Director del Hotel Rey Juan Carlos I

Roberto Torregrosa

Pasión profesional

“El factor del optimismo está en el liderazgo”

Roberto Torregrosa asegura estar enamorado de su trabajo. Cuando habla de su profesión, siente pasión y cree que esto es lo que falta hoy en día.

Martes, 21 de Abril de 2009
Cuando se habla de los sectores en crisis, sólo nos acordamos de la construcción y la automoción, olvidando que en países como el nuestro, el turismo también es uno de los afectados. Conscientes de ellos, promotores y empresarios tratan de sacar el mejor partido de ello, aprendiendo de las dificultades de la coyuntura y calibrando las oportunidades que pueden surgir para reinventar el sector. Uno de los más destacados es el lujoso Hotel Rey Juan Carlos I de Barcelona.
“Tienes que ser capaz de transmitir, inyectar, contagiar a tu equipo pasión y positivismo. Esto significa que no pueden decaer, que tienen que ir adelante. Y es duro, pero si no actúas así, todo se hunde” 

“La crisis acabará al día siguiente en el que seamos capaces de no hablar de ella. Porque es un tema de confianza, de creer, una crisis psicológica que nos ha llevado a una crisis real”

“Hace años que valoro más la actitud que la aptitud. Con la actitud se puede adquirir la aptitud, pero sin actitud, por mucho que sepas no sirve de nada si no tienes capacidad de trabajar en equipo, o de transferir conocimientos”
Antes de incorporarse a la dirección del Juan Carlos, usted ya tenía una gran trayectoria.
Sí, después de 10 años impartiendo clases en el CETT, y de haber conseguido algunas metas, como la dirección de un hotel, o la gestión de la Residencia de Estudiantes Ágora, hace un par de años surgió la oportunidad de dirigir el complejo del Juan Carlos I. No me lo planteé demasiado, obviamente. Creo que fue un gran reto y una gran oportunidad. 

El complejo es ciertamente exclusivo.  
Tenemos un plan de congresos que trabaja con 9-18 meses de antelación que cubre el hotel, fitness, 25.000 m2 de jardín y el palacio de congresos. Es nuestro buque insignia y es un complejo que sin duda es único en Europa. 

Y bien ubicado. 
Bien, siempre digo que somos un establecimiento posiblemente mal ubicado, porque aún hay gente que considera que estamos en el extrarradio. Pero lo cierto es que estamos muy bien comunicados. Además, recientemente se ha desarrollado una nueva zona en Barcelona, la del Fórum en la que creo que mucha gente preferirá venir aquí.   

Los congresos deben ser sin duda un potente motor. 
Sí, el Barcelona Convention Bureau, que depende de turismo de Barcelona, es el órgano que comercializa la ciudad de Barcelona para reuniones y congresos. De hecho, Barcelona está, dentro del ranking mundial del ICA, que es el organismo internacional de congresos y convenciones, entre el quinto y el séptimo lugar, por encima de Madrid. Pero sí, tal y como le decía, los congresos son un punto fuerte, aunque la competencia es muy fuerte. 

¿Y contra quienes luchan?
Pues luchamos por proximidad, entendiendo lo que es Valencia, Madrid, Bilbao o Sevilla. Y luchamos contra lo que es media distancia como puede ser Lisboa, que cada vez acogen más congresos porque es una ciudad más competitiva en precio y que empieza a aparecer en el mapa. Y luchamos contra Praga y Berlín que aparecen en el mercado de forma muy potente. Ya ve. Luchamos contra todos.

¿Y cómo se les presentan las cosas?
Este año tenemos un factor esencial, el de la crisis. Además, tenemos otro valor añadido en contra, el ser un hotel de 5 estrellas de lujo. La economía americana está peor que nosotros: tenemos representantes de Estados Unidos y las noticias que vienen no son muy buenas. Se han producido muchas cancelaciones, y esto ha provocado ciudades que tienen muchos incentivos como Boston, Chicago o Las Vegas, lo estén pasando francamente mal. Y claro, lo que pasa en América acaba viniendo aquí, y más teniendo en cuenta que una parte del turismo que viene al hotel es inglés y americano.

