Editor de Quaderns Crema y el Acantilado

Jaume Vallcorba

 El triunfo de la sustancia literaria

 "Si hubiera trabajado por marketing no hubiera editado casi nada"

 Si hubiera trabajado por marketing no hubiera editado casi nada

Jueves, 05 de Mayo de 2005
Si Jaume Vallcorba no hubiese fundado Quaderns Crema y Acantilado, si hubiera sido un pobre, un mendigo, un trotamundos, pero hubiera desarrollado su actividad lectora aún y viviendo entre cartones, sería igual de feliz y vital que ahora. Porque para Vallcorba, los libros son su vida y valora la alegría de editar por encima de todas las cosas. Desde hace más de 25 años, Quaderns Crema ha ido apostando por ofrecer títulos de autores de primera calidad, manteniendo un equilibro encomiable entre coherencia literaria y ventas. En 1999 inició la publicación de obras en castellano contemporáneas bajo el sello El Acantilado, lo que le supuso en el 2002 obtener el Premio Nacional a la mejor labor editorial concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 
"La edición da poco rendimiento económico en comparación con otras actividades empresariales, por lo que el tipo de retribución que se obtiene es distinta."

"Para mí, la edición es un campo de acción extremadamente estimulante en el que uno puede incidir en el entorno cultural en el que vive."

"Lo más bonito de esta profesión es encontrarme a personas que me cuentan que un libro de mi editorial les ha cambiado la vida."

"Escritores siempre surgirán, por siniestro que sea el entorno, por horrible que sea el sistema educativo, siempre habrá alguien que se formará un universo intelectual sólido y lo muestre en sus textos."

"Me gusta que los libros de mis ediciones tengan alma."
 
 

Ud. es amante de las letras por pasión, editor por vocación y empresario a la fuerza ¿cómo lo lleva?

 
Tal y como concibo el mundo de la edición, hay que encontrar un equilibro entre la parte empresarial y la editorial. La fuerza cultural de una editorial se sustenta en una empresa, pero sin lugar a dudas, una editorial no es una empresa en el sentido convencional, ya que el beneficio económico no es el único beneficio. Por lo demás, en términos generales, la edición da poco rendimiento económico en comparación con otras actividades empresariales, por lo que el tipo de retribución que se obtiene es distinta.
 
 


Jorge Herralde, editor de Anagrama, afirmaba recientemente en una entrevista al diario Expansión que la edición es cómo una máquina sadomasoquista ¿para usted qué es?
 
 
No, yo no diría eso... (ríe). Para mí la edición es un campo de acción extremadamente estimulante en el que uno puede incidir en el entorno cultural en el que vive.
 
 


¿Cómo ha sido la evolución de Quaderns Crema en estos 25 años de existencia?
 
 
Quaderns Crema empezó como una editorial en catalán hace casi 26 años. Una editorial que se proponía trabajar en tres frentes. Por un parte pretendía ser una plataforma de salida a nuevos autores. Luego, la recuperación de nombres importantes, que por los motivos que fueran, habían quedado apartados de la escena. La intención era recuperar clásicos, tanto de tradición catalana - el primer libro que editamos fue el libro de poemas de Áusias March-, como de tradición ajena -fuimos los primeros en publicar los cuentos de Kafka-. Acantilado trabaja también en estas direcciones, editando en castellano, pero con una menor fuerza en términos de volumen.
 
 


Ha trabajado por intuición y guiado por sus gustos personales antes que por marketing.
 
 
Si yo hubiera trabajado por marketing no hubiera publicado casi nada. Mis primeras ediciones se vendieron poquísimo. Siempre me he guiado por intereses desde el punto de vista cultural, apostando por autores de primer nivel como Kertész, y una serie de autores de la tradición europea injustamente olvidados. Pero también he publicado a otros desatendidos: Fernando Pessoa, Chateaubriand, Arnaut Daniel... muchos de ellos autores de primera magnitud rescatados por Acantilado.
 
 


Quaderns Crema es por encima de todo un escaparate de obras de autores, no de libros. A mí me comienza a resultar peyorativo el concepto de libro, porque cualquiera puede escribir ahora y hay medianías que se convierten en best-sellers.
 
 
Procuro editar autores más que libros. En la vieja tradición europea, de la cual soy ferviente admirador, se publicaban más autores que obras. Ha sido una máxima que siempre ha estado y estará presente en mi labor editorial.
 
 


El diseño de sus libros, el packaging, les ha valido multitud de reconocimientos ¿El diseño es un aliciente más para dotar de valor a la obra literaria?
 
