Señores enemigos

Señores enemigos
Por Eduard Berraondo

Una vez más, en estas treinta líneas me veo en la obligación de tocar, aunque sea sólo de forma tangencial, un tema que tiene matiz político, aunque mi editor me recuerda periódicamente que Feedback Today debería evitar entrar en ese ámbito. Trato de hacerle caso, aunque creo que es obligado valorar que España, su primer ejecutivo, es decir Zapatero, sus principales colaboradores, o sea, sus ministros y sus secretarios generales, se han adentrado, desde hace tiempo, en un oscuro bosque del que no saben salir.

Trato de hacer el comentario desde la distancia que me permite no estar alineado ni con el criticado ni con los críticos estructurales, es decir, desde una cierta distancia. La opinión se cimentada, básicamente, en aspectos de lo que catalogaríamos como errores básicos de los asesores en imagen y comunicación. El Presidente del Gobierno ha entrado en una espiral, él y sus altares, en la que salen mal parados a cada tirabuzón. Parece que contrataron a unos asesores pertenecientes al bando contrario. A alguien que recomendó ir a una "plegaria" a un laico convencido que dice que hay que quitar los crucifijos de las escuelas, sólo por el hecho de hacerse una "foto oportunity", como la que Aznar se hizo en las Azores con Bush y Blair. Asesores que recomendaron ir al foco del conflicto, Londres, París, y a tratar de convencer a esos medios críticos con España in situ.

Pero, ¿se han dado cuenta de como el Financial Times ha tratado a la Ministra de Economía? ¿De como catalogan al actual presidente de turno de la Unión Europea? Darse una vuelta hoy por Bruselas, poner la oreja, resulta suficiente... Hemos tocado fondo. Mientras, la pléyade de asesores estratégicos, siguen vendiendo humo mientras haya alguien que esté dispuesto a comprar.

Que no se entienda este comentario como una crítica sistemática los profesionales de la asesoría político, en absoluto. Sólo digo que Zapatero parece haber ido a parar al nido donde le esperaba el enemigo. Peor imposible, en cuanto a política de comunicación. Por suerte, para él, su rostro siempre es el mismo, haga sol o llueva, pierda o gane su equipo de fútbol, suba o baje la bolsa, esa mueca parece estar ahí, fija, inalterable.