Cuando la razón es marginada

Cuando la razón es marginada
Por Lluís Bou

El pasado sábado 17 de octubre tuvo lugar en Madrid una de las más multitudinarias expresiones del pueblo democrático español. Más allá del juego de cifras manejadas, no se puede menospreciar el pensamiento de parte de nuestra sociedad. Pero para ello cabe entender qué nos lleva a adoptar una u otra posición.

El valor de la libertad no reside en la mera facultad de elección, sino en la posibilidad de adherirse a la opción más significativa. Es decir, si festejamos la indiferencia de la diferencia, la importancia de toda alternativa queda anulada y homologada. Por otro lado, debemos reconocer, en la experiencia, que la búsqueda de la verdad es constitutiva del hombre, por lo que sólo a través de una razón que atiende a la totalidad de los factores de la realidad aquella podrá ser alcanzada. Si es la sencilla posibilidad de elegir lo que confiere valor a la libertad –y no el hecho de que unas opciones sean significativamente más valiosas que otras–, queda negado el uso de la razón como capacidad de dar con las respuestas que tanto anhela, tales como el sentido de la vida y de si ésta es plena. Y la negación de esa razón conlleva una vida condenada a la búsqueda desesperada.

Con todo, se hace imprescindible, en una sociedad libre, articular el debate real en torno a las cuestiones de vital interés, como en el caso del aborto. Si se reduce la discusión por (a favor o en contra de) aquellos temas que dividen nuestra sociedad, no permitimos que la razón medie en ella. No vale, porque no se es justo con uno mismo, acoger una posición sin la certeza de por qué así lo hacemos. No vale, en definitiva, aferrarse a una posición de manera dogmática. No dejemos huérfana la posibilidad de descubrir quiénes somos, no marginemos la razón.