Autor de “La Buena Suerte”

Álex Rovira

 La psicología en la empresa

 "Hay que humanizar las empresas"

 Álex Rovira es, junto a Fernando Trías de Bes, autor del best seller “La Buena Suerte”

Jueves, 14 de Julio de 2005
 Álex Rovira posee el don de transmitir conceptos y pensamientos de forma clara y concisa. Pensamientos que invitan a la reflexión y que siempre hacen gala de un optimismo que se engancha como una lamparón de tomate frito en la camisa. Dialogar con Rovira es hablar del comportamiento humano en la empresa y en la vida; es hablar de literatura con pasión; es, a fin de cuentas, investigar el significado de las cosas desde todos los prismas posibles. La Buena Suerte (Ed. Urano, Col. Empresa Activa, 2004), obra escrita junto al también profesor de ESADE, Fernando Trías de Bes, le ha catapultado a compartir escenario con luminarias del management a nivel mundial. Él se mueve como pez en el agua, da la talla, y como demostró en el estrado del Forum Mundial de Alta Performance, tiene y tendrá mucho que decir. Paremos oreja.
" Las organizaciones, al fin y al cabo, están formadas por personas, y éstas son lo primero que cuentan."

" El trabajo es un vehículo para mostrar los talentos naturales."

" En mis clases en ESADE, me gusta mucho utilizar el cuento para llamar la atención de los alumnos e integrarles mensajes."

" La buena suerte no tiene que ver con el azar y sí con la iniciativa."

" Hay muchas empresas en las que se generan auténticas perversiones de comportamiento que lo que encubren es una patología psicológica."
 
 Es usted muy joven, tiene 36 años ¿Cómo se ha forjado esta personalidad que le ha erigido como uno de los pensadores actuales más influyentes?
 
Francamente, no lo sé. 
 
 
¿No ha analizado el porqué de su súbito éxito?
 
He leído mucho y llevo años psicoanalizándome y utilizando múltiples herramientas terapéuticas en mi desarrollo. También he invertido en formación y no he parado de estudiar a los grandes maestros y maestras de todos los campos. Realmente, ahora estoy de enhorabuena, el éxito cosechado con La Buena Suerte está haciendo que mi anterior libro, La brújula interior, esté teniendo una enorme aceptación en Japón. 
 
 
Sus mensajes se están grabando a fuego en la conciencia de muchos empresarios gracias a sus obras literarias.
 
Mi mensaje principal, el que intento hacer llegar a todos los altos ejecutivos, es que hay que humanizar las empresas. Las organizaciones, al fin y al cabo, están formadas por personas, y éstas son lo primero que cuentan. 
 
 
La Buena Suerte: 3 millones de libros vendidos, traducido a más de 27 idiomas. Hubiera sido un fracaso estrepitoso que este libro que habla sobre la buena suerte, no hubiera vendido lo que ha vendido...
 
Bueno, hay muchos libros sobre la buena suerte, pero que se han aproximado al tema desde otras perspectivas...
 
 
¿Cómo le sobrevino la idea de escribir este cuento?
 
Siempre he tenido un gran interés por el cuento como medio de comunicación total. El cuento siempre aglutina la parte racional de la persona y el inconsciente. Si yo digo: Érase una vaca volando...
 
 
¿...?
 
Si yo comienzo un discurso de esta manera, consigo captar la atención del oyente, porque sabe que detrás de esa sentencia, se esconde algo. En mis clases en ESADE, me gusta mucho utilizar el cuento para llamar la atención de los alumnos e integrarles mensajes. Me di cuenta de que utilizando cuentos, la retentiva y la memorización era mayor.
 
 
¿Descubrió el significado y la esencia de “La Buena Suerte” por azar?
 
Se sucedieron un conjunto de circunstancias que me llevaron a pensar que la Buena Suerte, no sólo es una cuestión de azar. Un día, en una cena, un compañero mío decía que en su empresa le habían promocionado, que tenía más competencias y un sueldo más generoso. Otro comensal le recriminaba su éxito alegando que 'tan sólo' tenía Buena Suerte. Eso me molestó. Por eso comencé a investigar qué características comunes tienen las personas que creen poseer Buena Suerte.
 
 
La conclusión es que todos podemos tener buena suerte, si la buscamos.
 