 
Es muy importante el diseño de los libros. No es lo mismo un pollo asado en un plato de plástico que en un plato de porcelana, o tomar un buen vino en un vaso de plástico que en un uno de cristal. Ni la porcelana ni el vidrio tienen que ser muy lujosos, pero sí correctos. En el diseño de los libros hay dos aspectos.  El primero es el contenido, la tripa, la parte que se lee. Es fundamental un trabajo tipográfico de calidad en el que el lector no se de cuenta que está leyendo el libro. Le voy a poner un ejemplo un poco descabellado, pero el libro debería ser como un pantalla de cine, uno tiene que ver la película sin darse cuenta de que la pantalla está.
 
 


La inmersión total.
 
 
Exacto. Además el papel de nuestros libros no es agresivo con la vista. La tipografía es agradable de leer, el ojo no se pierde en unos blancos excesivos entre palabras, hay un ritmo tipográfico correcto, y eso es fundamental. También la organización es importante, porque un libro es como una casa. El lector debe saber en todo momento donde está, si se encuentra en la cocina, en el comedor o en el pasillo. Hacemos uso de lo que en inglés se llaman running heads. Me refiero al texto que se encuentra arriba de la página que explica en que capítulo y en que subcapítulo se encuentra el lector. También he tenido siempre muy en cuenta que la impresión fuese en papel de PH neutro, no de color blanco sino ligeramente ahuesado, y que la tinta no fuera negra sino de color ala de mosca para favorecer la lectura.
 
 


Sus cubiertas también son atípicas, de color blanco la de los libros de Quaderns Crema y el rojo y negro para los de Acantilado.
 
 
He querido que mis libros fueran identificables de lejos, por unas características que los hicieran inmediatamente visibles. Cuando comencé a editar nunca se habían hecho libros con la cubierta en blanco. No venderéis ninguno, me decían.  Llevamos 26 años aplicando este diseño y es perfectamente identificable, pasa los mismo con las cubiertas de Acantilado.
 
 


¿Y el logotipo de Quaderns Crema qué representa?
 
 
El logotipo lo dibujé yo mismo años atrás. Es un ágabe, una planta que crece en cualquier parte, que se enraiza profundamente y que vive un poco a su aire. Está muy ligada al mar, cuando uno pasea al lado de la costa puede ver que hay un montón por todas partes.
 
 


¿Y el logotipo de Acantilado, ese hombre que se tira de cabeza? ¿Qué sentido tiene?
 
 
Hice el individuo que se tira de cabeza, porque ya veía las venir las bromas: ¡Ah, Acantilado, ten cuidado de no caer...! 
 
 


¿Sentía tirarse a la piscina al querer publicar obras en castellano?
 
 
Era arriesgado, publicar a Fernando Pessoa era una cosa muy extraña. Si el catálogo de Acantilado hubiera parecido que podía ser empresarialmente rentable, ya lo habría hecho antes. Los libros que comencé a publicar estaban ahí, como muertos.Y ahora mire, el éxito que ha asumido Chateaubriand es inapelable, vamos ya por la tercera edición.
 
 


Mientras el corazón tiene deseo, la imaginación conserva ilusiones, decía Chateaubriand.
 
 
Estaba ahí, pero no lo habían puesto en la mesa. Tenía la sensación de que eran títulos que podían incidir en el mundo de hoy y podían explicarnos aspectos del mundo actual.
 
 


Hablando del mundo actual, concretamente del mundo editorial... Parece que ahora el marketing dicta la calidad de las obras.
 
 
Una vez, oí a un altísimo jerarca de la edición decir que nunca habían publicado libros que la gente no quisiera. Esta teoría enlaza un poco con el uso del marketing ¿Qué quiere la gente? La gente quiere esto y lo otro, y esto nos ha llevado a que haya libros hechos con receta. A mí me gusta pensar que ofrezco libros que la gente no sabe que quieren. Se trata, en cierta manera, de sorprender. Lo más bonito de esta profesión es encontrarme a personas que me cuentan que un libro de mi editorial les ha cambiado la vida.
 
 


Una nómina que engorda el orgullo.
 
 
Lo mejor de todo es que a veces es gente de distinto talante. Llena mucho.
 
