Fundador de Papabubble

Alejandro Siniawski

Artesanal contra industrial

“No lo dude. El secreto del éxito es el entusiasmo”

Papabubble elabora caramelos como hace tres o cuatro siglos, mezclando azúcar, glucosa, agua, calentándolo y enfriándolo. Según Alejandro Siniawski, intentan hacerlo bien y distinto.

Martes, 02 de Junio de 2009
Una de las constantes que están presentes en todos y cada uno de nuestros entrevistados es el entusiasmo. Deberá ir acompañado necesariamente de otras cualidades (espíritu emprendedor, tenacidad, constancia…) pero el entusiasmo será el motor. Hoy les presentamos a alguien que cuando pensaba que podía tomarse un par de años sabáticos después de toda una vida dedicada a la empresa, la vida le sorprendió con un proyecto en el que volcó mucha ilusión. Es Alejandro Siniawski, el fundador de Papabubble.
“Somos conscientes de que con nuestros caramelos, proporcionamos un momento de placer único. Cuidamos mucho la materia de nuestros productos y este es parte de nuestro éxito”

“Sabemos cuál es nuestro objetivo, no queremos hacer la competencia a nadie, y tenemos muy claro cuál es nuestro segmento. Por ello, no competiremos con algo más masivo”

“En un producto hay muchos factores que pueden contribuir al éxito: la calidad de su  materia prima, el envoltorio, la variedad, pero también la originalidad. Lo que te hace distinto es lo que puede hacerte triunfar”
Durante toda su vida ha estado rodeado de caramelos.  
Pues sí, desde que empecé a trabajar. He estado en Cadbury, Perfetti, Chupachups… y creo que he recorrido todos las secciones de marketing y comercial hasta poder dirigir departamentos de más de 150 personas y facturar entre 120 y 130 millones de euros.

¿Y qué tal la experiencia en estas empresas? 
Creo que los diez años que he estado en Chupachups, han sido los mejores de la empresa, aunque tengo recuerdos excelentes de todas las demás. Después de mi último trabajo pensé que ahí acababa mi frenética actividad en estas grandes empresas, pero de algún modo, intentas aprovechar la experiencia y el bagaje que tienes, el know how internacional.

Y surgió otra cosa.
Pues sí. No le sabría decir si son coincidencias en el tiempo, o qué; lo cierto es que uno a veces uno está en el momento adecuado y en el sitio oportuno. Cuando dejé mi última empresa, quería tomarme uno o dos años sabáticos y luego decidir. Pero sólo llevaba 4 meses cuando me llamó un amigo consultor para proponerme algo que me iba a encantar y de ahí nació Papabubble.

¿Y con la experiencia que tenía, por qué se embarcó en este proyecto?
Mire, en caramelos está prácticamente todo hecho: más duros, más blandos, rellenos, sin rellenar, los que se deshacen o los que se convierten en chicle. Esto era un concepto nuevo, lo artesanal contra lo industrial, pero con la ventaja de que si la cosa salía bien, sería posible internacionalizar la marca. Hoy por hoy, no hay empresas catalanas de confitería que internacionalicen su marca, la globalización se las ha comido todas empezando por la que yo había trabajado. Nosotros somos Papabubble Caramels Artesans y lo mantenemos en todas las tiendas del mundo.

¿Y a quién se le ocurre Papabubble?
Nace en Australia, con dos chicos a los que se les ocurre la idea de hacer caramelos artesanales y producirlos ante el consumidor. El objetivo es hacerla crecer en España y luego expandirnos, por ello estamos trabajando en una doble vía: franquicias y tiendas propias. Queremos tener tiendas propias en las principales ciudades europeas, y lo que quede a más de dos horas de avión, franquiciarlo.

Apuestan muy fuerte. 
Sí, pero estamos muy seguros de ello, porque entre otras cosas, tenemos una calidad de materia prima muy buena. Todo es de aquí, desde la glucosa hasta las esencias, los sabores y los colorantes. Pero somos realistas, vivimos en el planeta Tierra y para nosotros lo sencillo será la franquicia, claro está.

¿Y tienen buenas perspectivas?
La idea es abrir 4, 5 tiendas este año, y el próximo, 5 ó 6, entre las que estará Londres. También tenemos un proyecto en Madrid. Estamos en una sociedad en la que soy el socio mayoritario: llevo la parte más importante de la empresa y mis socios confían plenamente en lo que hago. Los resultados son buenos, así que vamos por buen camino.

El mercado del caramelo ha pasado por etapas de más auge.
Sí, el mercado del azúcar ha tenido etapas de oro, pero también otras muy malas; todo ha ido ligado a los precios internacionales de los chocolates y del azúcar pero también de los cambios que se han operado: hoy por hoy, la gente es mucho más consciente de la salud, se cuida un poco más. Así que nosotros también tenemos una línea de caramelos sin azúcar.

