Internacionalizarse o morir...

Internacionalizarse o morir...
Por Eduard Berraondo

Habré oído o leído, en los últimos días, decenas de veces la palabra internacionalización. Ha sido un bombardeo en toda regla, yo juraría que orquestado, aprovechando que la coyuntura actual sigue sin mostrar ningún signo de recuperación. Y es que los resultados del PIB han caído como nunca habían caído en el último... medio siglo.

La clave, apuntan, para tratar de estar en la línea de salida en 2010 será haber hecho los deberes de diversificar actividades y, sobre todo, buscar fuera de nuestras fronteras apoyos estratégicos. En los próximos meses aventuro una lluvia de seminarios, conferencias y coloquios sobre "cómo internacionalizar su empresa". Para ello, sin embargo, sigue haciendo falta que el empujón prometido se lleve a cabo.

Aquí se han concretado ayudas de todo tipo, desde las que impulsan a tener descendencia, a las de comprarse un coche o una moto nuevas, y hasta se incentiva el respeto al medio ambiente elevando la ayuda para los coches híbridos. Bien, de acuerdo. Pero conozco empresarios que siguen saliendo de las oficinas de bancos y cajas con cara de tontos. Entraron, se sentaron ante el director de su sucursal, aquel con el que más de una vez se fueron a hacer un café, y le soltaron un "quiero internacionalizar mi empresa" así, de sopetón. Creo que en las entidades bancarias aún no les han dicho lo importante que será eso de internacionalizarse porque esos empresarios salieron de ahí con un ramillete de motivos y excusas y sin obtener esos recursos que ahora les hacen falta.