Presidente de la Comisión Nacional de la Competencia

Luis Berenguer

Beneficiar a los ciudadanos

“Una mayor eficiencia en la gestión de la competencia nos beneficia a todos”

Luis Berenguer asegura que la salud de la competencia es buena o, por lo menos mejor, que hace unos años. La CNC tiene ahora más instrumentos para hacer llegar su mensaje a la sociedad y a las empresas con un objetivo último claro: que la mayor eficiencia del entorno competitivo beneficie a todos los ciudadanos.

Martes, 20 de Julio de 2010
Tan importante como el libre mercado es la existencia de organismos que velen por él. Para ello está la Comisión Nacional de la Competencia, un organismo público encargado de preservar, garantizar y promover la existencia de una competencia efectiva en los mercados en el ámbito nacional, así como de cuidar por la aplicación coherente de la Ley de Defensa de la Competencia. Única e independiente del gobierno, Luis Berenguer es su presidente.
“La Comisión Nacional de la Competencia tiene ahora más instrumentos para hacer llegar su mensaje a la sociedad y a las empresas con un objetivo último claro: que la mayor eficiencia del entorno competitivo beneficie a todos los ciudadanos”

“La CNC está especialmente vigilante en ciertas actividades de servicios que provienen de una situación de monopolio y donde puede haber operadores dominantes que puedan poner en dificultades la competencia efectiva en un determinado mercado”

“A pesar de esa mala prensa, pues, el clemente tiene una función importante para la sociedad, ya que permite a la CNC detectar convenios que obstaculizan la competencia, y que por lo tanto se traducen en mayores precios o en menor oferta de producto”
Viendo su currículum, ha estado usted en muchos puestos. ¿Cuál ha sido el más importante en su vida?
Posiblemente, las mejores experiencias hayan estado relacionadas con las responsabilidades en materia de competencia. Y si me apura, añoro mi época de vocal del TDC por cuanto permitía la realización de un trabajo intelectual que consistía en elaborar y redactar las resoluciones con mayor intensidad que no la que ahora puedo hacer. Sin embargo, creo que a lo largo de la vida profesional de cualquier persona se va forjando la personalidad, así que creo que yo especialmente me encuentro tremendamente satisfecho de todo cuanto he realizado.

¿Qué le impulsó a crear en 1981, el partido de Acción Democrática?
Podría decir como Bogart en Casablanca aquello de “Hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo”, pero en realidad en aquel momento estábamos una serie de compañeros, con Francisco Fernández Ordóñez a la cabeza, que llegamos a la conclusión de que el proyecto de UCD estaba agotado y que se deslizaba hacia unas posiciones conservadoras que no compartíamos.

Hay un largo trecho desde la política hasta ser el presidente de la CNC.
Llevo trabajando en temas de defensa de la competencia buena parte de mi trayectoria profesional. Trabajé en el antiguo Tribunal de Defensa de la Competencia a finales de los 90 y me reincorporé como Vocal en el 2005, tras haber sido vocal en el TDC de Madrid. Durante mi paso por el Parlamento Europeo, colaboré con Mario Monti en temas de competencia y también seguí desde allí los primeros pasos de la redacción del Libro Blanco de Competencia. Desde mi reincorporación al TDC en 2005 tuve la oportunidad de participar activamente en la discusión de este Libro Blanco en el que se iban a establecer los pilares del nuevo marco de Defensa de la Competencia que se instauró en el 2007. Desde ese punto de vista, pues, para mí era un gran reto profesional y personal liderar esta primera etapa del organismo y acepté encantado la propuesta del entonces Ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes.

¿Y cómo está la salud de la competencia en España?
Desde un punto de vista institucional, la aprobación de la nueva ley ha supuesto un gran avance, ya que se ha logrado crear una institución más fuerte e independiente, capaz de defender con más instrumentos las normas de la competencia y también de luchar de una manera más contundente contra todas aquellas conductas restrictivas de la competencia, ya provengan de acuerdos o decisiones empresariales como de las Administraciones Públicas. En este sentido, creo que la salud de la competencia es buena o, por lo menos, mejor que hace unos años. La CNC tiene ahora más instrumentos para hacer llegar su mensaje a la sociedad y a las empresas con un objetivo último claro: que la mayor eficiencia del entorno competitivo beneficie a todos los ciudadanos.

Un beneficio en el que intervienen unos delatores. ¿Son buenos para su labor?
Sí, es cierto que la figura de los “chivatos” tiene muy mala reputación en la tradición judeocristiana, pero en la lucha contra las prácticas anticompetitivas, el papel de los clementes es esencial. De otro modo, sería muy difícil, o casi imposible detectar los acuerdos de precios o los repartos de mercado que se producen en los cárteles, ya que suelen tratarse de compromisos no escritos. A pesar de esa mala prensa, pues, el clemente tiene una función muy importante para la sociedad en la medida en que permite a la CNC detectar convenios que obstaculizan la competencia, y que por lo tanto se traducen en mayores precios o en menor oferta de producto. Los incentivos que otorga el programa de clemencia están plenamente justificados en este sentido.

