A la ville de...

"...A la ville de..."
Por Eduard Berraondo

Una de las cosas que más me ha hecho constatar el terrible e inexorable paso del tiempo es darle una ojeada a los Juegos Olímpicos que viví intensamente en mi pasado periodístico. De mi juventud bisoña en un periódico, ya extinto, el 4-2-4 en Montreal 76, a los de Moscú, trabajando para TVE, a un auténtico y delicioso "palizón" de trabajo en Los Angeles 84 en la recién nacida TV-3 y, sobre todo, a ese 17 de octubre que consagró en Lausana a Barcelona como sede futura del 92...

Ha pasado tiempo, es cierto, y ahora, alguien ha decidido remover el recuerdo de viejas "batallitas" pasadas. Un alcalde barcelonés en horas bajas recupera o intenta recuperar el espíritu olímpico para el 2022. Curioso que parezca mucho más lejos mirar 12 años hacia adelante que echar la vista tres décadas hacia atrás. Barcelona se postula para los Juegos de Invierno de 2022. Lo hace, además, con dos factores claros de agravio comparativo: los dos fracasos de Madrid y los tres intentos de Jaca, absolutamente infructuosos en los últimos 15 años.

Pedir los Juegos está muy bien, pero antes hay que pensar qué hay detrás de esa petición. Se trata de una operación de búsqueda de prestigio y notoriedad, cierto, alentada por la decisión del COI, últimamente, de dar los Juegos a ciudades de una dimensión mayor que anteriormente. Torino, Vancouver, a una hora de las pistas más cercanas, son el modelo. Munich, por ejemplo, es la gran candidata para el 2022. Pero Barcelona no ha pensado en un detalle importante: tiene un  peso casi nulo en el ámbito deportivo blanco. Cero en hockey, patinaje artístico y de velocidad, esquí de fondo y alpino, bobsleigh, saltos, luge, skeleton, y tan solo en snow o en freestyle despunta, un poquito.

Y hoy las cosas no están como para pensar que en 10 ó 12 años vamos a sacar los recursos para fabricar, de la nada, deportistas que atraigan al público hacia las instalaciones. Se ha conseguido "mosquear" a Aragón, y a las estaciones catalanas occidentales a la vez  y, encima, oír eso de " a la ville de Barcelone" de nuevo, como que no, vaya... que no.