Disfruta el momento

Disfruta el momento
Por Eduard Berraondo

Los españoles han regresado a sus domicilios tras la Semana Santa. Si, digo que han vuelto, porque, casualidad o no, estos cinco días he podido constatar que mis vecinos en las mesas de los cafés y bares de la ciudad configuraban una Babel extraordinaria, un pasatiempo al que me he dedicado, tratando de hilar tan fino que llegaba a identificar daneses de suecos, alemanes de flamencos belgas, griegos de hebreos... y así podría seguir juntando parejas. Nunca había visto un Sant Jordi en el centro de Barcelona en donde los “guiris” fueran mayoría. Alucinaban con las rosas y los libros mientras el grueso de los de aquí se había ido por ahí. Tengo una buena amiga que pasó cinco días en Los Cristianos con agua hasta las rodillas. Un pariente cercano no vio el sol en Asturias ni por asomo. Eso, quizás, es mas normal, claro, por estas fechas. Con las pistas de esquí medio cerradas, los que apostaron por la nieve se llevaron una sorpresa mayúscula. Menuda nevada a finales de abril. Los hosteleros, sin embargo, han salido contentos de las Easter Holidays. Han hecho más de lo que esperaban. Y la pregunta que se plantea vuelve a ser la misma. ¿La crisis genera esa reacción? Es decir, de perdidos al río. Por cuatro días que quedan... Mas vale pájaro en mano... No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy... Toda esta ristra de refranes tan españoles que reflejan una manera de pensar, de hacer, de disfrute de la inmediatez. Sé que algunos que lean estas líneas van a indignarse. Son los que no han podido irse, ni siquiera apelando a todo ese sentimiento de “carpe diem” que menciono, pero puedo certificar que esto es así, porque así lo he vivido. Ahora, la vuelta a la cotidianidad. El regreso a la realidad  nos pone ante la crudeza del momento. Dicen que el PSOE ha recortado 11 puntos la distancia que le llevaba el PP en las encuestas... No sé, todo esto es muy raro. Es extraño que el reguero del Norte de África siga extendiéndose de tracas inflamables que no parecen tener fin... y mientras, aquí, deshaciendo las maletas y pensando que aún nos quedan un par de clásicos de los cuatro que se plantearon, y que ya habrá tiempo de pensar que las cosas siguen sin ir bien. Quizás mañana me ponga a pensar en ello...