 


Una cuestión que enlaza con la anterior: ¿Un escritor puede vivir de ello? Recientemente, en una entrevista para La Vanguardia, el poeta Antonio Gamoneda afirmaba que en sus años de juventud escribía poemas que presentaba a concursos con los que ganaba dinero, pero que ésa no era la poesía que le gustaba escribir. ¿Un escritor puede ganarse la vida escribiendo lo que quiere o tiene que dar pan y circo?
 
 
Es difícil vivir de la escritura, muchos autores compaginan su labor editorial con la realización de artículos en prensa y colaboraciones aquí y allá. Lo mejor que puede hacer un escritor es ponerle mucho amor en lo que hace, y eso se nota. La cantidad de generosidad del autor en un libro se nota, se huele, es algo que se siente de inmediato. Otra cosa es la sinceridad del autor literario. La única sinceridad posible es la cantidad de amor que el autor pone en su obra, en su cocido. Hay una cosa muy importante en los libros, que es que tengan alma. Hay montones de libros de los que nadie podrá decir que están mal, pero no tienen alma. A mí me gusta que los libros de mis ediciones tengan alma.
 
 


¿Cómo es la relación entre un editor y sus autores?
 
 
Personalmente he mantenido muy buena relación con mis autores. Quiero pensar que un editor es casi un amigo del autor, ya que cuanto mejor le vaya a él, mejor me va a ir a mí. Lo que persigo siempre, es ser un buen lector de su obra para asesorarle coherentemente. 
 
 


Es como tener una novia a la que le eres sincero...
 
Y por supuesto, nunca aplicar el sistema americano: ese capítulo fuera porque no vende, amplia aquello porque le falta sustancia... Eso nunca. Siempre he procurado incidir en términos relativos a la estructura y coherencia interna de la obra.
 
 
 
 

Siempre he creído que un texto es el reflejo interno de una persona. Si me gusta algo que leo, seguro que me gusta esa persona ¿Es así en realidad?
 
 
Cuidado con eso. Textos maravillosos han sido escritos por gente de una abyección infinita. Entendámonos, la sensibilidad literaria o artística no tiene que ver con la sensibilidad moral. El ejemplo que le puedo sacar es aquel que tantas veces ha sido sacado a colación, el del nazi que después de torturar, se va a casa a escuchar a Schubert y tiene una auténtica elevación espiritual. Ahora, cuando coincide, cuando el texto refleja la realidad moral de la persona y ésta te encandila de veras, es maravilloso.
 
 


Yo es que leo a Quim Monzó y me digo ¡Qué gran tipo!
 
 
Eso se ve. Ahí se ve. Además Quim Monzó es una extraordinaria persona. Con él empecé a trabajar hace 27 años y es uno de mis mejores amigos. No me refería a la bondad, sino a que la belleza estética sea coincidente con la belleza moral.
 
 


¿Qué recuerda de su etapa como profesor universitario?
 
 
He estado muy ligado a mi labor como profesor universitario durante casi 30 años, cosa que me ha dado muchas satisfacciones. Lo que me preocupa es ver el descenso alarmante de los niveles en la educación española y europea en general,
 
 


Faltarán buenos escritores españoles en el futuro pues...
 
 
Y buenos lectores. Escritores siempre surgirán, por siniestro que sea el entorno, por horrible que sea el sistema educativo, siempre habrá alguien que se formará un universo intelectual sólido y lo muestre en sus textos. Pero lo importante al final es el lector. 
 
 


¿Tan mal está el panorama estudiantil?
 
 
El sistema educativo que había configurado Europa, que casi era un ideal, se está desmenbrando. Hoy difícilmente un estudiante de secundaria sabe la diferencia entre un planeta y un satélite o difícilmente sabe donde está el Volga y qué es. Difícilmente sabe colocar a cuatro personajes importantes de modo cronológico a lo largo de la historia del mundo. Pero hay algo aún más alarmante...
 
 


La desidia en el pupitre.
 
 
Siempre se ha hablado de las tres potencias del saber: la voluntad, la memoria y el entendimiento. En la educación de hoy han eliminado la memoria porque dicen que es inútil; han abolido la voluntad porque  dicen que es fascista y la han cambiado por la motivación. Entonces, han dejado por una parte al entendimiento sin muletas, pegándose porrazos, y les han explicado que lo importante es la motivación. Es como ir en bicicleta esperando que pedalee otro.
 
 


¿Usted es de los que lee más de un libro a la vez?
 
 
Y tanto (ríe).
 


Y de manuscritos ¿lee muchos?
 
 
Leo pocos. Llegan muchos, pero pasan filtros hasta llegar a mis manos. Pero aquí han llegado cosas muy buenas.