Integración

Integración
Por Eduard Berraondo


Vuelvo a casa, a Presston, al Feedback al que Xavier Roca y su equipo me incorporó en el launching. Vuelvo a las citas con esos personajes que han levantado empresas imposibles, las han mantenido arriba cuando nadie daba un duro por ellas, o las han hecho crecer al mundo en que los teóricos y los que trabajan en el día a día mezclan conceptos e ideas que te empapan.

Han pasado sólo un par de años y es curioso cómo soy capaz de recordar más de treinta escenarios, sus lugares habituales de trabajo y su entorno. Recuerdo ese deje de orgullo que, a casi todos, les notabas cuando te mostraban su habitat.

Para cualquier periodista, abandonar de vez en cuando su habitat natural es saludable. Mezclarse con otros mundos, no solomente el de la comunicación, sirve de verdad y mucho. Ya hace tres años, las palabras clave como competitividad, investigacion y desarrollo, deslocalización, oportunidad, salían en todas las conversaciones. Hoy, pocos términos han venido a substituir a aquellos. Se sigue hablando de lo mismo o casi.

Y en eso estaba pensando cuando, antes de realizar este breve apunte, que hasta ahora puede resultar excesivamente cálido y algo nostálgico, me encuentro con un amigo británico en una comida sin excesivas prisas. De aquellas que puedes aprovechar para hablar de muchas cosas. Me comenta N. que le han contratado para mejorar la imagen de un proyecto urbanísitico de la ciudad, con dos millones de metros cuadrados de superfice vendible o arrendable, y me enseña unas encuestas que me dejan helado: centenares de extranjeros afincados en la ciudad en la que vivo desde siempre, luchando por poder integrarse mejor en el día a día de una ciudad a la que ya quieren, pero a la que no saben cómo acercarse más.

Falta el definitivo empujón para que la integración sea definitiva. Es decir, vender metros está bien, pero se debe ofrecer una imagen global que haga apetecible, aún más, la idea. Capacidad de integración, sobre todo. No sólo la padecen, los inmigrantes precarios, los del tercer mundo, sino que los del primer mundo tampoco lo tienen fácil, sino se dan algunos pasos más. Lo dejamos aquí tras dos cafés. Se supone que continuará...