¿Y perjudica de alguna manera a los consumidores fijar acuerdos de precios entre competidores?
Sin duda alguna. Los acuerdos anticompetitivos perjudican en primera instancia a los consumidores. De un modo directo porque las empresas que pactan precios logran una subida de éstos precisamente a costa de los consumidores. De un modo indirecto, además, porque una menor competencia implica peor servicio y menos innovación en productos y servicios.

¿Y cómo es la colaboración con los tribunales de competencia autonómicos?
Creo que es buena. Los mecanismos de colaboración funcionan, y que en el seno del Consejo de la Competencia en el que participamos todas las Autoridades Autonómicas y la CNC se han creado grupos de trabajo en distintos temas para establecer líneas de trabajo comunes. Desde mi punto de vista, es a través de proyectos concretos como se debe trabajar entre la Administración Central y la Autonómica. Estamos convencidos, además, de que conoceremos en los próximos años una intensificación de la labor de las autoridades autonómicas de competencia, que complemente la llevada a cabo desde la CNC.

El sector de los servicios es al que más expedientes ha abierto la CNC. ¿Sigue sin haber una competencia real?
Bien, el sector servicios es bastante heterogéneo. No suscribiría la afirmación de que no existe una competencia real en este sector. Sí que es cierto que desde la CNC se está especialmente vigilante en ciertas actividades de servicios que provienen de una situación de monopolio y donde puede haber operadores dominantes que puedan poner en dificultades la competencia efectiva en un determinado mercado. En cualquier caso, la CNC tiene competencias en todos los mercados y en todo el territorio nacional y seguirá manteniendo una política activa de represión de los comportamientos anticompetitivos en el sector servicios… y en los demás sectores de la economía.

¿Qué sensación le produce la intervención masiva de los estados en el sistema financiero para superar la crisis del sector?
Es evidente que ningún país se puede permitir el derrumbamiento de su sistema financiero. Por ello hay que considerar la intervención de los Estados para salvar a sus bancos siempre y cuando haya ciertos límites. Algunos de ellos han sido hechos públicos por la Comisión Europea y van en el sentido de limitar temporalmente las ayudas a los bancos y de impedir que esas ayudas sean utilizadas para distorsionar la competencia. Por eso, desde nuestra óptica, este proceso de intervención estatal debería significar un reforzamiento del papel de control de las autoridades de competencia, tanto europeas como nacionales.

Se anuncian fusiones en el sector financiero y concentraciones empresariales. ¿Afectará ese proceso a la competencia?
Toda empresa o empresas que tengan previsto realizar una operación de concentración empresarial, sean fusiones o adquisiciones y que supere los umbrales previstos en nuestra Ley, tienen que obtener la aprobación previa de la Comisión Nacional de la Competencia. Por tanto, hasta que la CNC estudie si la operación prevista puede tener consecuencias para la competencia, las empresas no podrían lleva a cabo la operación. En el caso del sector financiero, sin embargo, no es probable que las fusiones que se están anunciando en la prensa alcancen los umbrales previstos en la Ley.

Y ya que hablamos tanto de fusiones, ¿son buenas, malas…?
No hay una respuesta unívoca a esta pregunta. Depende del mercado que estemos considerando. El principio general es el de la libertad de empresa, tal como marca el artículo 38 de nuestra Constitución. Las Administraciones públicas, por tanto, deben intervenir lo menos posible en los planes de las empresas sean fusiones o adquisiciones… De hecho, la CNC aprueba la inmensa mayoría de las concentraciones en primera fase: es decir, no pone mayores problemas a la operación de concentración propuesta.

Lo complicado quizá viene después.
Sí, como les decía antes, el control de la CNC, en cuanto organismo público encargado de velar por la competencia efectiva en los mercados, sólo es posible si se superan unos determinados umbrales y, en cualquier caso, lo determinante para la decisión de la CNC es el análisis de cómo quedaría el mercado después de la operación. Se trata de un análisis técnico riguroso y exclusivamente desde el punto de vista de la competencia, que podría llevar a la prohibición de una operación sólo en el caso de que la competencia quedara seriamente comprometida.

Y ya que estamos en crisis ¿Cómo ha afectado la situación a la CNC?

Siguiendo con el tema de las fusiones, hemos constatado, quizá de un modo paradójico, una tendencia a la disminución del número de notificaciones de operaciones de concentración ante la CNC desde que ha llegado la crisis. En lo que se refiere a la persecución de las conductas prohibidas, no nos consideramos especialmente concernidos por la crisis. Nuestra divisa es “tolerancia cero” para este tipo de conductas y nuestro objetivo el mismo que cuando fue creada la CNC en septiembre de 2007: aumentar nuestra eficacia a la hora de perseguirlas…

Y sin embargo, las crisis también son momentos de oportunidades.
Sí, en un campo como el de promoción de la competencia, nuestra labor está demostrando ser importante en esta época, ya que las medidas liberalizadoras y reformas estructurales que deben de ponerse en marcha en estos momentos deben de realizarse, desde nuestro punto de vista, de acuerdo con criterios que promuevan la competencia garantizando así una mayor eficiencia del sistema. Por ello, nuestros informes sectoriales y normativos han crecido de manera muy notable en los últimos tiempos.