Director General de Majestic Hotel Group

Malco Par

Iniciativa privada

“El sector hotelero será uno de los primeros en recuperarse”

Malco Par defiende el reinventarse, el ser más imaginativos y potenciar los puntos de venta que pueden funcionar, ya que no vale ofrecer lo típico y lo estándar. Dice que el negocio se hace en la habitación, lo demás son ofertas complementarias para fidelizar al cliente.

Martes, 08 de Septiembre de 2009
El anuncio, el pasado viernes, de que la banca embargará dos de los hoteles más lujosos de Barcelona, La Florida y Miramar, pone de relieve la delicada situación que atraviesa este sector por la crisis. Sin embargo, el turismo ha ido respondiendo este verano, y la tormenta parece que pronto amainará.
“El problema de los precios a la baja favorece al cliente, claro está, pero lógicamente los resultados también se resienten y la capacidad que tienes para invertir en el producto se complica”

“Soy optimista, porque pienso que Barcelona ha hecho un buen trabajo con el turismo. Hay muy buena relación con los poderes públicos, y el concepto de “Barcelona” se ha vendido muy bien”

“En el sector hotelero, y por extensión en el mundo empresarial, lo que en el fondo pretendemos es reinvertarnos, ser más imaginativos y potenciar los puntos de venta que pueden funcionar, ya que no vale ofrecer lo típico y lo estándar”
¿Qué tal dirigir una empresa familiar como el Grupo Majestic?
Bien, bien. El pasado año, la familia Soldevila decidió que la gestión de los tres hermanos que llevaban las cuestiones ejecutivas pasara a alguien de fuera y fue cuando entré yo. El Grupo Majestic es una empresa familiar con tres plantas de negocio: una pequeña, inmobiliaria, otra de hoteles, y una tercera, de renovables, que la vendieron. Fue entonces cuando aprovecharon para reestructurar el Grupo.

Centrémonos en la hotelera.

El Grupo está formado por 5 hoteles, 4 en Barcelona y otro en París. El Hotel Majestic es el buque insignia; luego está el Murmuri, que es un hotel-boutique, un producto pequeño, muy cuidado, de diseño; el Inglaterra, un hotel muy bien localizado en la calle Pelai y con tres estrellas; y el Denit, que inauguramos en noviembre del pasado año con un concepto divertido, de diseño, funcional y muy bien ubicado. El de París se llama Montalembert y es también un hotel-boutique situado en Saint-Germain.

Desde el punto de vista de marketing, ¿cree que bueno que haya un acuerdo  político que lleve el nombre precisamente del “Pacte del Majestic”?
Sí, ¿por qué no? Así como en los Estados Unidos los grandes negocios se hacen en hoteles, aquí falta este tipo de cultura. Sí que se nos identifica un poco con un partido político, de acuerdo, pero lo llevamos con neutralidad. También debe tener en cuenta de que bar del Majestic salen negocios, y es un punto de referencia de la ciudad. Y esto es bueno. Significa que están plenamente integrados y forman parte de la ciudad.

Una ciudad que desde principios de los noventa ha sufrido una transformación hotelera importante. 
Sí, creo que un punto de inflexión se produce en los Juegos Olímpicos del 92. Es entonces cuando nos dimos cuenta de que faltaban plazas hoteleras, así que el Ayuntamiento impulsó un plan de construcción de hoteles, una decisión que por otra parte, creo que fue acertada. A partir del boom de los años siguientes, hubo un momento en que la iniciativa ya no fue pública sino ya privada, porque mucha gente vio como esto podía constituir una doble inversión: inmobiliaria y hotelera.

Y esto fue el germen del problema.
En el momento en que se acaba la plusvalía inmobiliaria, el negocio sólo está en el hotel en sí y es entonces cuando se sabe si los números salen o no.

¿Ha habido reconversiones de edificios residenciales a hoteles?
Por supuesto. Porque cuando no se sabe qué hacer con un inmueble, ¿quién va a pagarme la plusvalía si me lo vendo? Pues me lo que quedo y lo exploto como hotel u oficinas, y después ya tendré la plusvalía encubierta del suelo.

Entonces, ¿Barcelona está preparada para los picos de máxima ocupación?
Ahora sí, quizá demasiado. La crisis está frenando una parte importante del negocio, y no debemos olvidar que la actual coyuntura lo afecta todo: los turistas pero también las ferias. Tenemos una sobreoferta y en buena parte ha sido por esta iniciativa privada que antes le comentaba.

