Un nuevo léxico

Un nuevo léxico
Por Eduard Berraondo

Como estarán las cosas que, en los últimos días, la gente me ha vuelto a hablar, básicamente, del tiempo. Y en concreto, del calor que hace para la época en la que estamos. Vemos como en nuestras calles se han instalado ya las luces navideñas y "aún podemos ir en manga corta". Hay un claro distanciamiento del discurso político, pero hay, en cambio, un claro enriquecimiento del léxico económico entre la gente.

Oigo a dos hablar durante el café matutino del ERE de tal empresa, de quien lo sustenta, de fulano que, fíjate, con 52 años, se va para casa con el 90% del salario... oigo que comentan que el nuevo presidente del RTVE será Oliart, con 81 años, y en la calle se habla de escarnio, de paradoja, de una burla a los más de 4.000 trabajadores prejubilados con 30 años menos que el ahora gran jefe  de la tele pública.

Pero no hablan sólo de eso. El nuevo léxico ha incorporado palabras que los ciudadanos no utilizaban antes como, fusión, por eso de las cajas, absorción, deflación, la que sufrimos ahora, por quejarnos tanto de la inflación. Los últimos meses han supuesto un auténtico ejercicio para muchos españoles de adecuar su lenguaje, su nuevo léxico, a los días que corren. La gente ya se atreve a hablar de niveles de crecimiento, de freno a la morosidad, el otro día incluso oí a alguien cerca de mi comentar en un corrillo de amigos que "estamos ante un cambio de paradigma". Bravo por el enriquecimiento del vocabulario habitual, pero también, cuidado con el uso convulsivo y sistemático de términos vacuos y fuera de contexto.