La comedia barata: pierde el cine, gana la industria del mismo

La comedia barata: pierde el cine, gana la industria del mismo
Por Víctor Perez

No es ningún secreto que la industria cinematográfica no se encuentra en su mejor momento. Hace ya unos años, dicha industria se vio afectada de forma considerablemente negativa por la piratería, la recaudación en taquilla dejó de ser la prevista por los respectivos estudios y la venta de DVD’s cayo de forma más que considerable, afectando de forma indirecta en el negocio del videoclub, el cual hace ya muchos meses que dejó de ser rentable. No obstante, la industria fue capaz de sobreponerse, sabiendo aprovechar el “tirón” de los amantes del cine, los cuales prefieren disfrutar de una película en una butaca antes que en sofá de sus casas.

Pues bien, cuando ya parecía superado el inconveniente de la piratería, parece que la crisis económica global también ha llegado al mundo del cine, lo que comportará que la industria tome un nuevo rumbo con el fin de tratar de mantener el impacto en taquilla. Ese rumbo que la industria ha parecido tomar es el cine de “usar i tirar”, es decir, películas absolutamente comerciales, con un buen impacto taquillero y que una vez pasada la primera semana en taquilla, nadie se acordará de ellas. El género que tira de este fenómeno es el que yo llamo “comedia barata”, comedias de bajo presupuesto, pero rentables para los estudios. Lo que estas películas pretenden, es que el espectador pase un rato agradable y divertido, que por unas horas se olvide de los problemas que afectan a la sociedad y pueda disfrutar de unas risas con sus amigos.

Es tal la aceptación de este género, que en menos de un mes hemos visto pasar por taquilla películas como: “Te quiero, tío” de John Hamburg, “Hacemos una porno” de Kevin Smith, “La proposición” de Anne Fletcher o el fenómeno “Bruno” de Larry Charles. Cabe destacar el impacto de esta última, la cual en su primera semana en taquilla ha recaudado un total de 30.619.000 dólares en Estados Unidos. Incluso este fenómeno parece que ha ayudado a la industria cinematográfica española, la cual puede hacer frente a ese tipo de películas, cuando hace unos meses parecía imposible hacer frente a las superproducciones de Hollywood.

De modo que, a simple vista, todos ganan. Los estudios consiguen una gran recaudación comparado con la inversión realizada. Los actores siguen teniendo trabajo, si bien lo que ganaban en una película ahora lo ganan en dos. Los cines siguen teniendo afluencia de público, no la misma que hace unos años, pero ahí se mantienen. Los espectadores menos exigentes (que no son pocos) parecen estar encantados con este nuevo rumbo que ha tomado el sector y hasta incluso la industria española parece salir reforzada con el tema.

Pero todas estas películas tienen un punto en común, y es que ninguna de ellas pasará a la historia del cine, con lo que ya encontramos el primer afectado ( y al parecer el único), el amante del buen cine. Ese cine arriesgado, que pretende dejar huella, aquel que logra emocionar al espectador con un guión penetrante y que le hace formar parte de la película como si de un personaje más se tratara. Pero al parecer, este tema no parece preocupar mucho a los estudios, los cuales seguirán apostando por la opción fácil, en detrimento de otras propuestas mucho más arriesgadas y que tal vez merecen una oportunidad.

Así pues, hasta que algún estudio no decida arriesgar un poco, tardaremos en volver a ver grandes películas. Tal vez, con un poco de suerte, me equivoque, y en unos pocos meses algún estudio nos sorprenda con alguna producción que rompa esquemas, pero tal y como veo el tema se me hace bastante difícil creerlo. Hasta entonces, nos conformaremos con cualquier cosa que nos pongan…