Prohibiciones e insumisiones

Prohibiciones e insumisiones
Por Eduard Berraondo

Desde que ha arrancado este 2011 no hay día en que en los medios de comunicación no se discuta en tertulias varias sobre el final del consumo de tabaco en locales públicos. Resulta curioso que algo que se venía anunciando desde hacía meses haya conseguido monopolizar de tal manera las mesas de argumentistas, polemizadores, opinadores de todo y más,  bajo la incentivación de moderadores que se enfrascan, también, en la discusión. Pareceria que está todo dicho pero no, dos semanas casi  ya de ley y la prohición no genera unanimidad hasta el punto de que se ha empezado a generar un movimiento de llamada a la insumisión. La palabra en sí, es atractiva.No ser sumiso.No obedecer de manera fácil ni dócil a algo que se impone, normalmente porque va en contra de unos ideales. Infringir la ley supone un castigo pero poco a poco va creciendo el volumen de los que, primando la prevalencia de la libertad, han dicho no a la prohibición de encender ese objeto del delito en que se ha convertido el cigarrillo.La insumisión siempre ha sido algo profundamente deseado aunque, para la mayoria, finalmente descartada. Recuerdo a los insumisos de mi época, diciendo no a incorporarse al ejército, por pacifismo u otros motivos no confesados. La insumisión es considerada  como un valor ya que acostumbra a producirse apelando a unos derechos de la persona que se reconocen universalmente. Cuando se producen decisiones que se consideran injustas, no se, la misma sentencia del Constitucional sobre el Estatut, por ejemplo, vienen ganas de acogerse a esa desobediencia civil. La sublimación de ese NO, a veces, puede derivar en algo más grande, en una Revolución en toda regla.

De momento, la cosa no va a mayores porque muchos fumadores, yo incluido, somos capaces de adaptarnos a la nueva circunstancia. Yo siempre he sido de terraza, la verdad, y poco friolero, con lo cual, mis seis o siete cigarrillos diarios, todos ellos vespertinos, los consumo al aire libre o en casa, ya que convivo desde hace más de tres décadas con una fumadora en mayúsculas. Dos de mis hijos no fuman, y los otros dos, un poco. Para mí el tema no hubiera dado mucho mas de sí, sobre todo porque en muchos lugares fuera, ya habia probado ese ambiente libre de humo en bares y restaurantes. Nos llevan mucha ventaja. El tabaco, aquí, ha superado a Julien Assange y el tema de Wikileaks, un tema mucho más denso que ese humo de decenas de cigarrillos que te hacian ver los goles de Messi en tu bar favorito como entre  la niebla londinense. Por cierto, los bares  con terraza deberian, por ley, instalar pantallas hacia el exterior los dias de partido.¿Alguien es capaz de ver fútbol sin fumarse unos cuantos pitillos?