Habrá que decir ¡Basta!

Habrá que decir ¡Basta!
Por Eduard Berraondo

Cuando a mediados del siglo XIX salió el primer ejemplar de News of the World, nadie hubiera imaginado que siglo y medio después, la cabecera iba a cerrar, (probablemente de manera temporal), por un gran escándalo deontológico. El que fue en su momento líder en la información transcontinental, el periódico que los británicos consideraban tan auténtico como el té de las cinco o el pudding de carne, ha cerrado sus puertas como castigo a su conducta de los últimos tiempos.
 
Estamos en un mal momento del periodismo. Lo siento, lo pienso así, y así lo digo, probablemente empujado por unos acontecimientos que en nada se parecen a aquellos que me empujaron a seguir esta profesión hace tres décadas y algo más. News of the World recurrió a todo. Pinchó teléfonos, hizo escuchas ilegales, pagó dinero a policías y políticos para que miraran a otro lado; jugó las peores bazas que en este trabajo se pueden jugar. Había que vender periódicos a cualquier precio.
 
Lo siento. Cuando uno que ama este mundillo ve todo esto, se plantea qué puñetas hace aún aquí. Somos incapaces de frenar los impulsos del morbo de aquellos que llegan de fuera de la profesión, y que creen que lo saben todo.

Rupert Murdoch fue, en los últimos años, un personaje que traté de explicar a mis alumnos de la Universidad, y que en cierta forma, idealicé, por autodidacta. Hijo de director de periódico que tuvo que repartir ejemplares en las calles de Melbourne, de madrugada, para saber lo que era la empresa. Hoy, el multimillonario Murdoch, desde el grupo FOX, es el azote de Obama. Hoy, Murdoch cierra el News of the World diciéndose avergonzado de lo que Andy Coulson llegó a hacer al frente de ese proyecto. Y muchos no se lo creen. Yo no me lo creo, Mr. Murdoch.

Se ha limitado a lavar su imagen cerrando, hasta que alguien le compre la cabecera (nuevo negocio, a poco tardar) y ahora espera cerrar la compra del cien por cien de las acciones de BSKY. De nuevo el dinero, los negocios, son los que mandan.

Y mientras todo esto ocurría, en España siguen liderando las audiencias productos televisivos que están en parrilla porque, en el fondo, los mantenemos entre todos. Productos que algunos llaman telebasura, otros, puro entertainment. Presentadores y concursantes diciéndose de todo. Es como una terapia de grupo brutal, que a los que ya peinamos canas, aún, pero que trato de imaginar lo que deben estar provocando en las generaciones más jóvenes. Buf...me quedan un par de semanas para huir, aunque sea por unos días, de todo esto.
 
P.D.: Por cierto, si alguien va a organizar un grupo anti Aída - J. J. Vázquez y compañía, que cuente conmigo.