El Cambio de Paradigma

El Cambio de Paradigma
Por Albert Bosch

Vaya por delante que yo soy un optimista compulsivo, y que estoy convencido de que el futuro será apasionante para la humanidad... pero que también será un futuro complicado e incierto que sólo permitirá ser felices a los que estén adaptados al Cambio de Paradigma en el que nos encontramos.

O nos damos cuenta de dónde estamos realmente y hacia dónde vamos, o convertir nuestra sociedad en un grupo humano lleno de frustraciones y expectativas de seguridad y comodidad nunca alcanzadas.

Todos nosotros, los países occidentales en general, pero muy especialmente en España y Cataluña, somos unos "Nuevos ricos" situados en un marco mundial muy complicado, que hemos tenido la inmensa fortuna de que somos hijos de una época de prosperidad nunca antes conocida por la humanidad, y que nos ha permitido vivir una evolución brutal de nuestro tan valorado "Estado del Bienestar". Y eso nos ha dado muchas ventajas, pero también nos ha hecho víctimas perfectas de un evidente e inevitable empeoramiento de las condiciones. Toda nuestra educación nos ha preparado para avanzar siempre a mejor, a ser cada vez más ricos, a tener cada vez más calidad de vida, más servicios sociales, más seguridad a todos los niveles, más derechos, más de todo... Nos hemos convertido en unas máquinas insaciables del Estado del Bienestar. Y lo que es peor, estamos todavía educando a nuestros hijos en este escenario, pensando que las cosas siempre irán a mejor por los siglos, amén!

Pero seríamos tontos si nos creyéramos a los que sólo predican siempre más seguridad en un mundo más incierto. No es realista y no será posible, nos guste o no. Se ha de explicar que la inestabilidad no será una excepción rara, si no algo habitual. No podemos vivir siempre pensando sólo a corto plazo y, con la excusa de un progresismo mal entendido, pensar que lo estamos haciendo muy bien cuando estamos construyendo un gigante con pies de barro. Pero al fin y al cabo, eso son tonterías, y lo que yo quiero son siempre más servicios y más gasto público aunque el estado se endeude exageradamente porque lo paguen mis hijos o mis nietos. Yo quiero mucha estabilidad y seguridad en mi trabajo, y me da igual si esto mismo dificulta el acceso a un trabajo que no lo tiene. Yo quiero exigir muchos compromisos en mi empresa y si es necesario subir los impuestos mucho más, y me da igual si las empresas no son entonces competitivas y cierran o se ven finalmente obligadas a trasladarse a países más baratos. Me indigna si cierra la fábrica de camisetas donde trabajo, pero corro a comprarme camisetas hechas en China porque son mucho más baratas!

Hemos llegado a un punto en el que si continuamos con la ambición de que todo esté absolutamente garantizado y asegurado para todos, lo que haremos es cargar lo que hemos alcanzado... o puede ser que este punto ya hace tiempo que lo hemos pasado creyendo que éramos un país muy rico y donde los recursos públicos nunca nos faltarían.

Nuestros líderes, bien por cortedad de miras, bien por intereses políticos y electoralistas o bien, sencillamente, por buena fe, siguen planificando el futuro sólo mirándose el ombligo, sin entender o querer reconocer que estamos en un cambio de paradigma mundial. No estamos solos en este lugar, y hay países, como China, donde tienen la voluntad absoluta de sacar cada año a 30 millones de personas de la pobreza. Y el hecho es que han encontrado la fórmula mágica para hacerlo, tomando la parte más agresiva del capitalismo autoridad y orden extremo del comunismo. Pero hay muchos otros países avanzando a fondo hacia un desarrollo rápido y con total competencia hacia nuestras economías acomodadas.

Un claro ejemplo de que no nos enteramos de nada es el debate sobre el retraso de la edad de jubilación. Parece un poco absurdo querer creer que seremos capaces de mantener con una mínima calidad de vida a millones de personas que pueden estar de los 60 a los 90 años dependiendo de las cotizaciones de los que trabajan. Cuando actualmente sabemos que hay un 70% del total de la población que es fuerza laboral activa, y un 30% que vive ajena al mundo del trabajo (jubilados y menores), pero tenemos claro que en un par de décadas el envejecimiento de la población hará que sea población activa sólo el 50%, mientras el otro 50% se lo mirará. Con el agravante de que si se mantiene un 20% de paro, querrá decir que otro 10% pasará a depender de los que trabajan, y podemos ser una sociedad que tenga un 40% más o menos produciendo, y aguantando un 60 %. Y ya no quiero analizar qué parte de ese 40% serán en ese momento funcionarios, porque si no ya querrá decir que aquí habrá cuatro gatos que trabajan como burros para aguantar todo un grupo de gente que vive como reyezuelos, y otro grupo que no vive bastante dignamente, pero lo reclama.

El futuro necesariamente será más incierto, más inestable, más complicado. Estamos en un momento de máximos, que será muy difícil de mantener, y aún más difícil de mejorar. Pero esto no es un problema en absoluto. El problema es que ahora hay una gran masa de gente que se piensa que sólo por vivir donde vivimos, el estado le garantizará siempre el derecho a estar tranquilo, seguro, cómodo y lleno de felicidad. Por eso nuestra obligación es reflexionar y, sobre todo, educar a las nuevas generaciones para que estén acostumbradas a hacer más que reclamar, a adaptarse más que a exigir, a depender de su esfuerzo más que apalancarse sólo en el esfuerzo colectivo, y a entender que para que todo el mundo mejore un poco será imposible que nosotros podamos comer siempre pasteles de nata.

Por suerte, la crisis actual nos ayudará a ver este cambio estructural y mundial, y puede que así levantaremos un poco la vista y no nos limitaremos a tapar el sol con la mano, porque que no queramos que no cambie algo, no significa que ésta no cambiará.