Periodista y Escritor, Fundador de Sonrisas de Bombay

Jaume Sanllorente

Apuesta individual

“Me di cuenta de que había que hacer algo”

Jaume Sanllorente tenía claro que había que crear una empresa, pero la finalidad no sería el lucro sino la ayuda. Así que creó un nuevo organigrama y asegura que han vuelto a crecer.

Martes, 16 de Junio de 2009
La corbata, el portátil y el periódico en el desayuno nos pueden dar la falsa sensación de que nuestra vida está controlada, y que sólo factores externos muy trascendentales, como esta crisis que estamos viviendo, pueden alterarla. Pero los cambios importantes nunca vienen del exterior sino de dentro. Hoy les presentamos a alguien que, como la inmensa mayoría de nosotros, tenía su trabajo –era periodista económico- y que un buen día, el azar, el destino o quien fuera, puso una zancadilla a sus ambiciones. Y el mundo quizá perdió a un buen periodista pero ganó un héroe.
“Por mucho que mi historia pueda tener un eco mediático, hay que ser conscientes de que detrás tiene que haber un trabajo con tesón y perseverancia. Y si no aprovechas la oportunidad, todo se puede venir abajo y resulta peor que al principio”

“Empezamos con los 40 beneficiados, los niños de aquel orfanato. Hoy beneficia a más de 6.000 personas de las calles de Bombay, más de 5.000 menores y 987 pacientes con lepra, un campo que hemos ampliado estos últimos años”

“La India está regida por un sistema de castas que resultan infranqueables. Y esto provoca unos contrastes que no son sólo sociales,
Le aseguro que mucha gente viaja a la India y no hace lo que usted.
No sé exactamente cómo pudo suceder. Fue en el último día de mi estancia en mi segundo viaje a la India. Me encontré con un orfanato de 40 niños que estaba a punto de cerrar y que si no se hacía nada, los niños volverían a las calles, con todo lo que esto comportaba. Seguro que en mi entorno había visto situaciones más o menos parecidas pero no me había dado cuenta. O no había querido. Así que pensé que había que hacer algo.

Y es entonces cuando lo deja todo.
Sí eso fue durante el fin de año de 2003 y principios del 2004. Quedé tan conmovido que cuando regresé a Barcelona, dejé el trabajo que tenía, vendí el piso y me volví para la India. Fue una apuesta completamente individual. Creo que fue mejor, porque tuve mayor libertad para tomar mis propias decisiones, aunque la soledad puede ser muy dura.

¿Y cómo se las arreglaba al principio?
Durante los primeros meses fui tirando con el dinero que tenía. En el verano del mismo 2004, una periodista de La Vanguardia sacó una pequeña entrevista, y ya se generó cierto interés. Victor Amela publicó en el mismo periódico una entrevista en “la contra” meses después, y fue cuando un editor contactó conmigo para publicar un libro.

Luego ya todo ha sido más fácil. 
Sí, pero por mucho que mi historia pueda tener un eco mediático, o que hayamos tenido la suerte de que nuestra entidad haya recibido más ayudas, hay que ser conscientes de que detrás tiene que haber un trabajo con tesón y perseverancia. Y si no aprovechas la oportunidad, todo se puede venir abajo y resulta peor.

¿Cómo ha ido creando la estructura de la organización?
Hay una en Bombay, y otra aquí en Barcelona. Pero la de Barcelona la rehíce toda porque no me gustaba el cariz que estaba tomando. Había que crear una empresa, de acuerdo, pero la finalidad no sería el lucro sino la ayuda. Así que monté un nuevo organigrama y hemos vuelto a crecer. Tenemos un departamento de relaciones públicas, otro de mecenazgo y otro de patrocinio, y luego los que se ocupan de las instituciones y la contabilidad. Pero sin despilfarros, oiga. Tenemos dos auditorías al año.
 
¿Y hasta ahora cuales han sido los resultados?
Al principio, la ONG empezó con los 40 beneficiados, los niños de aquel orfanato. Hoy beneficia a más de 6.000 personas de las calles de Bombay, más de 5.000 menores y 987 pacientes con lepra, un campo que hemos ampliado estos últimos años.

