Feliz retorno

Feliz retorno
Por Emilia Martínez

Los que todavía tenemos el privilegio de poder disfrutar de algunos días de descanso, que sirven sobre todo para desconectar de la rutina e intentar cargarnos de optimismo para afrontar el último cuatrimestre del año, nos damos cuenta que para bien o para mal, las cosas siguen más o menos en el punto en que las dejamos, haciendo la salvedad en cuanto a siniestralidad en las carreteras, incendios y accidentes varios, propios de estas fechas.

Bien, pues cada año a la vuelta nos encontramos con nuestra economía un poco más debilitada por razones obvias, y agravada en algunos casos con la vuelta al colegio, nada nuevo hasta aquí. Salvo que este otoño invierno tendremos una preocupación más: La gripe A.

Todos hemos leído y oído de todo acerca de este nuevo virus que nos acecha y lo peor es que la poca información que se nos está facilitando no ayuda demasiado a tranquilizar a la población. Desde sanidad todavía se están preguntando a qué franja de población vacunar o no, cuando ya se había acordado que los menores de 14 años estaban incluidos, ahora debaten si podría ser contraproducente. Las medidas adoptadas en principio, como el uso de mascarillas, aislamientos preventivos y otras medidas que se han seguido de forma arbitraria no han hecho más que crear confusión y desconfianza máxime cuando se han silenciado algunas situaciones, que han tenido que ver la luz cuando se han empezado a producir fallecimientos. Lo que ha ocurrido con esa falta de rigor es que, lejos de tranquilizarnos, la alarma social creada va creciendo alcanzando una proporción totalmente desmedida, que me recuerda el episodio del aceite de colza.
 
Para ver hasta qué punto ha llegado esta situación hice una prueba, entré en dos céntricas farmacias de Barcelona y solicité unas mascarillas. Debo decir que no me esperaba la respuesta: “Están agotadas y no esperamos tener, ya que los distribuidores han parado el suministro”. Me recomendaron que si tengo algún conocido médico o amistad que trabaje en un hospital, intentase conseguirlas por esa vía.

Confieso que no tenía intención de adquirir las mascarillas, entre otras razones, porque desde mi humilde punto de vista creo que salvo en casos específicos como personas hospitalizadas, personal sanitario y otros trabajadores en contacto con enfermos tendría alguna lógica, pero no veo al resto de la población llevando 24 horas sobre 24 una mascarilla como forma preventiva.

Nuestras instituciones sanitarias deberían apelar más a la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros y en caso que una persona sea diagnosticada de Gripe A, concienciarle de las medidas que debe tomar para evitar contagiar a otros y, sobretodo, extender automáticamente la baja con prohibición de acudir al centro de trabajo.

Así que lo dicho, no se desesperen si no encuentran mascarillas, no son garantía de nada.