La Buena Suerte la poseen aquellas personas que tienen una postura optimista ante la vida, y un ímpetu de crecimiento, no tiene que ver con el azar y sí con la iniciativa. Un día, le dije a Fernando Trías de Bes que quería escribir un libro sobre ese tema. Le encantó la historia y decidimos escribirlo juntos con la condición de que con lo que ganásemos nos iríamos a cenar.
 
 
Tienen cenas hasta el fin de sus vidas.
 
El hecho de ser editado en español ya era un sueño para mí.  La misma noche que le expuse el proyecto a Fernando, le conté el cuento a mi hija y me dijo que era la historia más bonita que jamás le había relatado. Entonces dije: ¡vamos bien! Le mandamos el libro a Philip Kotler, que era amigo de Fernando, le gustó, nos hizo una frase y desde el primer momento contamos con su apoyo.
 
 
Es un libro editado por una editorial para empresarios, pero su moraleja sirve para todo el mundo.
 
Es un libro que va dirigido a todos los targets, un cuento aplicable a la vida tanto de un alto dirigente de una multinacional, como a un estudiante de ESO.
 
 
¿Piensa en una segunda parte?
 
El cuento acaba ahí, no tendría sentido hacer una secuela. Tengo diez proyectos en desarrollo que iré sacando en los próximos años. Ahora en agosto entrego dos: una fábula empresarial y un relato más abierto, más humanista, un relato sobre el amor y la amistad.
 
 
¿Va a preparar alguna obra sobre la Psiconomía, el concepto que ha expuesto hoy en su sesión en Expomanagement?
 
Sí, en dos formatos. Uno más académico, más teórico; y otro en formato de fábula para que el mensaje llegue a más gente.
 
 
Defina brevemente en qué consiste la psiconomía
 
Marshall ya decía aquello de "He llegado a la firme conclusión que la economía es un vano intento de narrar psicología". La psiconomía es la fusión de dos términos: la psicología y la economía. Etimológicamente, la psicología se traduce como "la comprensión del alma", y la economía como "la administración". Todos somos una estructura, y las estructuras se pueden tratar de modo que den lo mejor de si mismas. En este sentido, los límites del desarrollo humano en lo emocional y conceptual, no existen. Una persona que esté muy mal, si le pones buena tierra y buena sombra puedes hacerla crecer y crecer y crecer... 
 
 
Ahora las empresas se están humanizando pero ¿queda mucho camino por recorrer?
 
Es importante ir trabajando para formular un nuevo paradigma. La intención está, y cada vez vamos hacia una humanización mayor de la empresa. El problema es que la humanidad está enquistada, siempre surgen tensiones que provocan espirales dialécticas, la batalla del sí y del no. La vida es un proceso totalmente dinámico y a cada paso se requiere trabajo.
 
 
¿La gente lo pasa mal en sus puestos de trabajo? Que en Japón, la tasa de suicidio se haya multiplicado por cuatro y que la depresión sea la primera causa de discapacidad del mundo, tal y como ha dicho en su conferencia, da que pensar...
 
Lo preocupante es que estos fenómenos son globales. En España, hay mucha gente que sale de trabajar a las diez de la noche y que no ve a sus hijos. Esto no es una cuestión de eficiencia empresarial, es una cuestión de que los que están arriba, o tienen mucha presión, o son adictos al trabajo, o son psicópatas que necesitan excitación y que en el fondo no tienen el coraje suficiente para llegar a su casa a tiempo y estar con sus hijos. Hay muchas empresas en las que se generan auténticas perversiones de comportamiento que lo que encubren es una patología psicológica. Y a menudo, en el peor de los casos, hay gente en la cúpula que verdaderamente están enfermos. Es así... ¡Es así!
 
 
Qué duro.
 
Es duro, por eso hay que hablar de ello.
 
 
Pues muchos dicen que el trabajo es el motor de la vida.
 
Lo importante de la vida es el amor, el contacto con los demás. El contacto con la naturaleza, con la gente que quieres. La vida tiene sentido por dos cosas: por el amor y la felicidad. Si no nos suicidamos es porque tenemos a alguien a quien queremos, que en muchos casos puede ser una planta o puede ser un perro. Se puede sacar del suicidio a una persona regalándole un cachorro. Lo importante es tener un proyecto que te motive a vivir, ya sea la creación de una composición musical, la escritura de un libro, o en el caso de muchos de nosotros: el trabajo. El trabajo es un vehículo para mostrar los talentos naturales. 
 