Una sobreoferta que favorece a los posibles clientes.
Y es inevitable un reajuste de precios. Porque por mucho que se hable de la posibilidad de hacer pactos entre hoteles, es muy difícil, y entre otras cuestiones, no es  legal. Pero en el momento en que uno baja, todos acaban bajando. Y además tenemos las nuevas tecnologías: ahora internet ha permitido que todo sea transparente y que cualquier persona sin moverse de casa y a través de un ordenador, pueda escoger la mejor oferta.

Y esto en el fondo supone un problema, claro.
El problema de los precios a la baja es que, lógicamente los resultados se resienten y la capacidad que tienes para invertir en el hotel y el producto se complica.

¿La crisis pues seguirá afectando al sector hotelero?
A pesar de que las estadísticas apuntan que el verano no ha sido especialmente traumático en el sector, así de modo general, creo que ha habido ajustes importantes. Y yo personalmente soy optimista, porque pienso que Barcelona ha hecho un buen trabajo con el turismo. Hay muy buena relación con los poderes públicos, y el concepto de “Barcelona” se ha vendido muy bien. Pero claro, aún esperamos algunos ajustes. 

¿Cómo cuales?
Pues por ejemplo, hoteles con localizaciones complicadas, que estén muy alejadas de la ciudad. Habrá una pérdida de rentabilidad importante y ello provocará que muchos proyectos se paren y que la gente no quiera entrar en un mercado que ya está muy maduro. Creo que lo único que da cierto miedo es la mermada capacidad que tendremos para reinvertir en el producto: si estamos escondidos en la trinchera no podremos reinvertir, a no ser que se apueste por parte de la banca o haya ampliaciones de capital por parte de los accionistas. Pero aparte de esto, creo que nos estamos defendiendo con coraje. Y está bien que los hoteles no sean sólo hoteles. Que también se pueda ir al bar, por ejemplo.

¿No cree que será una moda pasajera?
No, porque pienso que nosotros, por ejemplo, tenemos el restaurante Drolma y fuimos los primeros en apostar por la gastronomía y, en este sentido, tenemos un punto fuerte. Lo que en el fondo pretendemos, nosotros y todo el mundo, es reinvertarnos, ser más imaginativos y potenciar los puntos de venta que pueden funcionar, ya que no vale ofrecer lo típico y lo estándar. El negocio se hace en la habitación, lo demás son ofertas complementarias para fidelizar al cliente. 

La crisis tampoco durará eternamente. ¿Cree que el sector hotelero será uno de los primeros en recuperarse?
Sí, sinceramente. Y me atrevería a decir que, como mínimo, hemos tocado ya fondo porque hay la sensación de que ahora sólo podemos mejorar. Tuvimos que ajustar en su momento, y creo que ahora no lo haremos más, porque tenemos claro que el tema de las contrataciones no irá a peor.

También dependerá mucho de las políticas que se hagan a nivel internacional.
Sí porque piense que los mercados del Reino Unido y los Estados Unidos nos ha hecho mucho daño. Debemos tener en cuenta de que el mercado asiático crea oportunidades y, ahora, por ejemplo, estamos intentando desplazar comerciales a Australia para captarlos. Creo sin embargo que tenemos buenas perspectivas y que recuperaremos el tipo de clientes que teníamos hasta hace muy poco tiempo.

Por cierto, ¿qué tipo de cliente tienen?
Es muy estacional. En verano, por ejemplo, especialmente durante julio y agosto, hay mucha gente de cruceros, un tipo de cliente muy familiar que no tiene nada que ver con el que hay el resto del año.

Hay quizá la percepción de que se ha bajado el nivel de los servicios.
Creo que es algo general. El sector vive del turismo y con la crisis, los hoteles hemos apostado muy fuerte por bajar precios y apoyar a los congresos. Así que hemos bajado el nivel un poco, y creo que en cierto modo es el reflejo del comportamiento que ha estado tan controvertido estas últimas semanas en Barcelona y que pasa desde el tema del decoro en el vestir a los focos de prostitución que se han denunciado estos últimos días.

¿Hemos perdido calidad?
Sí, la ciudad ha perdido calidad, pero en el gremio estamos trabajando en ello y en otros aspectos, como el de la seguridad. La imagen de la ciudad está en juego y favorece que la percepción de la gente hacia el turismo sea negativa. Así que somos conscientes de que este es un problema que debemos solucionar con la máxima celeridad.