Aprendiendo a emprender

Aprendiendo a emprender
por Eduard Berraondo

Mira que si los que han tratado de interpretar a los mayas aciertan, me va a saber mal…no ya por mí y los míos, que por supuesto, con las cosas que nos quedan aún por hacer. Me va a saber mal por todos aquellos a los que he conocido a lo largo de estos años, gente noven, la mayoría, que me han abierto los ojos en muchos aspectos. Son un montón de años conociendo a personas que me han tratado de contar su vida, una vida en letras mayúsculas. Hombres y mujeres  que , en un instante de su vida, decidieron volcarse en una aventura, en un sueño, y que, en la gran mayoría de los casos, han conseguido crecer.

Yo creo que con ellos, he aprendido lo que es emprender. Uno puede hacerlo de muchas maneras, eso de comenzar algo. Con muchos o pocos medios, con buenas o no tan buenas ideas, pero el denominador común que he encontrado ha sido el de gente con una combinación de fe, ilusión, ganas que resulta extremadamente contagiosa. Vaya, que dan ganas de ponerse a la labor a los 5 minutos de decirles “hasta pronto”.

He estado con gente que, probablemente, pasarían por raros entre sus coetáneos, en la escuela, en la universidad, porque entre otros , pensaban en montar su propia empresa al licenciarse. O gente que lo dejó en segundo de carrera porque los docentes se les quedaban “cortos”. Hoy  , los que empezaron siendo dos, son 40, pero dicen no importarles el salario, ya que aún  no tienen que pagar una hipoteca. O bien los que llevan un año y siguen  , a pesar del crecimiento, en un pequeño cubículo sin pretensión alguna.

Los he conocido que han marchado lejos y han comenzado a triunfar antes fuera que en casa. Muy habitual. O aquel otro que me contó que en Estados Unidos, los encuentros “week end” entre emprendedores y “business angels”  son experiencias increíbles en las que un consagrado empresario se pone a hacer números durante horas, aunque sea ya tarde, hasta que el plan de negocio tiene forma.

4 que son 40, 2 que son 4…y tantos y tantos ejemplos más. Puede resultar algo sensiblero todo esto que hoy les cuento, pero creo que la única salida de este túnel en el que llevamos ya un montón de kilómetros, está en recuperar el espíritu emprendedor, y sobre todo, en creer en ellos.

Nunca vamos a volver a fabricar de manera competitiva como lo hacen en China, India o, en un futuro muy cercano, países africanos, y solo se me ocurre que la solución pasa por plasmar las ideas en proyectos, y los proyectos en aventuras empresariales.

Quizás los mayas nos querían decir que el 20-12-2012 iba a ser el final de un mundo que había dejado de creer en la imaginación.