Duelo en la academia

Duelo en la academia
Por Eduard Berraondo

Han sido semanas de discusión. Participaban en ella esa corte de segundos, asesores internos y externos que rodean al candidato. Pros y contras encima de la mesa. Al final, fumata blanca y, por tanto, vuelven los <i>cara a cara</i> a la televisión, eso sí, en terreno neutral.

Desde hace meses, vivimos pendientes de la cita en las urnas del próximo día 9 de marzo. En ese periodo de tiempo hemos asistido a un aluvión de sondeos, encuestas, proyecciones de voto, prospecciones que se guardarán en carpetas para que, en el futuro, se puedan comparar con los resultados reales, ya muy entrada la noche del día 9 del mes que viene.

<i>Cara a cara</i> entre dos rivales a ocupar el Palacio de la Moncloa. Es la ley del sistema bipartidista en un país en que, probablemente, quien acabe imponiendo las grandes cláusulas del contrato sean los terceros. Pero, la influencia de las elecciones norteamericanas, Obama frente a Clinton, Mccain  ante Huckabee, nos ha hecho desear ver <i>frente a frente</i> a Rajoy y Zapatero, aunque sea dos veces, en un terreno que ni es el que querían unos, las privadas Antena 3 y Telecinco; ni la propuesta de los socialistas, TVE y Cuatro.

Ahora, en esa Suiza televisiva que es la Academia, con Campo Vidal de moderador, él que ha estado en ambos bandos, el gesto en la ceja y el "seseo" del popular tratarán de convencer a ese 24% del electorado que se declara, a través de los sondeos, aún indeciso. Los mítines multitudinarios para forofos del candidato son simplemente <i>atrezzo</i>, lucir musculatura; son ese millón y medio de votos aún no concedidos <i>in mente</i> los que se van a buscar.

Vamos a prepararnos para una campaña de la que, a lo largo de meses, ya hemos visto muchos trailers... Es el postrar el esfuerzo que se les pide a los dos jefes de lista, a pesar que son muchos más a los que, en las dos semanas que nos esperan hasta la noche del 7 al 9 de marzo, el silencio se imponga y salgamos de dudas de quién, o quiénes, van a comandar la nave española al final de la primera década del siglo XXI.