Presidente de Assistència Sanitària

Ignacio Orce

Médicos, no empresarios

“La buena gestión tiene mucho que ver con la cohesión de grupo”

Ignacio Orce explica que en el actual contexto de crisis, se está hablando de una pérdida del 10% del total de personas que tienen una póliza privada.

Martes, 05 de Mayo de 2009
A pesar de tener una de las mejores sanidades públicas del mundo, en España ha habido también tradición de sanidad privada, y se calcula que cerca de un 15% de la población española, casi 7 millones de personas, cuenta con una póliza privada. Una de las más destacadas es Assistència Sanitària, nacida en 1957 y cuyo ámbito se circunscribe a la provincia de Barcelona. Sin ánimo de lucro, intenta que la medicina no sólo sea un negocio.
“La gestión es una forma de sacar el máximo rendimiento de unos elementos que son potenciales, pero por si solos, no pueden hacerlo. Pero también es la capacidad de dar respuesta a situaciones no previsibles”

“Los países deben tener una sanidad que pueda dar cobertura básica pero también creemos que hay ciudadanos que necesitan servicios cualitativamente buenos y aquí es donde entran otro tipo de profesionales”

“Creemos en la responsabilidad del trabajo bien hecho y de esta especie de feedback que se establece en el campo de la medicina de establecer contactos a través de las buenas referencias”
Usted es médico. ¿Cómo lleva el tema de gestionar?
Bien, es un poco como la vida, ¿no? Qué es lo que quieres, como lo quieres. Lamentablemente esto lo vas aprendiendo, no es innato, pero tiene mucho que ver con la capacidad de cada uno de adaptarse a lo que uno se va encontrando. 

¿Creatividad y gestión son compatibles?
Creo que sí. Yo interpreto la gestión como la forma de sacar el máximo rendimiento de unos elementos que son potenciales pero por si solos, no pueden hacerlo. También la gestión es la capacidad de dar respuesta a situaciones no previsibles, y por supuesto, la actitud es la que marcará la seguridad y la confianza de aquellos que tienes detrás. Es esencial que esta tranquilidad pueda transmitirse para que todos tengan la sensación de que se pertenece a algo cohesionado, que tiene unos objetivos. 

Al fin y al cabo, esto es lo que define un grupo, ¿verdad?
Sí, somos un grupo de instituciones vinculadas ideológicamente y pensamos que la salud es un derecho de todo el mundo, y vamos más allá de esto. Los países deben tener una sanidad que pueda dar cobertura básica pero también creemos que hay ciudadanos que necesitan servicios cualitativamente buenos y económicamente posibles, y aquí es donde entran unos profesionales que pueden inspirar algo tan básico en este terreno como es la confianza. Creemos en la responsabilidad del trabajo bien hecho y de esta especie de feedback que se establece en el campo de la medicina de establecer contactos a través de las buenas referencias.

¿Y con este planteamiento tan teórico se puede ser rentable?
Partimos de la base de que no debería ser motivo de lucro para nadie el “negocio sanitario”. Los profesionales tienen que ganarse la vida, por supuesto, pero no es una práctica o un tipo de actividad que haya de ser especialmente abierta a todo. Tampoco no se trata de nada especial. Creo que con buenas ideas, se pueden construir cosas potentes. Ahora, por ejemplo estamos en la Alliance Corporativa Internacional, un organismo que tiene más de cien años y que viene a ser una especie de ONU pero de las cooperativas. Creemos en el trabajo en equipo, y a través de la Fundación Espriu, pretendemos resolver aquellos problemas que para muchos ya parecen superados. En muchos países hay problemas básicos como son la vacunación, por ejemplo. Nosotros intentamos, a través de acuerdos con gremios y organismos, resolverlos. Pero no ganar dinero con ello. Somos médicos, no empresarios. 

¿En qué momento la medicina activa pasa a un segundo nivel y la gestión pasa a ser su principal actividad?
Yo iba para psiquiatra pero el doctor Espriu, el ideólogo y fundador de esta casa, me captó para la gestión. De hecho, he ejercido de médico muy poco, pero seguramente la sociedad ha salido ganando (risas). Pero la gestión es complicada, para qué negarlo.

