Máster en jihadismo
"Máster en jihadismo"
Por Eduard Berraondo
La tragedia de París, uno de los actos terroristas más sorprendentes de la historia, ha provocado un auténtico alud comunicativo y, en esa ingente masa de información, la sociedad ha hecho algo así como un curso intensivo sobre jihadismo, sobre inteligencia policial, contrabando de armas e incluso, creencias religiosas que conllevan, en sí mismas, un probable cambio en nuestra manera de comportarnos en el día a día.

Hemos constatado algo, y es que ese Estado Islámico que encarna lo más parecido al “mal” que hay hoy sobre la faz de la Tierra, considera que el fin de la Humanidad está ya tan cerca que da igual todo aquello que se haga para detenerlo. Son los llamados milenaristas, de los que Daesh son su avanzadilla ejecutora. Y es por eso, precisamente, que se hace tan difícil parar, con los métodos tradicionales de combate, a un ejército más parecido al Vietcong que a cualquier otro más tradicional.
 
Asistimos a un debate paralelo de cada informativo, en cada tertulia, sobre los límites éticos de esa sobre exposición, sobre el uso de imágenes comprometedoras con las tácticas policiales, y sobre todo, sobre cómo los comunicadores deben afrontar los hechos, qué se puede traspasar, si existen líneas rojas, si debe utilizarse la sangre, y en sentido literal, no simbólico, para hacer llegar mejor el mensaje.
 
Parece que ahora mismo hay dudas razonables sobre, por ejemplo, si como François Hollande se equivocó al hablar de que “estamos en guerra”…porque, que sepamos, nosotros no estábamos armados para combatir en ella, solo lo estaba una parte. Y el debate intelectual sobre si hay que desafiar las amenazas no tomando más precauciones, es interesante. Para parar al contrario, a ese enemigo, hay que hacer dos cosas, y ambas generan opiniones diversas.
 
Perder libertades, o al menos, recortarlas, es el primer peaje. Aceptar la represalia de los bombardeos masivos en Siria, es la otra. Bajo presión, y sobre todo, aún bajo el impacto de esas 129 víctimas, número provisional, la discusión está servida.