Consultor y autor de “Soy consultor (con perdón)”

Carlos Abadía

Gestor de equipos

“Un buen consultor tiene que ser un buen gestor de equipos”

Según Carlos Abadía, el consultor debe ser un artesano, ya que en cada caso se juega su prestigio, su dinero y su confianza.

Martes, 10 de Marzo de 2009
La de consultor es sin duda una de las profesiones con peor prensa en el mundo empresarial. Quizá porque hay más malos que no buenos, o porque se trata de confiar en alguien a quien apenas para depositar en él el rumbo de una empresa. Sea como fuere, ya va siendo hora de reivindicarlos. A los buenos, claro está. Con su experiencia de más de veinte años en el sector, Carlos Abadía nos presenta su libro titulado oportunamente Soy consultor (con perdón).
“El consultor debe saber algo concreto y específico, no vale decir que lo sabe todo, porque entre otras cosa, no es cierto. Una empresa es algo sumamente complejo, donde existen muchas variantes”

“Un consultor debe tener ante todo mucha prudencia, porque los errores se pagan muy caros. Debe ser un artesano en el que en cada caso se juega su prestigio, su dinero, y su confianza”.

“La tecnología te puede ayudar porque tienes un soporte documental, pero no todo te lo cuentan las pantallas del ordenador. Lo esencial viene de lo que te dicen las personas cara a cara”
¿Cómo se le ocurrió escribir el libro?
Hace ya algún tiempo. Cuando empecé en esto de la consultoría, lo hice con buen pie, porque gestioné un par de consultas interesantes. Pero en una de ellas, el consejero delegado me dijo que era un gran vendedor de humo. Y eso me molestó. Así que empecé a pensar que se entendía muy mal esto de ser consultor y empecé a tomar notas sobre el tema.

¿Y por qué cree que está mal vista esta profesión?
Creo que la consultoría en general se entiende mal. El consultor debe saber algo concreto y específico, no vale decir que lo sabe todo, ya que una empresa es algo sumamente complejo, donde existen muchas variantes. Lo del libro empezó como un tema de orgullo, lo admito, el hecho de decir “no, no vendo humo sino aire puro”. Y la coletilla del “con perdón” es porque se entiende muy mal lo que es un consultor y casi tienes que pedir disculpas por ejercer esta profesión.

¿Qué es lo que recoge el libro?

Pues un poco lo que creo que es un consultor y luego la experiencia de 20 años. Esencialmente es un tema de comprensión de lo que es una consultoría y, desde mi punto de vista, lo que debe hacer un profesional, que no es poco de mucho sino mucho de algo.

Y supongo qué es lo que debe hacer para estar bien pagado.

Nadie empieza ganando un dineral, esto por supuesto. En el fondo, valoras tu experiencia y en una consultoría, una de las cosas esenciales es la confianza. Al final, como en cualquier otra profesión, te vendes a ti mismo.

Bien, ¿y qué es lo que vende usted?
En mi caso vendo estrategia, estructuras, sistemas y formación. Hay que tener muy claro lo que vendes. Y es bueno haber pisado alguna empresa alguna vez, porque cada una es como es, con sus relaciones, sus intrigas, sus secretos. Y ello sin olvidar la confianza y el respeto.

Explíquese.
Confianza significa que ese trabajo que haces como externo a la empresa, lo haces de manera aceptable hasta que lo empiezas a hacer bien. Pero debes tener ante todo mucha prudencia, porque los errores se pagan muy caros. El consultor debe ser un artesano en el que en cada caso se juega su prestigio, su dinero, y su confianza.  

¿Y el respeto?
No debemos olvidar que te metes en una empresa que tiene una estructura determinada, con sus normas y costumbres, y probablemente habrá gente a la que no le hará gracia que te inmiscuyas, porque se pondrán al descubierto ciertas carencias.  La clave es tener este respeto por las personas que por tu actuación podrán sufrir unas consecuencias, sean profesionales o personales. Por eso el consultor debe vencer esta resistencia inicial y dejar claro en todo momento que se va a mejorar.