Hemos pasado de un estado de euforia a una depresión.
Durante muchos años hemos estado arriba de todo. No nos esperábamos que una ciudad como Barcelona tuviera una ocupación sostenida y mantenida durante tanto tiempo como la que hemos tenido nosotros, de cerca del 80%. En el año 1992 fue la época del gran turismo en Barcelona; luego se entró en un declive postolímpico donde había mucha oferta, pero no fuimos capaces de absorberla. En el año 1995 se empezó a remontar y ha sido imparable hasta el 2007 porque este año fue excepcional, muy bueno. Fue creciendo la oferta, la demanda es sostenida y, de repente, no sólo hay una sobredimensión de oferta, sino que entra la crisis global de la que no se sale rápido y que empezamos a notar el mes de marzo de 2008.

Aún así, no le veo muy pesimista. 
Creo que el factor de optimismo está en el liderazgo. Por mucho que en un momento, puedas tener una úlcera en el estómago, tienes que transmitir, inyectar, contagiar a tu equipo pasión y positivismo. Esto significa que no pueden decaer, que tienen que ir adelante. Y esto es duro, porque estamos hablando de transmitir valores en un momento en que uno puede llegar a dudar de ellos. Pero si no actúas así, todo se hunde. Y además, en situaciones como esta, damos más relevancia a que un directivo haga más en estos momentos.

Dentro de este marco, ¿ustedes tienen la situación privilegiada de saber cuáles son los avisos que presagian una crisis o el fin de ella?
Es imposible. Como dice mi presidente, Joan Gaspart, la crisis acabará al día siguiente en el que seamos capaces de no hablar de ella. Porque es un tema de confianza, de creer, una crisis psicológica que nos ha llevado a una crisis real. No le digo que el sistema financiero no fuera el perfecto, por supuesto, pero ante la situación, todo se ha parado. Tanto los que van peor como los que la situación no les ha afectado. Y ni los mejores analistas saben cuándo remontará todo.

Pero trabajando con tanta antelación, quizá…
La única cosa que sé es que la situación a 6 meses no mejora. Pero en cambio, en el 2010, parece que la cosa sí. Los congresos se prevén en 1-2 años vista, y por lo que tengo, parece que en el 2010, la situación será más atractiva que en este 2009.

¿Han variado la oferta de precios?
Absolutamente. Hemos tenido que variarla porque entre otras cosas, no había otro remedio. Creo que la situación actual la sufrimos nosotros y muchos más hoteles emblemáticos de los que se llaman hijos de los juegos olímpicos’92. Pero aún así, fíjese lo que también dicen los expertos: ahora es un momento de oportunidad.

¿Internet está siendo un buen aliado para conseguir clientes?
En nuestro sector lo que ha hecho internet ha sido dar transparencia. Ahora todo el mundo sabe a cuánto estamos vendiendo y siempre puedo ver cómo está mi competencia.

¿Y cuál es su valor añadido?

Creo que la suma de todo lo que comentaba de nuestro complejo. Piense que somos 450 personas trabajando. Se dice pronto.

Echemos una ojeada al futuro. ¿Cómo ve los estudiantes de restauración?

Bien, yo soy formador, y cuando estudiaba, en mi caso hará unos 23 años, había algo que ahora no hay: la motivación. Aunque no tuviéramos el puesto de trabajo cubierto, trabajábamos mucho porque lo que queríamos era incorporar práctica a lo que la enseñanza nos daba. Las prácticas no estaban tan tuteladas, ni estructuradas, ni con objetivos concretos como las de ahora.

Explíqueme su caso. 
Pagué 5.000 pesetas de las de antes para hacer prácticas en el Ritz, el Majestic y el Princesa Sofía. 5.000 para cada uno de estos hoteles porque quería estar en los mejores de la ciudad. Ahora, por ejemplo, si en tercero de carrera preguntas quién está trabajando, es posible que levante la mano sólo un tercio de la clase. Y esto con suerte. No sé, supongo que es un tema de valores. Si no se inculca en la familia determinado modo de ser, es difícil aprenderlo después. Y tiene mucho que ver con la pasión, con la vocación.