Pertenencia

 Pertenencia
Por Javier López 

 El sentimiento de identidad y pertenencia es uno de los primeros componentes psicológicos del ser humano. El sentimiento de pertenencia es tan fuerte, que hace que algunas personas sean capaces de pegarse un explosivo en el pecho. Y lo peor de todo: hacerlo estallar. El sentimiento de pertenencia también provoca el llanto o la depresión si el conjunto deportivo del aficionado no cumple con las expectativas generadas a principio de temporada. El sentimiento de pertenencia e identidad rige hábitos, comportamientos y diferentes maneras de entender la cultura y el arte. Las personas nos debemos a la identificación. Necesitamos reafirmarnos continuamente y compartir nuestras inquietudes y estigmas psicológicos con personas de semejante condición. Nadie está salvo de ello. La pertenencia es un fenómeno antropológico ligado a la realidad vital del hombre. Pensé en todo esto hace poco, cuando me sorprendí trabajando en la oficina mientras el reloj marcaba las nueve y media de la noche (entro a las nueve de la mañana). Miré a mi alrededor y observé que más de media plantilla de Presston seguía allí: faenando. Todos en el mismo proyecto, haciendo de su aportación el mejor de los trabajos. Entonces me pregunté: ¿Qué hago aquí si en mi casa tendría cerveza, un sofá y la conciencia tranquila por haber cumplido mis ocho horas laborales que estipula mi contrato? En ese momento no supe hallar respuesta a mi pregunta. Estaba agotado. Pensaba en suicidarme. Lo hubiera hecho si Presston no fuese un primer piso... 
 
Pasaron un par de días y las horas extra dieron su fruto: el proyecto fue un éxito. Y me alegré soberanamente, como el resto del equipo. Entonces pensé, que pese haber estado tres días soportando una carga de trabajo monumental, estaba contento con mi empresa y el trabajo del equipo. Y también pensé que en esta oficina se estaba dando el fenómeno de pertenencia a un proyecto, a una organización. Y eso es muy difícil de conseguir en una empresa. Muy difícil.
 
Pero me asaltan más cuestiones: ¿qué clase de persona soy?, ¿un enamorado de mi trabajo?, ¿un masoquista?, ¿un pringado?, ¿un comprometido? Otro día hablamos de los juicios de valor moral e intentamos hallar la respuesta.