¿Es indiferente el tamaño de la empresa?
Una empresa grande ofrece más posibilidades, desde luego. Hay gente que se centra en la pyme, pero yo he querido dedicarme básicamente a las multinacionales, aunque tanto en una como en la otra, el trabajo es muy gratificante. La multinacional te aporta más cosas, puedes empezar en España y acabar por ejemplo en Brasil, lo cual tiene su gracia: Pero también la venta es más complicada, ya que hay más competencia y todo es más complejo. Pero necesidad de consultoría tienen las dos, y cultura de consultoría tiene más la empresa grande que no la pequeña.

Y en tiempos de crisis…
Creo que en épocas de crisis las empresas de consultaría la viven igual que las otras. Se sufre igual. No estoy diciendo que se deba cambiar la estrategia porque al final uno se dedica a lo que se dedica, sea con crisis o sin ella.

En su libro habla mucho de formación.   

Trabajé durante un tiempo en Alemania y allí se toman muy en serio lo que es la formación profesional, es un país tremendamente desarrollado en ese punto. Aquí nos hemos obsesionado con ser todos universitarios, que ya está bien, pero no debemos olvidar que no hay ni trabajo ni nivel para todos, así que somos un país poco formado. Además, todo el mundo quiere estar en una multinacional pero el nivel de inglés continúa siendo pésimo.

¿Cómo podemos arreglarlo? 

Creo que se deben llevar a cabo políticas de educación coherentes, y uno de ellas es el tema de los idiomas, y formación, más formación. Te encuentras con directivos que son responsables de unos resultados y del bienestar de unos cientos de familias, y te das cuenta de que están poco formados y que tienen una responsabilidad que no se corresponde con su nivel. El consultor tiene que detectar esto y ponerlo sobre la mesa. 

¿Un buen consultor tiene que ser individualista?

No, creo que no. Un buen consultor tiene que ser un buen gestor de equipos. Y ante todo, un gran comunicador: hay que transmitir aquello que se detecta, dirigir al equipo, y mantener el nivel de interlocución básica con la empresa a ciertos niveles. El consultor individualista, el “gurú” aislado, es más un modelo desfasado que no una realidad práctica y funcional. Y el equipo es necesario.

¿Ha tirado alguna vez la toalla?
Un par de veces. Y en las dos, fue cuando me pusieron con el tonto de la empresa. Cuando llevas tiempo en esto, te das cuenta de que en todas las empresas hay un tonto. Es fácil identificarlo porque se cree muy listo, así que hay que evitar siempre que te lo pongan como director de proyecto. Las dos veces que me ha sucedido esto, no he podido seguir, luché hasta donde pude, pero me di cuenta de que por parte de la empresa no teníamos a un interlocutor válido. Es entonces cuando ves que el trabajo no avanza, y cuando un trabajo no avanza, lo mejor es dejarlo.

Debe ser duro.
Pues sí, pero si sigues insistiendo, te vas desprestigiando, no haces el trabajo y al final uno cobra por lo que hace, y si se cobra por lo que no se hace, pues me parece mal.

Sin embargo, incluso de las experiencias negativas se aprende.
Creo que siempre se debe estar en disposición de aprender de las consultas, así que siempre que se termina un trabajo, me reúno con el máximo responsable y le pregunto qué le parece mi trabajo, qué es mejorable y qué no. Como son directivos de nivel,  intentan no herirte excesivamente, pero resultan esenciales porque te proporcionan pautas que para mí tienen mucho valor.

Se trata de no anquilosarse. 
En consultoría es muy importante estar al día, y aparte de la experiencia, hay que estudiar, lo que significa que hay que meterle horas, porque este es un mundo muy dinámico, en el que habitualmente salen millones de nombres diferentes sobre conceptos muy antiguos que en realidad persiguen lo de siempre: vender.

Las nuevas tecnologías deben ser también importantes en su profesión.

Hay que adaptarse, claro está, pero en términos generales todo esto ha facilitado mucho el trabajo. Pero hasta cierto punto, porque existe el riesgo de convertir trabajos que implican una relación humana muy de tu a tu, en procedimientos puramente asépticos.  Así que la tecnología te puede ayudar porque tienes un soporte documental, pero no todo te lo cuentan las pantallas del ordenador. Lo esencial viene de lo que te dicen las personas cara a cara.