¿Confianza en los medios?

¿Confianza en los medios?
Por Claudia Moreta

Los medios de comunicación cada vez son más y la información que ofrecen es cada vez menos rigurosa. La razón es clara, se debe vender y destacar por encima de los demás. A todo ello se le debe sumar la sobre-información que cada "periodista" debe seleccionar según sus criterios "profesionales". Estar al frente de un medio de comunicación convencional no es fácil y tampoco lo es ser redactor, que normalmente es quien se acaba implicando más.

En la actualidad, las vías de información tradicionales han bajado su grado de credibilidad. Tanto es así, que según el último Informe de la Profesión Periodística de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), la televisión es el medio más fiable, seguido de los periódicos. La magia de la radio pierde fiabilidad frente al crecimiento de Internet, medio más consultado, sobre todo, entre la población menor de 29 años. Las revistas ocupan el último lugar. Y es que, el crédito de los periodistas está bajando y hasta que no se plantee instaurar una autorregulación del sector, la credibilidad de la audiencia irá disminuyendo de manera progresiva.

Además, debemos tener en cuenta otro factor que existe en este país y que es un fenómeno único en el mundo. El estado español está infectado de la llamada "tele basura". Los temas de la prensa rosa, conocida tradicionalmente como la crónica social, son el hilo conductor de muchos programas de televisión, los cuales acaban generando mayor audiencia. Este hecho merece una reflexión, y la conclusión es clara: el interés de la población se centra más en el morbo y la curiosidad por la vida privada de los demás, que en cualquier otro punto susceptible de ser interesante. Además, la mayoría de las historias que se cuentan en este tipo de programas son montajes creados por sus propios dirigentes.

Lo que se debería plantear es recuperar el grado de confianza entre la audiencia y los medios, a partir de re-conducir a los consumidores de información hacia unos contenidos ricos y puntos de vista diferentes. De esta manera, la propia audiencia será la que decida su opinión, sin estar influenciada por el medio que la difunde.