Más allá de cómo comer y de la Casa Real

Más allá de cómo comer y de la Casa Real
Por Cristina Elbaile

Cualquier tipo de evento entre organizaciones no oficiales era antes organizado por los mismos directivos de la empresa, o bien, por sus secretarias. No es que ellos lo hicieran mal, en su día cumplían con lo esperado, pero hoy en día es evidente la necesidad de especialización y de actualización constante, que se convierte en indispensable para sobrevivir en la jungla de la competitividad del mundo de la empresa. Todos los departamentos de todo tipo de organizaciones necesitan reciclarse, incluido el de protocolo, aunque suene rancio y antiguo.

Por desconocimiento, el protocolo se entiende como las normas del saber estar y lo que nos venden en los programas del corazón cuando hablan de trajes y ceremonias reales.
Pero, el protocolo es mucho más que eso. El protocolo precisa de actualización, empezando por el concepto de herramienta de trabajo, siguiendo por el atrasado Real Decreto de Precedencias y acabando por la percepción de la necesidad de organizar cualquier evento de la mano de un profesional.

Para conseguir los objetivos esperados de cualquier tipo de acto, ya no vale con el esquema tradicional ni con las normas del saber estar que todo el mundo sabe o debería saber. Hoy entran en juego otros elementos como el “vender” el evento, la creatividad y la efectividad ajustada a los presupuestos anuales de las empresas, aún no del todo convencidas de la importancia de invertir en un acto para obtener repercusión en los medios y en su público objetivo.

Sobre todo, en el mundo empresarial, hay que incluir al protocolo de antaño, técnicas de organización de actos, marketing, relaciones públicas y, también, una dosis alta de efectividad y negociación. Es decir, despojar al protocolo de la rígida diplomacia, de “las cosas de palacio van despacio” y de las reglas inamovibles, para adaptarlo a los departamentos de comunicación o de relaciones públicas actuales.