¡Pónganse a trabajar!

¡Pónganse a trabajar!
Por Isidor Ramos Rosell

Respiro tras la macro operación rescate de las autoridades norteamericanas en el sector financiero. Rota la espiral de incertidumbre de las últimas semanas, se va oyendo y escribiendo en negro sobre blanco alguna idea valiosa al respecto: la crisis financiera-hipotecaria que costará cifras astronómicas a los contribuyentes estadounidenses tiene sus causas en el factor humano. No se podrán pedir responsabilidades al fabricante, ni invocar la socorrida fatiga de materiales... Los ingredientes de este cóctel explosivo han sido: asumir masivamente unos niveles de riesgo altísimos en hipotecas + la creencia de que un determinado activo se revalorizaría de forma indefinida. El resultado lo hemos visto en la cadena de quiebras, desplomes bursátiles y pérdida de confianza.

Las entidades financieras no han hablado claro: ¿quién tiene productos financieros contaminados? ¿Y cuántos? Como nadie enseña sus cartas... lo mejor es no arriesgar. No prestan. Y de golpe no hay financiación para nada. Ya vendrán al rescate los Bancos Centrales ¿no están para salvar el mercado?

También van saliendo a escena los actores de este penoso sainete. En el papel de malos por acción u omisión:
• Unos tipos de interés muy bajos que así se mantuvieron mucho tiempo. Naturalmente alguien los aprobó coincidiendo con una etapa también muy larga de políticas fiscales expansivas. ¡Culpable de ingenuidad!
• Bastantes responsables bancarios que concedieron hipotecas alegremente a quienes no ofrecían suficientes garantías ¡Culpables de chapuza o de avaricia!
• Importantes agencias de valoración de riesgos: cuales probos profesores que regalan aprobados generales repartieron sus triples A a productos que no lo merecían. ¡Culpables de chapuza profesional, cuando no de mala fe en sus valoraciones!
• Finalmente hacen su aparición en este escenario solventes, sofisticadas y encopetadas entidades financieras, que compran complejos productos financieros para colocar a sus exclusivos clientes. Productos que ellas mismas no entendían muy bien o ante los que cerraron los ojos a un examen profundo para detectar los riesgos que conllevaban. Sus rentabilidades eran tan atractivas que... ¡Culpables de chapuza profesional y/o de avaricia!

El común denominador de muchos de los actores en esta crisis es que hicieron mal su trabajo. Optaron por lo fácil… y lo desmesuradamente rentable. Me sorprendió la poca resonancia de las declaraciones a la policía de Jerôme Kerviel, corredor de 31 años de Société Générale, que tomó más riesgos de los que le correspondían (enero de 2008). Entre eso y el proceso de anulación cuando fue descubierto, el banco francés confesó pérdidas por 7.000 millones de euros. ¿Cómo pudo operar de esta forma tanto tiempo sin el conocimiento de sus jefes? Según él, sí lo sabían... Mientras todo iba bien, miraban hacia otro lado y (también ellos, como el banco) ganaban mucho dinero. Si non è vero, è ben trobato. Y parece resumir bastante bien lo que ha sucedido recientemente en muchos escalones del sistema financiero occidental.

Negro panorama. Pero para que no sea dicho, me animo a hacer una propuesta positiva. Un voto por la responsabilidad. En dirección de empresas se habla de estilos de dirección que tienen en cuenta los stakeholders, es decir, a todos aquellos que son o puedan ser afectados por la actividad de la empresa: accionistas, trabajadores, proveedores, gobiernos (locales, provinciales, nacional…), clientes, competidores, entorno natural, etc. Tener en cuenta el entorno y saberse responsable ante él, sin duda, ayudan a trabajar mejor.

La empresa no es un Robinson Crusoe respecto a su entorno, debe ir más allá de la maximización de la retribución de sus directivos y de los beneficios de sus accionistas. Su actividad tienen repercusiones, positivas o negativas, en sus stakeholders y debe ser responsable por ello. Sus directivos son –deben ser– los primeros en esa fila de responsabilidad. Va en el sueldo. Y la primera responsabilidad es trabajar, hacerlo bien y tener en cuenta a quienes afecta ese trabajo. Sin atajos. De haberlo hecho así, seguramente nos habríamos evitado muchos disgustos.

Aviso para navegantes a los responsables políticos y de todas las administraciones públicas. Aunque esto queda para una próxima ocasión. Por si acaso, ¡Pónganse a trabajar!