Crónica en primer persona

Crónica en primer persona
Por Lluís Bou

Respiro. Estoy atónito. Oigo gritos, miles de gargantas que aclaman lo que he hecho en los últimos 3 segundos. El cielo retumba. El acelerado pálpito de mi corazón extiende su presencia por todo mi cuerpo. Sí, reacciono. Me invaden la rabia, el orgullo, la casta. Me queman los pulmones. Todos y cada uno de mis músculos se mantienen firmes, tensos, entumecidos. La intuición de la más efusiva sensación de alegría trepa ya por los gloriosos senderos de la historia.

Y es que la grandeza de un hombre es proporcional a los méritos por él conseguidos. La vida es lucha, pura competencia. O te resarces de las caídas, o caes en el olvido. Lejos quedan aquellos años de inocencia ignorante, en los que convencido estaba de mi abandono. Ahora lo tengo todo.

¿Por qué hay algo que no entiendo? ¿Será que entreveo que a la gente sólo le interesa mi imagen en la medida que respondo a sus expectativas? ¿Será que mi identidad viene definida por las mismas lógicas que legislan el mercado? ¿Es esto la libertad, o, por el contrario, unas cadenas misteriosas me atan a la idea que el otro tiene de mí? ¿Es esto lo que deseo? ¿Por qué me dedico a esto? Nada de eso importa ahora. Yo soy Zlatan.