Wanted (se busca)

Wanted (se busca)
Por Gerard Martret Martínez

Descripción: tamaño 160 x 82 mm; color morado, equivalencia aproximada 83.193 pesetas, muestra un dibujo representativo de la arquitectura moderna del siglo XX y se hace llamar por el número 500. Recompensa: 55.811 millones de euros a repartir entre todos.

Aún recuerdo el día que tuve un billete de 500 en mis manos (desafortunadamente no era mío) –debo decir que los de 200 sólo los he visto en fotografías, por eso sé que son amarillos-.

De los billetes de 500 todo el mundo habla, pero nadie sabe dónde están (por eso hay gente que los llama “Binladens”), lo que sí es plausible es que sustentan la buena salud de la economía sumergida, que en nuestro país ya supone el 20% del PIB. Según el periódico El País en su edición del pasado 17 de octubre, estos billetes suponen el 65% del total del dinero en circulación en el Estado Español, y suman un total de 55.811 millones de euros. Los expertos apuntan que la proliferación se debe a que los españoles preferimos el efectivo antes que otros activos financieros. Por no hablar del blanqueo de capitales y de las transacciones en negro que durante los últimos años han sido la práctica habitual del sector de la construcción, ¿entre otros?

Ya se hacía eco la Sección de Blanqueo de Capitales de la Policía Judicial hace más de tres años, cuando tildaba de escandalosa la cifra de billetes de 500 que entonces no superaba los 40.000 millones de euros, y que ya representaba la cuarta parte de los billetes en circulación dentro del territorio europeo. Pero se quiso hacer la vista gorda, y se continuaron emitiendo cantidades masivas de estos billetes “XXL” sin ningún control sobre quien los pedía o quien los recibía.
En España no sólo se ha perdido la oportunidad de combatir el dinero negro con el cambio Peseta-Euro, por el hecho de imponer una moratoria ilimitada, sino que a además el problema se ha acentuado en el momento en que estos grandes billetes han ido desapareciendo, bajo la mirada condescendiente de los bancos.

Llegados hasta aquí, mi propuesta para inyectar liquidez en la economía española es la de incentivar la reentrada en curso legal de este dinero desaparecido, bajo el pago de una sanción porcentual que exime la acción fiscal a aquellos que lo hagan efectivo dentro de un determinado periodo. Total, qué perdemos ahora, si para regularizar el nivel de fraude al cual se ha llegado deberíamos clonar a los inspectores de hacienda.

Y ya que estamos puestos, ¿por qué no poner fecha de caducidad, de una vez por todas, al ingreso de los 300.000 millones de pesetas que aún no se han cambiado a euros y que continúan circulando por el fondo de cajones de nuestras casas?

Quizá así conseguimos que la cantidad de dinero que el Estado inyecte al sistema bancario acabe siendo significativamente inferior, y en definitiva el garrotazo sea más leve.