À la ville de…

À la ville de…
Por Emilia Martínez

Me dispongo a iniciar el día a las 7:30 a.m., Sant Cugat está totalmente nevada. Me equipo adecuadamente y al abandonar mi casa tomo una fotografía para el álbum de los recuerdos.
Llego a mi destino en FGC, Plaça de Catalunya. En Barcelona no hay nieve, muestro la bonita foto a mis compañeros de oficina.

Sobre las 13:00 nieva débilmente sobre la ciudad, una hora más tarde empieza la nieve a cuajar.
Las llamadas de conocidos y familiares desde diversos puntos no se hacen esperar, tanto para informar desde donde se encuentran, como para aconsejar el regreso a casa, en previsión de lo que estaba próximo a suceder.

A las 16:30 abandono la oficina para regresar a Sant Cugat. Los resbalones desde Paseo de Gracia hasta Plaça Catalunya era lo mejor que me iba a pasar.

Centenares de personas ocupaban la estación. Preguntándonos los unos a los otros que sucedía.
Aun intuyendo que nada funcionaba, ni las líneas urbanas, ni los FGC, ni como comprobamos los teléfonos móviles (esto debido a la saturación del momento).

Ahí empieza el CAOS NIEVE.
En toda la estación no había un solo empleado de los FGC, ni de cualquier otro servicio, por lo que la información no existía. La megafonía (indescifrable) fue un disco rallado durante 8 horas con el mismo mensaje: Por motivos del temporal, el servicio queda afectado... ¿Qué servicio?
¿Qué zonas? ¿Hasta cuándo? ¿Por qué? Sólo quedaron las preguntas en el aire.

La falta de información comenzó a traducirse en impotencia, nerviosismo y el cansancio empezaba a desencadenar a todo tipo de situaciones.

A las 20:30 TV3 nos invita a expresar nuestra opinión ante cámara. En ese momento un empleado me comenta muy bajiíto, como un secreto, que sobre las 10:30 p.m., podría salir un tren con destino Sarrià, para enlazar con un autocar directo a la estación de Sant Cugat, pero sólo 54 personas.

¡Increíble, no!

Conocí a Ángela y Meritxell , iban a Sant Cugat, ellas tienen hijos pequeños que esperaban su llegada a casa. Visito lo visto, nos fuimos las tres a cenar y a hacer un poco más de tiempo. A las 10:00 p.m. puntuales a la cita, bajamos a la estación, todo seguía igual. No había tanta gente como a las 17:00, pero seguíamos sin divisar ningún empleado a quien preguntar.

A las 12:00 a.m., increíble pero cierto, vemos un maquinista, le seguimos y nos subimos al tren sin saber dónde íbamos, así se lo indicamos a nuestros familiares telefónicamente. Perdonad la comparación, pero teníamos aspecto de deportados, sin rumbo. Llegamos a Sarrià y allí estuvimos como corderitos durante hora y media en la calle esperando algún autocar.

¡Bingo! A la una y media de la madrugada llegaron tres. Esta iba a ser la última avalancha humana bajo el hielo para intentar subir todos en el primero, por si los demás tuviesen otro destino.

A las dos de la madrugada terminaba la odisea que se originó en la ciudad que aspira a la candidatura de los juegos de invierno.

Si la situación vivida era inimaginable, el intenso frío que pasamos nos dejó un bonito
recuerdo, del cual todavía estamos recuperándonos.

Ha quedado patente la preparación, coordinación, recursos y capacidad de respuesta, así como la atención recibida a los que estuvimos y nos pillo allí, y como hubo mucho tiempo para pensar y hablar,  comentamos apoyar la candidatura de Barcelona, por lo que estaremos pendientes de volver a escuchar: … à la ville de ... Barcelona.