 
Como pensador, escritor y aficionado a la lectura ¿qué libros le han marcado?  
 
Me encanta responder a esta pregunta. Creo que la obra de Herman Hesse es extraordinaria, imprescindible, necesaria, fascinante. También me viene a la cabeza la poesía de Borges, de Neruda, de Machado, la obra de Cortázar... 
 
 
Dígame: obras imprescindibles para un directivo de una empresa.
 
Aconsejaría encarecidamente las obras del Dr. Stephen Covey y la obra de Abraham H. Maslow y Erich Fromm.
 
 
Pero lo más importante ¿leen los empresarios?
 
El 30% de los hombres de negocios leen habitualmente, pero muchos no lo hacen. Lo que triunfa son los libros como La Buena Suerte, que son cortos y fáciles de leer. La gracia de las obras de puente aéreo residen en que, de una manera fácil, transmiten 3 o 4 ideas y mensajes potentes.
 
 
Son libros que crean debaten entre el círculo de amigos empresarios y van de mano en mano, ahí reside su éxito.
 
Son libros que no intimidan. Quien lee mucho más son las mujeres, son más cultas. Es una cuestión de sensibilidad e inteligencia. Antropológicamente, los hombres somos cazadores, y queremos resultados rápidos y directos. Las mujeres son recolectoras, son más intuitivas, su pensamiento es mucho más sistémico, más global, tienen una mayor visión de la vida, por lo tanto una mayor sensibilidad y reconocen la belleza donde la hay. El hombre busca el resultado práctico mientras que la mujer siempre quiere llegar hasta el fondo de las cuestiones.
 
 
La prensa siempre alega que las mujeres están peor consideradas que los hombres en el terreno profesional.
 
Las mujeres son mucho más inteligentes, más competentes en el desarrollo del trabajo, están mejor formadas, sacan mejores notas en la universidad, pero en muchos casos, y dependiendo del país, cobran un 50% menos. A la hora de ser emprendedoras, sólo tres de cada diez empresas montadas por mujeres se cierran, en cambio, tres de cada diez formadas por hombres, consiguen llegar a buen puerto. El problema es que los lugares de poder lo siguen acuñando hombres que están en posturas machistas y muy retrogradas.
 
¡Qué vivan las mujeres!
 
El mundo, si no se va a tomar por saco, es gracias a las mujeres. Hace mucha más falta el pensamiento femenino. Las mejores negociaciones que han hecho los directores generales de las Naciones Unidas, no las han hecho ellos, sino sus mujeres. Cuando en sus casas se han reunido jefes de estado, han sido ellas las que han hecho que las parejas se conozcan y compartan historia, cultura y rituales. Hay que volver a los orígenes.
 
¿En qué se diferencian el empresario de la empresaria?
 
El hombre tiene un pensamiento más psicopático, la mujer más empático. Se debe simplemente a que la mujer tiene, de manera natural, más desarrollado el hemisferio derecho del cerebro, en donde está la intuición, la sensibilidad y el sentir de la ternura. Cuando de noche duermen a un bebé y éste llora, quien se levanta es la mujer. Ella lo oye, el hombre no. El hombre sólo oye los pasos, de alguien que se acerca y puede ser peligroso. El trabajo que tiene que hacer un hombre es desarrollar más la sensibilidad. Los hombres parecen más valientes, pero son muy cobardes porque no tienen el suficiente coraje para transmitir sus emociones, y eso es lo que les hace perder la posibilidad de desarrollar su inteligencia. 
 
 
¿Cuál es su mujer preferida?
 
María Teresa de Calcuta. Si viniese a Expomanagement, arrasaba. Es la persona con un mejor pensamiento estratégico de la historia. Y luego está Madame Cury, un ejemplo de perseverancia y de vocación. Detrás de grandes hombres siempre han habido grandes mujeres, y sin esas mujeres no hubieran tenido la trascendencia que han tenido.
 
 
Necesito una mujer que me encumbre hacia el éxito.
 
Bueno, también pueden tener muy mala leche... (risas)