Caramelos, con o sin azúcar, pero que proporcionen un pequeño placer.
Indudablemente. El tema del placer lo tenemos bastante interiorizado, en el sentido de que somos conscientes de que proporcionamos un momento de placer único. Cuidamos mucho la materia de nuestros productos y nuestros caramelos son pequeños para que no resulten empalagosos. Además, los cortamos manualmente para personalizarlo más. Y lo que es mejor, es que todo resulta muy divertido. 

No tienen competencia, vaya.
De momento nadie repara demasiado en lo nuestro. Tampoco tenemos un porcentaje de mercado, que es ínfimo comparado con los grandes de los caramelos. Somos pequeños, y queremos seguir siéndolo. Sabemos cuál es nuestro objetivo, no queremos competir  porque no tenemos la capacidad para hacerlo, y nuestros precios, aunque algo más caros que en otros sitios, creo que son ajustados. Tenemos claro cuál es nuestro segmento y por ello, no competiremos con algo más masivo.

Bien, son únicos en muchos sentidos.  
La ventaja que tenemos es que hacemos lo que nos piden manualmente. Por ejemplo, una pelota con los colores del Barça, o reproducir un mono, o una mariquita gigante. Tardamos tiempo porque es como si fuera una escultura y por eso tenemos a chicos vinculados al diseño, por lo que, ya de paso, vamos innovando constantemente.

Cuénteme algún secreto de su elaboración.
La idea es trabajar con diferentes temperaturas: el caramelo se cocina a 150 grados y hay que tener mucho cuidado porque si se te queda pegado un trocito lo puedes pasar francamente mal. Tienes que ir directo al hospital. 

He observado que el packaging lo consideran muy importante.
Sí, lo hemos trabajado mucho. Nuestras bolsas son únicas, no las verá en ningún otro sitio, y los botes los traemos de Inglaterra. Son envases caros, pero mientras sea bueno, no me preocupa.

A pesar de que es un producto nuevo, ¿Papabbuble ya es un referente?
Bien, muchas guías de turismo incluyen nuestra tienda como un sitio para visitar. Y el boca-oreja también funciona mucho. El otro día vino un chaval polonés que traía una guía en la que había media página dedicada a la Catedral y una entera dedicada a Papabbuble (risas). La verdad es que los que escribieron esta guía no tenían mucha idea de Barcelona. 

A pesar de que es usted una persona curtida en muchas batallas empresariales, le veo entusiasmado.
Este es el secreto, el entusiasmo. Si no, no sé de dónde saco tanta energía. Hay muchos incentivos, uno de ellos son los e-mails e inputs que recibimos, y por supuesto el feedback, que es buenísimo. Mire, colecciono este tipo de e-mails y le aseguro que llena de satisfacción saber que alguien se lleve de tu tienda una bolsita a donde sea del mundo. Y luego está la proyección que hemos tenido, claro. Un amigo que vive en Dubai me comentó que vio una página entera en la revista de Air France. En Clickar también hemos salido, y también en la revista de la Cámara de Confiteros. Nosotros encantados, y eso que nuestro presupuesto publicitario es cero.

Así que esto es una actividad que no cesa.
Le echamos muchas horas, pero también intento tener algo de tiempo libre. Cada vez que abrimos una tienda, el esfuerzo es considerable: viajo cada 4 ó 5 días para supervisarlo, veo cómo está todo antes de arrancar, mandamos a nuestra gente antes para estar seguros que todo vaya bien, y cuando abre sus puertas, a otro proyecto.

¿La cultura del caramelo en el mundo es igual que aquí?
Bien, es distinta. Nosotros hacemos caramelos como hace tres o cuatro siglos, mezclando azúcar, glucosa, agua, calentándolo y enfriándolo. Seguimos usando esas recetas y no hemos inventado nada: lo único que hacemos es que intentamos hacerlo bien y distinto. Es decir, en nuestro caramelo de fresa, dentro hay una fresa. Este tipo de cosas nos hacen distintos y creo que así se justifica que el consumidor tenga que pagar un plus para tener un producto como este.

¿Le preocupa que el lanzamiento de su producto haya sido en una época baja de consumo?

Sí, la verdad es que nos ha coincidido temporalmente, pero yo le diría que la crisis nos golpea de alguna manera a todos. La ventaja que tenemos en Papabbuble es que no todo nuestro mercado está focalizado a la venta en otras tiendas, sino que hacemos muchos pedidos personalizados. Y eso es algo muy importante. Hemos hecho caramelos para bodas, por ejemplo,  este para unas 150. Y luego para marcas como Timberland, Ford, Sony, Toyota, Bridgton, Deutchbank. La ventaja es que lo podemos hacer todo manual y personificado. Y nos lo pasamos en grande.