones de trabajo de países emergentes. Las cosas han cambiado durante los últimos 10 años. Los países del Este ya no son primos lejanos, sino vecinos con los que tenemos que compartir un mismo proyecto político y económico, con todos los pros y contras existentes.