Director de Telecsal

Pere Ollé

 Gestión diferente, rendimiento eficiente

 "Crear una Sociedad Anónima Laboral tiene algo de militancia ideológica"

 Telecsal se dedica a la electricidad industrial bajo la gestión de Sociedad Anónima Laboral.

Miércoles, 02 de Noviembre de 2005
 Telecsal nació como sociedad anónima laboral, lo que implica que en su contrato de constitución establece que, entre otras condiciones, la propiedad estará siempre en un 90% en manos de los trabajadores, teniendo presente que estos tendrán siempre la misma participación. Esta encomiable iniciativa de hacer prevalecer el espíritu colectivo (que a alguien le podría sonar demasiado idealista), factura actualmente más de 6 millones de euros y acaba de inaugurar unas instalaciones en Cornellà de Llobregat. El año pasado, la Fundación de la Economía Bufí y Planas los premió por esta política empresarial. 
 
"Podemos decir orgullosos que somos una de las pocas sociedades anónimas laborales que ha sobrevivido a la inflexibilidad del mercado de los últimos años"


 
"Lo importante en Telecsal es la cohesión y la repartición del capital de forma igualitaria entre todos los socios"

 
 
"La tendencia es la de crear grupos grandes, de modo que el trabajo se encarga todo en un solo paquete"

 
 
"Aunque tenemos la voluntad de crecer, detectamos que el mercado no está preparado para ello"

 
 Telecsal es un ejemplo de lo que se conoce como economía social...
 
Podemos decir con orgullo que Telecsal es una de las pocas sociedades anónimas laborales catalanas que ha sobrevivido a la inflexibilidad de un mercado que ha sido muy duro estos últimos años. Quizá no ha sido el sector más castigado (el metalúrgico y el téxtil creo que lo superan) pero costó mucho trabajo salir del pozo. Y el esfuerzo valió la pena. Hace veinte años y ahora. Porque siendo de un tamaño mediano-grande, nuestra sociedad es una de las más destacadas de las más de 5.000 que están formadas en Catalunya. 
 
 
¿Recuerda sus primeros pasos?
 
Hace más de veinte años, a principios de los ochenta, trabajaba en una empresa llamada Boncompte Indústria Elèctrica. Eran malos tiempos: estábamos embargados por Hacienda, se hizo suspensión de pagos y las deudas salariales eran considerables. Y a pesar del expediente de regulación de empleo, la empresa estaba a punto de cerrar. Entonces, con otros compañeros, compramos los activos de la empresa y fundamos Noves Tècniques Elèctriques, Telecsal, constituída como Sociedad Anónima Laboral (SAL), una figura jurídica mitad Sociedad Anónima, mitad cooperativa. 
 
 
Por aquel entonces era algo relativamente novedoso...
 
Sin duda. La verdad es que en aquella decisión que tomamos había cierta militancia ideológica. El hecho de que unos cuantos fuésemos capaces de reflotar una empresa que se iba a pique, no deja de tener algo de valentía, pero también algo de inconsciencia. La capitalización del paro hizo que cada uno de nosotros aportara una media de un millón de pesetas de hace veinte años, pero la confianza posterior, que préviamente habíamos transmitido a bancos, clientes y proveedores, permitió que la nueva empresa pudiese salir adelante. 
 
 
Veintidós años después, continua al frente de una empresa que ha sido fiel a sus principios.
 
Sin duda. Queremos mantener en pie aquello que hizo que nuestra empresa (y nosotros mismos) pudiéramos seguir sobreviviendo. Y para garantizarlo, especificamos en un contrato cómo la gente entra a formar parte de la sociedad. Cuando alguien se incopora, aporta la capitalización del paro. Y con independencia del capital que represente, le da derecho a un mismo número de acciones. Lo que cuenta no es la cantidad, sinó el hecho de haber aportado esta capitalización. Tenga en cuenta que la empresa está formada por 50 personas de los que 41 que son socios trabajadores. 
 
 
¿Cómo ha sido el crecimiento, personal y empresarial en estos años?
 
Creo que los resultados están a la vista. Son más de veinte años de una sociedad laboral que no sólo cumple los requisitos legales que exige su constitución (es decir, que más de la mitad de su capital esté en manos de sus trabajadores) sino también que esté repartido de forma igualitaria. Esto es lo importante: esta cohesión. Tampoco puede obviarse que ha habido una trayectoria personal curiosa. Cuando empecé en esta nueva etapa, no tenía ningún tipo de experiencia en el tema. Me apunté a un curso de dos años de economía gerencial que estudié en el Instituto de Economía Pública y Cooperativa. Curiosamente, uno de los trabajos que nos encomendaron en el curso fue el desarrollo de un proyecto empresarial. Yo propuse la empresa en la que justo estábamos empezando. El trabajo fue suspendido porque pensaron que era irrealizable, utópico y demasiado idealista (risas). 
 
 
¿En líneas generales qué actividades desarrolla Telecsal?
 
Básicamente tratamos la electricidad industrial. Diseñamos y construimos accionamientos para todo tipo de máquinas, centralizadores de potencia de complejos industriales, automatización de sistemas e instalación de todo aquello que pueda necesitarse: cableado de control central, máquinas, ordenadores, y un largo etcétera. Podemos pues, ocuparnos de muchas cosas. Un tema aparte es la reparación de motores eléctricos. Pero estamos en otras ramas industriales: farmacia, química, cementeras, automóvil, papel... 
 
 
¿Es dura la competencia en estos tiempos?
 
Cada vez hay más. La tendencia es la de crear grupos grandes, de modo que el trabajo se encarga todo en un solo paquete. Antes los clientes tenían su propia oficina técnica, en la que los proyectos eran individuales y se contrataba según lo que se iba necesitando. Pero ahora no. Ahora se encarga a una ingeniería el desarrollo de un proyecto en una solución integral. Y con disposiciones draconianas, por lo que los márgenes tienen que ser necesariamente pequeños. Y esto no pasa sólo en nuestros sectores. Sucede también en la obra pública. Y una empresa que no puede abarcar todo aquello que se le encarga, va subcontractando. 
 
 
¿El radio de acción de Telecsal se limita a Barcelona?
 
Sí, y a su provincia, aunque también hemos tenido intervenciones en Madrid, La Rioja, Galicia, y en el extranjero, como en Malta o en Bélgica, aunque estas últimas han sido puntuales. El hecho de no tener producto propio dificulta que puedas tener oficinas en el extranjero. 
 
 
¿Las previsiones para este año qué dilucidan? 
 
Esperamos una facturación de unos 6’5 millones de euros, aunque preveemos una ligera baja. De cara al 2006, sería una previsión similar a la de este año. Aunque tenemos la voluntad de crecer, detectamos que el mercado no está preparado para ello. 
 
 
No parece muy optimista
 
No lo soy. Si nuestros clientes no hacen inversión, no podemos preveer grandes cambios. No podemos vaticinar un descenso similar al que tuvimos hace una docena de años, pero sí que creemos que la inversión industrial a corto plazo no está precisamente en su mejor momento. Y en obra pública, la tendencia es que cada vez interviene mucha más gente.