¿Pero no estaba ya erradicada?
¡Para nada! Mire, según la OMS, un organismo cuyas estadísticas acostumbran a ser optimistas, por no decir otra cosa, cada año hay 300.000 casos nuevos de lepra en el mundo, el 70% de los cuales está en la India.

Pues sí que es un problema grave.
Y no es el único. Tenga en cuenta que se calcula que cada día entran 950 ciudadanos nuevos a Bombay procedentes de zonas rurales. Buscan el sueño de la gran ciudad, pero en Bombay hay 20 millones de habitantes, de los cuales el 60% vive en una extrema pobreza.  

¿Y no cree que habrá un giro en el crecimiento demográfico?
Se compara con cierta frecuencia India con China pero pienso que son realidades completamente distintas. De acuerdo, India tiene la ventaja de que el inglés lo domina mucho mejor que no China, pero a nivel de infraestructuras, los orientales están mucho mejor preparados. Y no sólo eso: también a nivel comercial. La India está demasiado encerrada en sí misma, es demasiada proteccionista. Y eso acaba pasando factura.

Pero la India está mucho más avanzada en tecnología e investigación.
Los que son buenos emigran. Hay que tener en cuenta que la India está regida por un sistema de castas que resultan infranqueables. Y esto provoca unos contrastes que no son sólo sociales, por supuesto, sino también económicos. Y las diferencias son brutales.

Hablar de crisis debe sonar involuntariamente sarcástico.
Bien, también se nota, pero menos. Allí los ciudadanos viven con una crisis permanente, y los pocos que tienen dinero, tienen tanto, que ni lo notan. Turismo sigue habiendo, aunque quizá este año se ha reducido un poco por los atentados.

Volvamos a su organización. ¿A qué otros colectivos ayudan?
En Bombay, primero a los niños, después, a los pacientes con lepra, y ahora estamos ampliando a todas las familias. Hemos empezado un proyecto que se llama la “Tarjeta de la esperanza”, un programa inspirado en un proyecto que se realiza en las favelas de Río, en Brasil, en el que el gobierno paga un sueldo a las familias para que sus hijos se escolaricen. 

Es una buena idea.
Sí, pero plagada de dificultades. Hay muchas redes de extorsión en las barracas de Bombay, y lo que estamos haciendo es pagar este sueldo pero en especies, contando con atención médica y no en metálico. Si los niños empiezan a presentar una serie de absentismos escolares que no están justificados, pierden los derechos. Es un modo de avanzar. Muy lentamente, pero ya se trata de eso.

¿Y cómo lo coordinan?
Con mucho esfuerzo. Ahora estamos financiando un centro de radioterapia en uno de los mejores hospitales de Bombay, que nos permitirá que participen directamente con la Tarjeta de la Esperanza. Son proyectos que avanzan poco a poco, y que conllevan un gran entramado de relaciones y alianzas estratégicas. Y no es nada fácil.

Es difícil pensar que alguien se dedique a eso sin que haya ningún trasfondo religioso. 
Bien, yo no sigo ni practico ninguna religión. Aunque no soy ateo, tampoco no soy un creyente digamos ortodoxo: creo que hay algo, algo a lo que podemos llamar Dios, en el que las religiones no tienen nada que ver. Si hay algo, es tan grande, que se nos escapa. Y por supuesto, no lo podemos definir.

¿Y no le crea problemas?
Soy muy estricto en el hecho de que no debe haber ningún tipo de imposición religiosa en ningún proyecto, y eso es algo que a los indios les cuesta asimilar. Sonrisas de Bombay está en zonas cristinas, hinduistas, y musulmanas. Y las respetamos todas.

Usted vive en la India, pero viene bastante por aquí.
Hace 5 años que fundé la ONG y en los primeros 4 años estuve allí al 100%. Pero me di cuenta de que estamos en un mundo globalizado y que por tanto, el mundo se ha vuelto mucho más pequeño. Estás a pocas horas de cualquier lugar del mundo y hay que aprovecharlo.

¿Y el periodismo? ¿Volverá a ejercer? 

¡Pero si nunca lo he dejado! Soy más periodista que nunca. Y quiero seguir siéndolo. Se lo aseguro.