Eduard Berraondo

Síndromes


Han regresado los españoles de sus (más largas o más cortas) vacaciones a la vida cotidiana. Y aquí estamos nosotros para tratar de construir en quince líneas las claves de ese retorno; con el mérito añadido de tener que hacerlo, también, superando el síndrome postvacacional de no tener que estar todo el mes pasado pendiente de qué hacer, qué decir o qué escribir.

Como primera constatación, hay que decir que una gran mayoría de la población considera septiembre un mes maldito, peor que enero, por lo de la cuesta tras Navidades, Mucho peor. Septiembre es el triple 6, es el paso de la libertad a la cruel esclavitud, el horario, aquellos a quienes hay que reportar y, encima, con la situación de crisis generalizada, y muchos con los niños a cuestas buscando abuelos desesperadamente. Un cúmulo de síndrome con nombres y catalogación ya descritos a los que, por qué no, adherirse.

Algunos van a decir que no hay tiempo para entretenerse en lamentos, que las heridas no se lamen, y que hay que levantar la cabeza y luchar. Parece  una exageración, pero puedo asegurar que más de uno se está dejando llevar por la corriente de opinión. Cierran comercios, aumentan los concursos de acreedores, el paro se dispara, se cierra la contratación en origen, no bajan los tipos, se congelan los salarios, no se venden pisos ni coches.

En septiembre, cuando los estudiantes, desde los 3 a los 20 y tantos años, saben que hay que volver a la rutina. El síndrome del día de la marmota, volvemos a la vida real, la que durará hasta que regrese el verano, allá por junio-julio de 2009, cuando trataremos de disfrutar del periodo de descanso que, tras superar lo que se avecina, volvamos a desconectar en la medida de lo que cada uno pueda.