Cumpleaños Feliz

Cumpleaños Feliz
Por Albert Beorlegui

“Hoy, domingo, día de Cristo Rey, a quien ha sido dado el poder de los Cielos y la Tierra, se inauguran los nuevos equipos y estudios de Televisión Española. Mañana, fecha del XXXIII aniversario de la fundación de la Falange, darán comienzo, de manera regular y periódica, los programas diarios de televisión.”
Con estas pomposas palabras el ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado inauguraba oficialmente las emisiones de Televisión Española el mes de octubre de 1956. Hace 50 años. El primer día de emisiones había lo que entonces se llamaba una carta de ajuste (¡qué expresión tan entrañable!), con música de Manuel de Falla, y una breve emisión compuesta por un programa sobre bailes regionales y las habituales exaltaciones del aniversario de la Falange. Sólo pudieron ver aquellas primeras emisiones los felices poseedores de los 600 aparatos que entonces había en España, cada uno de los cuales estaba valorado en unas 30.000 pesetas, el equivalente a unas seis mensualidades enteras. 
Dejando aparte cómo han cambiado extraordinariamente los planteamientos iniciales, no puede negarse que la llegada a nuestro país de la televisión contribuyó, ni que fuera desde un punto de vista psicológico, a reforzar el crecimiento económico que se estaba a punto de vivir y a cimentar las bases de un progreso hoy completamente asumido. En aquellos años, la televisión era lo más “moderno” que existía y aunque aquellos programas en blanco y negro nos puedan parecer de los más ingenuos, todo estaba muy acorde con una realidad que sólo podía ser gris, muy gris. 
Con el paso del tiempo, las nuevas tecnologías han arrinconado la televisión como uno de los símbolos más emblemáticos de este progreso (y consiguiente bienestar) del siglo XX, y aunque la media de los españoles delante de la “pequeña pantalla” se sitúa aún alrededor de 3 horas y media por día (!), las nuevas generaciones ya prefieren internet.
Desde sus tímidas emisiones, la televisión ha sido objeto de estudios, críticas, ensayos y elucubraciones de todo tipo. Y a pesar de que las teorías de Marshall McLuhan en los sesentas y setentas continúan siendo muy válidas, hay quien aún niega la profunda huella que la televisión ha dejado en buena parte de la educación sentimental (¡y moral!) de la sociedad española del último medio siglo. Programas como Los payasos de la tele, Bonanza, La casa de la pradera, La Familia Telerín, La Clave, Verano Azul, La Edad de Oro o El Hombre y la Tierra están indisolublemente ligados a una época –hoy, irremisiblemente perdida-, en la que 15 millones de personas podían congregarse delante de un televisor viendo a Heidi y sus aventuritas campestres con Pedro y Niebla.
Televisión Española no celebra sus primeros cincuenta años de vida en su mejor momento. De hecho, puede asegurarse que el ente, tal y como se conoce en esta expresión que evoca más al mundo extraterrestre que a un medio de comunicación, está atravesando el momento más delicado de toda su existencia. El punto de partida de este callejón sin salida fue la diversificación que supuso la irrupción a principios de los ochenta de las televisiones autonómicas y, especialmente, la aparición de las primeras privadas, Tele 5 y Antena 3. Y es que los números cantan: durante los nueve primeros meses de este 2006, las dos cadenas han obtenido 229 y 216 millones de Euros respectivamente de beneficios, mientras que la deuda de la cadena estatal supera los 7.551 millones.
Así, que aunque sólo sea para valorar la importancia, no sólo histórica, sino también social, cultural e incluso antropológica de toda la segunda mitad del siglo XX, vale la pena tener en cuenta a Televisión Española.
Cumpleaños feliz, pues. 
A pesar de todo.