¿Cuántos profesionales están a su cargo?
Represento a los 5.200 médicos de esta casa en una organización en la que hay 200.000 afiliados. Esta es una casa madre de otra que se llama Asisa que es a través de la cual nos hemos expandido. Nosotros nos quedamos circunscritos a la provincia de Barcelona, y a través de ella, estamos en Cataluña y tenemos una gran relación con otra entidad, la Fundación Espriu. Ellos plantean el mismo modelo que nosotros, es decir, medicina entre profesionales y usuarios sin intermediarios.

¿Qué diferencia hay entre una aseguradora como Assistència o cualquier otra multidisciplinar?
Sobre todo la especialización, es un poco aquello de “zapatero a tus zapatos”. Sabemos atender problemas concretos de la gente y aunque estamos en el sector de los seguros, somos en realidad una empresa de servicios que vivimos del feedback que establece que la gente, entre lo que paga y lo que recibe, les resulte lo suficientemente satisfactorio como para mantenerse.

¿Tienen un alto grado de fidelización?
Assistència tiene un índice de fidelidad de 16 años de media. Hacemos una cosa que nos diferencia de nuestros propios competidores, y que es que a la gente mayor le cobramos lo mismo que a sus nietos, es decir, aquí paga lo mismo una persona de 12 años que una de 100 y lo mismo los hombres que las mujeres. Insisto: nuestro objetivo no es hacer dinero, sino hacer viable un proyecto en el que pueda participar tanta gente como sea posible. Desafortunadamente, la medicina es cara, y el crecimiento de expectativas de la vida de la gente hace que esto sea cada vez más insostenible. Pero personalmente encuentro una canallada que hayas tenido a una persona 25 años en tu entidad y que cuando cumple los 65 le multiplicas por 2 o por 3 la cuota que paga. Es inmoral, si, pero es legal.

¿Y es viable todo esto?
Para nosotros es un proyecto. ¿Cuánto tiempo seremos capaces de aguantar haciendo esto? En situaciones de bonanza económica, el diferencial de calidad tiene credibilidad y nos ha permitido operar en gente joven que tenía mejores ofertas. Pero tal y como están las cosas, cada vez será más difícil. Además, nuestra competencia segmenta por edad, por sexo y hacen una cosa, desde mi punto de vista, muy mal hecha que es que banalizar el producto. Y con la crisis se nota, créame.

¿Y cree que la gente prescindirá de la segunda opción que representa la sanidad privada? 
No olvidemos que nuestros ingresos proceden de un segundo paraguas de gente que ya tiene uno. En un país como el nuestro en que está una Seguridad Social, si hay problemas económicos, la gente prescinde de aquello que cree que puede ahorrar dinero. En el actual contexto de crisis, se está hablando de una pérdida del 10% del total de personas que tienen una póliza privada, lo que significa que entre 100.000 y 120.000 personas renuncian a un tipo de sanidad privada para confiar sólo en la pública.

Es mucha gente.
Sí, pero no olvidemos que hay 1.300.000 personas que confían en este segundo paraguas, y el Estado debería tener algún tipo de consideración para aquellos que hacen una doble contribución. El problema que tiene la sanidad es que estamos en un país en que vamos en dirección contraria a la del resto de Europa. Mientras la mayoría de países, la sanidad pública tiene unos ámbitos más o menos limitados, aquí los estamos expandiendo.

Es lo que se llama la política social. 

Pero esto debería tener algún límite. Los costes económicos que supone tener una sanidad privada son extraordinarios, y las exigencias que nos marcamos también: somos los únicos que seguimos una política de incrementar los honorarios de nuestros 5.000 médicos con el IPC como mínimo. Y aparte del coste económico que ello supone no debemos olvidar las inversiones, las renovaciones, la nueva tecnología. Fíjese, para nosotros, una buena gestión, y es algo que puede parecer paradójico, es acertar lo más posible entre lo que nos pide la gente y lo que realmente cuesta. Si tenemos un exceso de beneficio, es que hemos pedido demasiado dinero.

Si tan contentos están los médicos, no trabajarán para otras mutuas.
No hay exclusividad, pero sí que es cierto que aproximadamente el 50% de los médicos de aquí están vinculados a la sanidad pública. Hace unos años, un estudiante de medicina acababa y la posibilidad de compaginar pública y privada era bastante habitual, pero hoy en día la mentalidad del médico joven ha cambiado mucho y es lógico. Lo que quiere ahora s tener un buen empleo, un buen salario, y tiempo para la vida familiar. Y montar un despacho para según qué especialidades es muy difícil.